Estimado Lector de Temas de Masonería

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lunes, 20 de octubre de 2008

Jean Baptiste Willermoz y La Reforma de Lyón



“…Cristianos, no os hagáis ilusiones, y cualquiera que sean vuestras opiniones
sobre el estado de las almas justas que dejan este mundo, no olvidéis nunca
que nada impuro puede entrar en el Cielo y que el que se lleva con él la menor mancha
no puede habitar con el que es la pureza y la santidad misma…”


Jean Baptiste Willermoz
Tratado de las dos naturalezas


1.- Jean-Baptiste Willermoz y los martinezistas de Lyón

En 1767 tuvo lugar un hecho que cambiaría el destino de muchos masones europeos, y aseguraría la supervivencia de gran parte de las doctrinas de los martinezistas de la Orden de los Caballeros Masones Élus Cohen del Universo. Sucedió que en el seno de una logia martinezista, fue introducido uno de los hombres más trascendentes de la francmasonería del siglo XVIII a quien se lo llegaría a considerar entre los masones más poderosos de su tiempo. Nos referimos a Jean-Baptiste Willermoz.

Había nacido el 10 de julio de 1730 en la ciudad de Lyón, la misma en la que murió, noventa y cuatro años después, el 20 de mayo de 1824. Su vida, a diferencia de la de muchos líderes masones de su generación, es ampliamente conocida gracias a numerosas cartas, actas y documentos que dejan ver, no sólo al personaje, sino también su pensamiento, su amor a la verdad, su inquebrantable búsqueda de una masonería trascendente y el triunfo de su causa, perpetuada hasta nuestros días en el Régimen Escocés Rectificado.

Su figura ha sido objeto de brillantes biografías, en especial la escrita por Jean-Francois Var, traducida al español por el Gran Maestro y Gran Prior del G.P.D.H. Ramón Martí Blanco -Jean-Baptiste Willermoz, Su obra- que hemos tomado como base documental. Sin embargo, Willermoz no sólo es una figura central de la francmasonería, puesto que también atrajo la atención de muchos investigadores que, sin ser masones y, hasta en cierta medida, críticos de la Orden, han reconocido en su pensamiento y acción una singularidad sólo superada por Joseph de Maistre, de quien hablaremos a su turno. En Willermoz, las doctrinas del iluminado Martinez de Pasqually alcanzaron su apogeo y encontraron al genio político que las llevaría hasta el corazón de los líderes más notorios de la masonería europea.

Una breve semblanza de su vida nos diría que a los catorce años era aprendiz de un comerciante de sedas de la ciudad y que a los veinticuatro ya era propietario de su propia sedería que se convertiría en un próspero establecimiento, al punto de permitirle vivir con holgura hasta 1782, año en que la vendió. La fecha coincide con la realización del Convento de Wilhelmsbad en el que tendría capital participación, lo que hace suponer que la decisión de desprenderse de su negocio fue consecuencia de su deseo de dedicarse plenamente a las actividades masónicas.

Fue el mayor de trece hermanos, pero tuvo especial relación con tres de ellos, el doctor Pierre-Jacques Willermoz, Antoine Willermoz –ambos masones como él- y su hermana mayor, que quedo viuda siendo muy joven y que se dedicó a atenderlo y acompañarlo durante su larga soltería, pues Jean Baptiste se casaría a los sesenta y cinco años con una huérfana, Jeanette Pascal que tenía tan sólo veinticuatro.

Su vejez le trajo consigo profundos dolores: Jeannette le dio una niña en 1804, pero sólo vivió unos días. En 1805 tuvo un niño que moriría en 1812, pero antes de esa fecha, en 1808, perdería a su mujer y a otro niño en un parto prematuro. Todos estos acontecimientos que ensombrecieron su vejez no le impidieron mantener un fuerte vínculo con la masonería, en una época signada por acontecimientos políticos y sociales de enorme magnitud.

Centraremos ahora la atención en su intensa vida masónica.

Willermoz fue iniciado en 1750, a la edad de veinte años, en una logia de Lyón. En 1752, solo dos años después, ya era su Venerable Maestro. Al igual que muchas logias francesas, reinaba en su taller cierto relajamiento que no condecía con lo que Jean-Baptiste esperaba de la Orden. Según el mismo relata en una carta que dirigiera a von Hund (14 de diciembre de 1772)[1], decidió fundar una nueva logia con un grupo de hermanos que compartían sus mismas aspiraciones. La denominaron La Perfecta Amistad y en 1756 obtuvieron una carta patente de la Gran Logia de Francia.

Continuó al frente de la logia hasta 1762, año en el que ya se desempeñaba como presidente de la Gran Logia de Maestros Regulares de Lyón que él mismo había contribuido a fundar. A partir de 1763 fue nombrado Gran Guarda Sellos. En 1765 lo encontramos fundando un capítulo independiente con el nombre de Capítulo del Águila Negra, junto con su hermano Pierre-Jacques, cuya actividad principal era la investigación alquímica. Para ese entonces, Willermoz poseía un profundo conocimiento de las distintas vertientes masónicas y se había convertido en un incansable buscador de sistemas y Ritos que inspirasen un espíritu renovado y a la vez tradicional a la francmasonería. Algunos autores no dudan en atribuirle la creación el grado emblemático de “Caballero Rosacruz” que luego se incorporaría al Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Finalmente, en 1767, tomó contacto con la Orden de los Caballeros Masones Élus Cohen del Universo -en la que fue introducido por Bacon de la Chevalerie y el marqués de Lusignan- y descubrió el enorme potencial iniciático contenido en la doctrina de Martinez de Pasqually. Entabló una profunda relación con el conde Luis-Claude de Saint Martín, que era discípulo y secretario de Martinez, pero también un hombre con un conocimiento extraordinario y un misticismo con características propias, que llegaría a convertirse en un filósofo iluminado del nivel del sueco Sewemborg.[2]

Cuando Martinez partió a Santo Domingo en 1772, Saint Martín vino a instalarse en Lyón, que se convirtió en el centro más activo del matinezismo masónico. Willermoz tuvo oportunidad de discutir con Saint Martín aquellos puntos que, creía, debían ser reestructurados en la Orden de los Caballeros Masones Élus Cohen del Universo, aunque con el tiempo ambos hombres se distanciarían y tomarían por caminos diversos. Ese mismo año, descubrió la existencia de la Orden de la Estricta Observancia Templaria que –en palabras de Maurice Colinon. lo sedujo para siempre.

Muerto Martinez en Puerto Príncipe, Willermoz asumió el mando de los Élus Cohen de Lyon y los reorganizó. El camino quedaba expedito para soñar en una Gran Orden que sellara la unidad de la francmasonería escocesa.

2.- El colapso de la Estricta Observancia

Es preciso aquí abrir un paréntesis. En la crónica histórica de nuestro libro "El otro Imperio Cristiano" detuvimos la narración en el momento de expansión de uno de los movimientos masónicos más poderosos creado a instancia de los masones escoceses estuardistas, exilados en Francia. Nos referimos a la Orden de la Estricta Observancia Templaria, organizada por el barón alemán Carl Gotthelf von Hund en cumplimiento de una misión encomendada por los más altos jefes de la masonería católica jacobita.

Hacia 1742, cuando ya los escoceses dominaban las principales estructuras de la masonería francesa y pugnaban por expandir la presencia y acción de los Altos Grados, el mariscal Belle-Isle inició a Hund durante su estancia en Francfort -a donde había concurrido con motivo de la coronación de Carlos VII- y lo llevó a París. Los estuardistas percibieron en Hund al líder que buscaban para llevar a cabo la restauración final de la Orden del Temple y, sin esperar más, en 1743, los nobles escoceses lord Cliffords y lord William Kilmarnock, en presencia de un misterioso Caballero de la Pluma Roja, confirieron una carta patente al barón alemán a fin de que iniciara la obra.

Le impusieron el nombre secreto de eques ab ense (caballero de la espada) y le dieron potestad y jurisdicción sobre la antigua VII Provincia Templaria, precisamente Alemania. Hund resultó ser un hábil organizador y muy pronto logró la adhesión de un numeroso contingente de nobles y aristócratas alemanes dispuestos a acompañarlo en tamaña empresa. La Estricta Observancia se constituyó en una orden secreta y poderosa gobernada por supuestos Superiores Desconocidos cuya verdadera identidad nadie –ni el propio Hund- conocía. Su principal objetivo era el de restablecer la Orden del Temple que, según el caballero escocés Michel de Ramsay y el alto mando jacobita, había sido la verdadera fundadora de la francmasonería. No repetiremos aquí lo ya dicho, puesto que este ha sido el tema central de nuestro primer volumen.

Sin embargo, insistiremos en un concepto fundamental a la hora de evaluar los acontecimientos posteriores: La Estricta Observancia, también denominada Masonería rectificada o Reformada de Dresde –puesto que el sistema había sido en principio adoptado por las logias de Unwürden y Dresde- “...pretendía ser, no ya la heredera, sino ir mucho más allá y reinstaurar la Orden del Temple, abolida en 1312...”[3] Diremos también que los problemas de Hund comenzaron cuando debió justificar frente a sus hermanos la veracidad de aquel mandato y la existencia de los Superiores Desconocidos.

En 1763, un supuesto dirigente de la Orden, de origen alemán pero que se hacía pasar por inglés con el nombre de Johnson, irrumpió en la escena y afirmó ante los jefes de la Estricta Observancia que era un enviado del Capítulo de Old Aberdeen, supuesto asiento de los Superiores Desconocidos. En principio logró engañar a los desprevenidos -incluido el propio Hund- y hasta se animó a ordenar la quema de gran parte de la documentación de la Gran Logia de los Tres Globos de Berlín, por considerarla propia de una falsa masonería.

Mientras esta situación causaba sorpresa y preocupación entre los caballeros, Johnson convocó a un Capítulo en 1764 en el que anunció que sólo él podría en adelante crear caballeros y que estaba en posesión de poderes conferidos por superiores desconocidos de Escocia y Oriente. La situación era complicada para el barón Hund, puesto que no podía contradecir sino apoyar las afirmaciones de Johnson en cuanto al origen templario de la misma y la existencia de los supuestos superiores desconocidos. Pero no podía tolerar que nadie más que él, que era el Gran Maestre de la Orden en Alemania, pudiera disponer de la facultad para conferir grados superiores.

Se produjo un giro inesperado en los acontecimientos. Hund decidió hacer pública la existencia de la Orden, invitando a todos los francmasones a reconocer la legitimidad de su sistema y jurarle lealtad como único jefe. Llamó a una asamblea en la ciudad de Altenbourg y procedió a organizar la Orden en las antiguas siete provincias templarias; creó nuevos caballeros y fue aclamado Gran Maestre. En tanto, una investigación exhaustiva de los antecedentes de Johnson dio como resultado que era un farsante que había estafado a numerosos incautos, abusado de la confianza de su antiguo señor, el duque de Bernbourg y robado documentación valiosa a un noble de Curlandia. Encarcelado y condenado como convicto de robo, fue oportunamente encerrado en el castillo de Wartenbourg donde moriría años después.

La Orden tomó un impulso inusitado. Fueron incorporados importantes príncipes alemanes y en muy poco tiempo se convirtió en el sistema masónico dominante en Alemania. El carácter riguroso de acatamiento y obediencia al nuevo sistema hizo que se lo denominara de la Estricta Observancia. Se invitó a todas las logias alemanas a que se rectificaran, esto es, que aceptaran la Reforma de Dresde y aceptaran el origen templario de la francmasonería, así como la ininterrumpida existencia de una conducción secreta desde los tiempos de Jacques de Molay: los Superiores Desconocidos. Numerosas logias acudieron al llamado, circunstancia en la que parece haber tenido gran responsabilidad un insigne masón llamado Schubart de Kleefeld, tesorero de la Estricta Observancia, cuya reputación e influencia convenció a muchos de la necesidad de tal rectificación.

En tanto que Hund y Schubart avanzaban en la organización de la Orden, surgió un nuevo elemento que trajo conflictos internos a la Estricta Observancia. Johann August Stark, pastor protestante y teólogo de la Universidad de Weimar –convertido en secreto al catolicismo- creó una corriente que se conocería como clerical o clero de Stark, cuyos miembros sostenían poseer los antiguos secretos e incluso conocer el lugar donde se hallaba el tesoro templario. Stark había sido recibido francmasón en 1741, en el seno de una logia militar francesa de tendencia jacobita. Había ingresado a la Estricta Observancia bajo el apelativo de eques ab aquila fulva y, con habilidad, logrado la adhesión de importantes cuadros de la Orden que apoyaban su reforma.

Hund -que por entonces se encontraba seriamente debilitado ante la creciente expectativa de los masones, que comenzaba a dudar de la legitimidad y el origen de su autoridad- se vio tentado por Stark, que afirmaba haber sido enviado por los Superiores Desconocidos para instruir a los caballeros. Ofrecía a Hund una fusión de ambos ritos a cambio de su subordinación.

Se puede uno imaginar el grado de confusión que a este punto reinaba en las filas de la Estricta Observancia, cuya causa primaria no era otra que la necesidad y la insistencia en sostener una filiación de la que no había ninguna prueba. A ello debemos agregar la creciente inquietud de monarcas y señores ante el rumor de que la Orden reclamaría las antiguas posesiones templarias. Si esto se llevaba a cabo, si una acción coordinada de los numerosos príncipes y nobles pertenecientes a la Estricta Observancia -con mando sobre tropas y ejércitos propios- presionaban por la cuestión patrimonial del Temple, un verdadero tembladeral sacudiría a los estados europeos.

Una vez más, Schubart se convirtió en un factor clave para el futuro de la Orden y se opuso a la fusión con los clericales, exigiendo que se enviaran delegados a Escocia y a Florencia a fin de aclarar definitivamente la veracidad de los dichos de Stark. El recuerdo del escándalo de Johnson estaba fresco en la cabeza de los alemanes. Como era de esperar, al llegar a Old Aberdeen, los masones escoceses afirmaron no saber nada de los Superiores Desconocidos; tampoco se hallaron los tesoros prometidos en Florencia.

La Orden de la Estricta Observancia entró entonces en su etapa final, signada por un estado deliberativo que dio lugar a una sucesión de asambleas que desembocarían en el célebre Convento de Wilhelmsbad. En el Convento de Köhlo, celebrado en 1772, von Hund fue desplazado de la conducción del la Orden, proclamándose al duque Ferdinand de Brunswick Gran Maestre General de la Orden de los Francmasones reunidos bajo el Régimen Rectificado (Magnus Superior Ordinis). Se inició entonces un proceso de reorganización administrativa que completó la restauración de las antiguas provincias templarias. La tarea iniciada por von Hund fue completada gracias a la acción de un importante núcleo de dirigentes entre los que cabe destacar a los barones de Weiler y de Waechter.

Quedaron así constituidas las siguientes jusrisdicciones: II° Provincia (Auvernia-Lyón); III° (Occitania-Burdeos); V° (Borgoña-Estrasburgo); VII° (Alemania Inferior-sobre el Elba y el Oder); VIII° (Alta Alemania) y la IX° (Italia, por escisión de la VIII).


3.- Los Élus Cohen y la Masonería Rectificada

En 1772, Willermoz entró en contacto con la Estricta Observancia gracias a la mediación de miembros de una logia de la ciudad de Estrasburgo y del barón de Weiler. En un principio, creyó haber hallado una verdadera orden de iniciados que habían llegado a establecer una vasta red de adeptos a lo largo de Europa. Al igual que Willermoz, los masones rectificados de la Estricta Observancia hablaban de restablecer la orden a su estado primitivo, concepto que estaba en sintonía con la doctrina de la reintegración de los Caballeros Masones Élus Cohen del Universo.

Los alemanes hablaban un idioma similar al de los Martinezistas; aseguraban poseer los verdaderos secretos acerca del origen de la Orden y coincidían en la necesidad de rectificar la francmasonería, apartándola de toda frivolidad. Por otra parte, el riguroso secreto de su filiación se asemejaba a la estricta reserva que mantenían los miembros de la Orden de los Élus Cohen.

El creciente intercambio entre los dirigentes de ambas órdenes terminó convenciendo a los de la Estricta Observancia de que Willermoz y sus hombres cuajaban de manera adecuada a los intereses de la restauración templaria. Sin embargo –y como lo señala claramente Jean-Francois Var- existía una diferencia fundamental entre las dos organizaciones en cuanto al significado de Restablecer la Orden a su estado primitivo:

“... en el espíritu de los miembros de la Estricta Observancia estaba restablecer la Orden del Temple. Pero Willermoz entendió esta formulación en un sentido totalmente diferente: creyó entender que de lo que se trataba era de establecer la Masonería en su estado primitivo, que era el suyo antes de que degenerara, tal y como se había producido en Francia y en todas partes donde había podido investigar...” [4]

Willermoz caería en la cuenta de su confusión cuando –ya incorporado a la Estricta Observancia- descubrió que el único y gran secreto que esta poseía no era otro que el de la reivindicación de su origen templario, una tradición que no le era ajena por haberla aprendido de las tradiciones escocesas muy arraigadas en Francia.

Durante 1773 se adhirieron a la Reforma de Dresde los hermanos de Estrasburgo. Un año más tarde, los de Lyón y Burdeos. Junto con Willermoz, más de veinte lyoneses se unieron a la masonería rectificada de la Estricta Observancia. Brunswick, que lograba de esta forma expandir los límites de la Orden, y que se sentía cada vez más impresionado por las doctrinas de los Caballeros Masones Élus Cohen del Universo, lo nombró inmediatamente al mando de la antigua provincia templaria de Auvernia, que cubría las dos terceras partes de Francia. Se trató, sin dudas, de un momento glorioso para los príncipes alemanes porque, finalmente, el sueño de una masonería rectificada, gobernada por una elite conciente de su pasado glorioso, ardiente de misterios y dispuesta a controlar definitivamente a la francmasonería continental, se volvía una realidad que abarcaba desde las riveras del Danubio hasta los Pirineos.

Pero Willermoz sabía que este poder sería ilusorio y su existencia efímera si no se actuaba con rapidez. Veamos cual era el cuadro de situación:

La masonería francesa atravesaba una crisis radical. Fue justamente el año 1773 el de la fundación del Gran Oriente de Francia, que intentaba federar a todas las logias del reino bajo una sola obediencia capaz de armonizar el conjunto de estructuras masónicas y ritos en vigencia. Si bien es cierto que las corrientes de raigambre escocesa se alinearon con la Gran Logia, que rechazó unirse a la nueva obediencia autoproclamándose Madre Logia Escocesa de Francia, no es menos cierto que el Gran Oriente inició una etapa de crecimiento sin precedentes que lo llevaría a contar con más de 30.000 miembros y 1000 logias en 1789.

A diferencia de las estructuras políticas piramidales de los rectificados, el Gran Oriente se construía sobre las decisiones democráticas de numerosos delegados que actuaban en nombre de sus logias. Estaba dirigido por un Gran Maestre y un Gran Administrador, mientras que los grandes dignatarios eran designados, en algunos casos, por el Gran Maestre y elegidos, en otros, por las logias de París y las provincias. En su cabeza estaban dos de los hombres más poderosos de Francia: Felipe de Orleáns, duque de Chartres como Gran Maestre y Charles Sigismond Montmorency, duque de Luxemburgo y Chatillón como Gran Administrador.

Willermoz era tan consciente del poder del Gran Oriente que mantuvo un estrecho contacto con su cúpula, representando a las logias de Lyón y también a las de Estrasburgo con las que lo unía una profunda alianza. En los años siguientes, cuando el Gran Oriente comenzó a dar muestras de preocupación, llegó a proponer que se nombrara al Gran Maestre Protector de las logias rectificadas.

Mientras esto sucedía en Francia, en Alemania –donde la Estricta Observancia ostentaba un poder real sobre las estructuras masónicas- se multiplicaban los intentos por romper la hegemonía de los príncipes templarios. Las sucesivas crisis de la Orden habían terminado en grandes divisiones y aparecían nuevos líderes. Uno de ellos, Johann Wilhelm Zinnendorf, Cirujano en Jefe del Estado Mayor de Berlín, antiguo miembro de la Estricta Observancia, había establecido un nuevo rito, apoyado por el duque de Sudermania y la Gran Logia de Suecia, con fuerte influencia swedemborgiana. Desde 1774 se desempeñaba como Gran Maestre de la Gran Logia Nacional de Berlín que, hacia 1778 ya contaba con 34 logias subordinadas.

Por otra parte, los masones ingleses de la Gran Logia de Londres alentaban a la Gran Logia Real York con base en Alemania, al mismo tiempo que firmaban un acuerdo con Zinnendorf en el que ambas partes se comprometían a tomar todas las medidas necesarias y hacer “cuantos esfuerzos fueran imaginables” para precaver a la masonería contra “esta secta de masones que ha tomado el nombre de Estricta Observancia”

La masonería parecía haberse sumido en una crisis sin fin que daba lugar a la aparición de toda suerte de embaucadores. Algunos de ellos llegaron a convertirse en verdaderas leyendas y sumieron a la Orden en el descrédito y la burla.

Ante este cúmulo de circunstancias, Willermoz comprendió que tenía frente a sí dos herramientas que podrían complementarse y convertirse en un sistema masónico dotado de una profunda riqueza iniciática –la de los Caballeros Masones Élus Cohen del Universo- y de una estructura poderosa y eficaz pero, hasta el momento, carente de espíritu: La Estricta Observancia. Para ello era imperativo liberar a esta última de su atadura templaria. Destemplarizarla para volverla martinezista.

Entre 1744 y 1776 Wilermoz trabaja sobre esta reforma con la ayuda de Saint Martín y de un selecto grupo de hermanos masones de Estrasburgo, entre los que se destacan Jean y Bernard de Turkheim y Rodolphe de Saltzmann. El frente martinezista se une y afianza en sucesivas asambleas de los Élus Cohen, que preparan sigilosamente la reforma.

Finalmente, en noviembre de 1778, se convoca a una asamblea en la ciudad de Lyón ante la que se propone y aprueba la llamada Reforma de Lyón y se erige una nueva Orden Masónica Rectificada que se conocerá como Régimen Escocés Rectificado y su alter ego La Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa.

El nuevo Régimen quedó conformado por:

1. Una Orden Masónica (también denominada “Clase Simbólica”) que comprendía los grados de Aprendiz, compañero y maestro propios de la masonería simbólica, más un cuarto: Maestro Escocés de San Andrés, una suerte de grado preparatorio para el ingreso al siguiente nivel.

2. Una Orden Interior que quedaba conformada por los grados de Novicio y Caballero Bienhechor de la Ciudad Santa.

3. Una Orden o “Doble Clase” Secreta, sólo conocida por aquellos que la integraran y que comprendía los grados de Profeso y Gran Profeso.

4. Finalmente, en la cúspide de la pirámide y en el mayor de los misterios, la Orden de los Caballeros Masones Élus Cohen del Universo.


De este modo, la Orden quedaba constituida con un nivel primario que correspondía a la iniciación masónica tradicional, un segundo nivel estatuido como una Orden de Caballería y un tercer estamento de naturaleza mística o sacerdotal. Teniendo en cuenta que el primer nivel corresponde al mundo de los oficios (el trabajo), que el segundo a la caballería (relacionado con el armamento y la guerra) y el tercero con la profesión de la fe, podríamos decir que este régimen reproducía a la perfección el orden político-social medieval. Un orden funcional que era el reflejo de una teología cristiana trinitaria y que uno se ve tentado a evocar en su origen protohistórico, ya planteado por Georges Dumézil cuando definió el carácter trifuncional de los antiguos dioses indoiranios.[5]

Si se observa este proceso desde la perspectiva de los hechos que se desatarían apenas diez años después, resulta fácil comprender el profundo abismo que separaba a la masonería rectificada del empuje revolucionario de los masones ilustrados. Se podrá decir que la masonería rectificada actuaba a contrapelo de la historia; que representaba el espíritu del antiguo régimen en contraposición al racionalismo de la enciclopedia; que mantenía la supremacía de la Orden Interior por sobre una estructura masónica que no conocía a sus verdaderos líderes y gobernantes.

Sin embargo, cabe destacar aquí que la francmasonería había constituido, desde su vuelco hacia formas especulativas -cada vez mas alejadas de las corporaciones gremiales de la Edad Media- un campo de experimentación ligado a los grandes misterios de la existencia humana y que –en todo caso- se había articulado en la base de una tradición arcaica y ancestral vinculada a las antiguas Escuelas de Misterios.

La ilustración y el siglo de las luces habían traído consigo un nuevo campo de ideas y conocimientos del que la francmasonería –o mejor dicho los masones- no quedaría al margen. Pero el racionalismo y el creciente desprecio por las expresiones religiosas en la sociedad europea eran, en todo caso, los factores que modificaban el escenario, mientras que la Orden Masónica, en tanto iniciática, mantenía su legítimo interés –y era natural que así lo hiciera- en la búsqueda de una espiritualidad trascendente.

La francmasonería del siglo XVIII, en sus diversas expresiones, se mantenía fiel a su tradición judeocristiana y nada hacía suponer que los acontecimientos de 1789 modificaran radicalmente su concepción de la naturaleza humana y divina. Para que tal cosa ocurriera sería necesaria una catástrofe de proporciones –como en verdad ocurrió- que barriera gran parte de aquella tradición para sustituirla por una nueva, construida sobre las ruinas de la anterior.

La “Reforma de Lyón” fue el apogeo de la masonería cristiana, entendida como un retorno a “la tradición cristiana indivisible, nutrida por la enseñanza de los Padres de la Iglesia”.[6] Este espíritu de la Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa fue claramente interpretado por el jesuita Berteloot que llegó a decir que esta se asemejaba a una Tercera Orden Religiosa: Su fin declarado era la defensa de la Santa Religión y el alivio de los desventurados. Entre sus reglas para la admisión de profanos se hacía especial hincapié en asegurarse de sus principios religiosos, de sus costumbres y de su carácter. De informarse si respetaba la religión, base de la felicidad pública, si no atacaba nunca los principios y sobretodo los sentimientos religiosos con sarcasmos y si estaba penetrado de esa tolerancia dulce y esclarecida, de esa caridad fraternal que la ley cristiana prescribe.[7]

¿Cómo no entender que a esta masonería se incorporaran sacerdotes que no podían más que reconocer y aprobar semejantes reglas? La comunión de Willermoz y su doctrina con el más puro cristianismo primitivo queda expuesta en una carta que le dirigiera a Saltzmann en mayo de 1812 y que recoge Jean-Francois Var en su obra:

“… La iniciación de los Grandes Profesos instruye al masón probado, al hombre de deseos, sobre el origen y la formación del universo físico, de su destino y de la causa ocasional de su creación en tal momento y no en otro; de la emanación y la emancipación del hombre en una forma gloriosa, y de su sublime destino en el centro de las cosas creadas; de su prevaricación, de su caída y de la necesidad absoluta de la Encarnación del Verbo mismo para su redención. Todas estas cosas de las que se deriva un profundo sentimiento de amor y de confianza, de temor y de respeto, y de vivo reconocimiento de la criatura por su creador han sido perfectamente conocidas por los jefes de la Iglesia en los cuatro primeros siglos del cristianismo…”[8]

El Convento de las Galias dio a luz un sistema masónico que reconocía su espíritu en las doctrinas de Martinez de Pasqually adaptadas a un conjunto de grados capaces de actuar como vehículo adecuado para su transmisión. A su vez, al desembarazar a la Orden del vínculo templario que tanta ambición y tanto escándalo habían significado para la Estricta Observancia, permitía remontar los orígenes de la francmasonería a una tradición primordial sin por ello negar que hubiese adoptado distintos canales para su expresión a lo largo de la historia, incluida claro, la Orden Templaria.

Sancionada la Reforma de Lyón en Francia, Ferdinand de Brunswick y Carl von Hesse-Casel comprendieron la necesidad de aplicarla en Alemania a fin de convertirla en universal. El sueño de una unidad de la masonería rectificada estaba en marcha. Pero mientras ello ocurría, las fuerzas contrarias iniciaban su embate final, organizándose en torno a un oscuro personaje en los claustros universitarios de Baviera.
[1] Var, ob. cit. p. 62.
[2] Nacido en 1743, Luis-Claude de Saint Martín fue el más importante discípulo de Martinez de Pasqually. Esta estrecha relación espiritual no impidió que –con el transcurso de los años- Saint Martín comenzara a dejar de lado las prácticas de su maestro, especialmente de los aspectos mágicos y teúrgicos de los rituales de los Élus Cohen. Sin apartarse de la filosofía de Martinez, Saint Martín desarrolló un sistema místico antes que mágico y –si se quiere- más cristiano.
[3] Martí Blanco, Ramón “El Rito Escocés Rectificado: Su historia, sus orígenes, su doctrina” Libro de Trabajos 1998/1999 Logia de Estudios e Investigaciones “Duque de Wharton” Tarragona, Arola Editors, 1999 p. 190.
[4] Var, ob. cit. p. 88.
[5] Cf. Dumézil, Georges “Los dioses soberanos de los indoeuropeos” Barcelona, Herder, 1999.
[6] Marti Blanco, Ramón; ob.cit. p. 191.
[7] Colinon, Maurice, “La Iglesia frente a la Masonería” Buenos Aires, Huemul, 1963, p. 93.
[8] Var, ob. cit. pp. 100-101

viernes, 12 de septiembre de 2008

Masonería Rectificada ¿Masones y Cristianos?

Martinès de Pasqually


A raíz de la creación del Triángulo Masónico Rectificado "Cruz del Sur" Nº 7, bajo jurisdicción del Gran Priorato de Hispania y de las numerosas consulras recibidas en torno al orígen y naturaleza del Régimen Escocés Rectificado, transcribimos a continuación, casi en su totalidad, la conferencia dictada por el Serenísimo Gran Maestro y Gran Prior, Rev.·. H.·. Ramón Martí, en Oviedo8 de mayo de 2008



“Masonería Rectificada. ¿Masones y Cristianos?”, pues si, estimados amigos, la masonería tampoco no ha sido nunca ajena a la Religión, es más, en sus orígenes toda ella era cristiana, y en la actualidad, una parte de ella continúa siéndolo, porque por mucho que se haga, por mucho que se intente, jamás se podrá erradicar a Dios del corazón humano porque forma parte de su naturaleza, se sea consciente de ello o no. Además, en particular, la Masonería, o más exactamente la Iniciación Masónica como más adelante veremos, constituye un poderoso instrumento que sirve al hombre para recuperar esa chispa divina que todo ser humano lleva en si mismo al nacer.

Mi exposición servirá para que entiendan, que Masonería y Cristianismo no constituyen un contrasentido, antes al contrario: la base de la masonería es precisamente el cristianismo, por mucho que una mayoría de masones, impregnados de una corriente liberal –absolutamente ajena a la masonería tradicional- se hayan esforzado y se esfuercen en demostrar lo contrario. No hay que entender tampoco que la Masonería Tradicional esté atacada de un conservadurismo trasnochado, ocurre simplemente, que la Masonería Tradicional se escapa y trasciende estos planteamientos simplistas de nuestra sociedad actual que tiende a etiquetarlo todo.

La primera cosa que debemos tener clara para entender lo que sigue, es que aquí y ahora, no podemos hablar de Masonería como si fuera algo monolítico, sino de varias masonerías. En su origen, la Masonería, si que fue una, pero a lo largo del tiempo y en la medida que el hombre se ha ido apartando de Dios, ha ido introduciendo nociones que le eran extrañas provocando su división. Podríamos decir, que en la medida que la masonería se ha ido secularizando, ésta se ha ido dividiendo hasta llegar a la maraña actual de pequeñas Obediencias masónicas, maraña que no ha parado ni parará de crecer y que constituye un problema en nuestro país y en la mayoría de países europeos, no sometidos a las prohibiciones que ha sufrido el nuestro y con tradición masónica extendida a lo largo de varios siglos.

Para mejor explicar la multiplicidad de distintas masonerías, me detendré a exponer ciertos retazos de las distintas tendencias del panorama masónico actual.

Podemos distinguir dos grandes grupos: el primero, está constituido por aquellas Obediencias (aclararé, que Obediencia es el conjunto de masones que configuran una determinada asociación en cada país), que exigen la creencia en Dios para poder pertenecer a ellas, y estipulan que los trabajos de las Logias sean presididos por un volumen de la Ley Sagrada. Inicialmente era la Biblia, pero con el tiempo han cedido a que sea el Talmud, el Corán, según se quiera, por separado o los tres Libros juntos; el segundo grupo, está formado por la masonería liberal que no tiene tal exigencia.

Dentro del primer grupo, tenemos lo que se autodenomina “masonería regular”, encabezada desde el año 1929 por la Gran Logia Unida de Inglaterra, en la que se alinean –cada una en su respectivo país- las distintas Obediencias con unos postulados teístas, es decir, que en teoría para pertenecer a ellas, es necesario que sus miembros crean en Dios. Antaño, ello suponía que sus miembros debían creer en un dios revelado, e inicialmente resultaba un tanto hermoso pues reunía en su seno tanto a cristianos, como a judíos y musulmanes en una suerte de “ecumenismo” que con el tiempo se ha tornado en sincretismo y a la práctica, por un proceso de degeneración, hace que hoy éstas Obediencias estén plagadas de agnósticos y descreídos, contentándose actualmente con ser un lugar donde prima lo social y las buenas maneras, habiendo sustituido en la práctica la trascendencia teísta por el ejercicio de la solidaridad social con tintes de beneficencia. Aún y así, insisten en representar a nivel mundial una “ortodoxia” que se traduce en un exclusivismo que hace que solo pueda existir una obediencia regular por país, constituyendo quizá dicha exclusividad, el único acicate de un cierto prestigio con aire “victoriano” un tanto caduco cada vez más contestado entre los masones. La masonería, autotitulada “regular”, no reconoce a ninguna otra Obediencia ni ninguna otra masonería que aquella que no esté alineada con ella. A nivel numérico representa la mayoría masónica en la mayor parte de países –incluido el nuestro- a excepción de Francia donde no es la obediencia más numerosa.

Dentro del grupo de Obediencias en las que se exige creer en Dios para poder pertenecer a ellas, y junto a las Obediencias autodenominadas “regulares” –a la derecha de ellas, sin que el apelativo deba entenderse en términos políticos- se encuentra la Obediencia que represento y me honro en presidir, denominada: Gran Priorato de Hispania, que exige a todos sus miembros no tan solo creer en Dios, sino más precisamente ser cristiano, es decir, agrupa aquellos que por el bautismo formamos el Cuerpo místico de Cristo, englobando, en nuestro país, a una mayoría católica romana, junto a ortodoxos, anglicanos, maronitas, cristianos todos en general, formando un auténtico ecumenismo, para nada manchado de sincretismo. Los trabajos de nuestras Logias y Capítulos están presididos, siempre y únicamente, por la Biblia -comprendiendo el Antiguo y el Nuevo Testamento- abierta por el Prólogo del Evangelio de san Juan. Es preciso decir, en nuestro caso, que hasta hace cinco años formamos parte de la Gran Logia de España, obediencia que en nuestro país representa a los “regulares” pero nos vimos obligados a marcharnos ante la difícil convivencia que hacía que nos miraran como “ultraortodoxos” dado el derrotero de descreimiento y sincretismo en que desde hace tiempo se halla inmersa la Gran Logia de España, derrotero por otra parte compartido por las Obediencias del resto de países alineadas dentro de la “regularidad”.

Sin salir del mismo grupo, pero situándose a la izquierda de los “regulares”, tenemos, de manera decreciente a nivel de exigencia en cuanto a la creencia en Dios, al resto de Obediencias, que hacen de dicha exigencia un corolario de matices con distintos tintes éticos y morales y diferentes niveles de excepticismo, que van aumentando en la medida que se apartan del Principio Único.

Frente a todos estos, tenemos el segundo grupo, compuesto por las Obediencias masónicas dichas “liberales”, encabezadas a nivel mundial por el Gran Oriente de Francia –mayoritario numéricamente en su país-, Obediencia, que desde 1877, decidió que sus Logias dejaran de trabajar a La Gloria del Gran Arquitecto del Universo, y renunciaron a que sus Tenidas (así se denominan las reuniones masónicas) fueran presididas por un Volumen de la Ley Sagrada, pudiendo disponer un libro con las páginas en blanco para que nadie se pelee. En este grupo se alinean los masones que son ateos, agnósticos o lo que les parezca, que por algo ellos son los más “liberales” y dejan la mayor libertad de conciencia a sus miembros, al menos en teoría, pues a la práctica el liberal a ultranza, lo es tanto que no acepta ningún tipo de creencia –salvo la no creencia-, y en mayor o menor medida se convierte en perseguidor de sus contrarios. Este grupo se caracteriza por una implicación directa de sus miembros en el mundo político y social, y sus Logias aficionadas al debate puro y duro Son los auténticos herederos de Garibaldi y todos los libertadores.

Podemos ver por nuestra exposición cual es el panorama masónico hoy por hoy, pero ¿siempre ha sido así? No, como antes decía, los orígenes de la Masonería son cristianos, y continuaron siéndolo a lo largo de toda su etapa “operativa” en que básicamente, ésta, se dedicó a la construcción de las catedrales y templos de cuyos vestigios Europa está tachonada, pero ya en la segunda etapa “especulativa” que va aproximadamente del siglo XVIII a nuestros días, en la que la Orden Masónica toma su actual forma, es cuando a través de sucesivas desviaciones y derivas la lleva al panorama poco alagueño anteriormente descrito.

Al parecer, no tan solo los orígenes de la masonería han sido cristianos, sino que la misma Iglesia, a través de la Orden de San Benito, le dará carta de naturaleza, si hacemos caso al estudio sobre el particular desarrollado por Eduardo R. Callaey, historiador, periodista y masón, nacido en Buenos Aires en 1958, estudio publicado en su libro “La Masonería y sus orígenes cristianos – Ordo Laicorum ab Monacorum Ordine”[1]. En su libro, Callaey, a partir del estudio de Walafrid Strabon, uno de los más notables exegetas benedictinos del medioevo, que lo remitió a las obras de otros dos exegetas, el primero, Rabano Mauro, abad de Fulda y arzobispo de Maguncia, y el segundo Beda, llamado el Venerable, famoso historiador del siglo VIII, elevado posteriormente a los altares y venerado como san Beda, ambos prominentes benedictinos, Callaey, descubre interesantes relaciones entre la orden benedictina y aquellos primeros masones operativos. El monje Beda, es autor de la obra denominada De Templo Salomonis Liber. La existencia de ésta obra es confirmada por uno de los documentos masónicos más antiguos de los que se conocen, el Manucrito Cooke[2], en el mismo, su anónimo autor menciona a Beda como una de las autoridades en las que basa su texto. La traducción de la obra de Beda del latín fue ardua, pero Callaey se dice compensado, al descubrir su carácter alegórico sobre la construcción del Templo de Salomón y su similitud con múltiples símbolos y conceptos aun vigentes en la doctrina masónica.

¿En qué criterio –se pregunta Callaey- debiéramos basar el vínculo entre los masones benedictinos y los masones operativos laicos? Un criterio historicista, susceptible a la comprobación de vínculos, relaciones y principios ya ha sido expuesto –afirma Callaey en su libro- Pero aun así, reconozco que sería incompleto, al ser la francmasonería una institución tradicional, conviene ampliar los criterios de análisis en términos de esa Tradición. (…) La vía conformada por los venerables Beda, Alcuino, Rabano Mauro y Walafrid Strabón ha sido señalada por historiadores, teólogos, filólogos y hebraístas, lo que demuestra su potencia y actividad. Esta corriente difundió en los vastos territorios del imperio carolingio las tradiciones y símbolos de los masones que actuaban bajo el impulso benedictino y que, luego, tuvieron su apogeo en la órdenes de Cluny y Hirsau. En segundo lugar, se han elegido un conjunto de ideas fundamentales que, originadas en la tradición de los monjes constructores, influyeron directamente en las asociaciones operativas laicas y, a través de estas últimas llegaron hasta la masonería moderna. Ellas son:
a) La tradición del Templo de Salomón,
b) El simbolismo del Templo,
c) la idea de una Gran Arquitecto del Universo,
d) El pensamiento simbólico-alegórico,
e) El trabajo interior –(lo que los masones denominamos desbastar
la Piedra Bruta)
f) El trabajo exterior: la construcción del Templo a la Virtud.

Termina concluyendo Callaey: No existe en occidente –fuera de la Orden Masónica y la Orden del Temple- otra institución que haya otorgado al Templo de Jerusalén el carácter alegórico que asume en la pluma de los maestros benedictinos [3]. Resulta paradójico comprobar en dicho libro la sorprendente similitud entre las alegorías del mundo monástico medieval y los elementos centrales del esoterismo masónico, abriendo un profundo interrogante sobre los orígenes cristianos de la Orden más combatida por los Pontífices romanos.

Al margen de la controversia, sobre la vigencia o no, de la excomunión que según la Iglesia de Roma pesa sobre los católicos que pertenezcan o quieran pertenecer a la Masonería, excomunión, que a nuestro juicio no tiene razón de ser, de acuerdo al actual Código de Derecho Canónico, aprobado por el Concilio Vaticano II, el estudio publicado en éste libro de Eduardo R. Callaey, viene a reafirmar y documentar las tesis que demuestran los orígenes cristianos de nuestra augusta Orden.

Hasta aquí, damos por demostrados los orígenes cristianos de la Orden Masónica, dentro de las limitaciones que nos exige la exposición en el marco de una conferencia. No hemos mencionado, por considerarlos archiconocidos, los antiguos textos y estatutos de la masonería operativa, de entre los que destacamos el manuscrito Regius, el Cooke antes mencionado y los Estatutos de Ratisbona de 1459[4], considerados probablemente el último texto de la masonería en su etapa operativa. Podríamos extendernos mucho más en múltiples consideraciones, que por su amplitud, dificultarían la comprensión del objeto de nuestra charla, y no darían más luz sobre el particular, sino que reiterarían estos orígenes cristianos.

La Iniciación

Antes de entrar a estudiar el período transitorio que va de la Masonería “operativa” a la “especulativa”, nos detendremos en un aspecto de suma importancia y que es la esencia de la Orden Masónica, lo que verdaderamente le da sentido y razón de ser y que constituye el aspecto que verdaderamente interesa a nuestro trabajo, al margen de otros aspectos historicistas, que aunque necesarios para poder estructurar cualquier exposición, obedecerían más a un conocimiento erudito del tema que nos ocupa, erudición que otros, por su formación, son mucho más capaces de desarrollar que yo mismo. Este aspecto fundamental al que me refiero es el de la Iniciación y el fenómeno iniciático.


Han habido iniciaciones de institución humana –que podemos considerar falsas- y otras de origen Divino que son las auténticas. De hecho, la Iniciación es tan antigua como el hombre y nace de un acto de misericordia del Creador hacia su criatura, después de que ésta fuera sometida a los rigores de la justicia divina tras la Caída.

El mismo cristianismo en sus inicios, constituía una Iniciación. Louis-Claude de Saint-Martin, uno de los personajes claves del Iluminismo del siglo XVIII, como más adelante veremos, nos habla así del fenómeno iniciático: “El cristianismo posee cosas de gran peso y gran fuerza que no están y no podrían jamás estar escritas. Tanto, que estas cosas que no podrían jamás estar escritas solo fueron conocidas que por aquellos que debían ser sus depositarios, el cristianismo gozaba de la paz, pero cuando los emperadores romanos, cansados de perseguir a los cristianos, quisieron ser iniciados en sus misterios; cuando los maestros de los pueblos pusieron pie en el santuario y quisieron llevar sobre los objetos más sagrados del culto ojos que no estaban preparados para ello; cuando hicieron del cristianismo una religión de Estado y solo la consideraron como un resorte político; cuando sus sujetos fueron forzados a hacerse cristianos y se vieron por ello en la situación de tener que admitir sin examen a todos aquellos que se presentaban; entonces nacieron las incertezas, las doctrinas opuestas, las herejías. El oscurecimiento se convirtió casi en universal sobre todos los objetos de la doctrina y del culto, porque las más sublimes verdades del cristianismo solo podían ser conocidas por un pequeño número de fieles, y aquellos que no hacían más que entreverlas estaban expuestos a interpretaciones falsas y contradictorias. Es lo que llegó bajo Constantino, de sobrenombre el Grande. Así mismo, apenas éste hubo adoptado el cristianismo los concilios generales comenzaron, y este tiempo puede ser contemplado como la primera época de la decadencia de las Virtudes y las luces entre los cristianos. (...) En esta confusión, la clave de la ciencia no dejó de estar a mano de los Ministros de los altares, como en un centro de unidad que no debe jamás abandonar, pero la mayor parte de ellos no se sirvieron de ella para entrar en el Santuario.”[5]. La Verdad no esta hecha para ser mostrada a todo el mundo, pues su fulgor podría dañar aquellos ojos no preparados para contemplarla. Es necesaria la Iniciación, y los trabajos que le son anejos, para purificar y preparar a aquellos que quieran aproximársele, pero sin embargo, la Verdad siempre está ahí aunque no siempre podamos verla.

Sobre los distintos tipos de Iniciación, podemos oír a Jean-Baptiste Willermoz, otro de los personajes clave a quien nos referiremos más adelante, y fundador del Régimen Escocés Rectificado, que en este fragmento de un texto destinado a la Instrucción secreta de los Profesos, dice así: « En aquella época, existía sobre la tierra, como existe aún hoy, diferentes especies de Iniciación, a saber: La iniciación de los Gentiles o de los Egipcios, que a la postre, no era más que un criminal y monstruoso abuso de la Ciencia : y finalmente la iniciación del Templo establecida por Moisés y perfeccionada por Salomón. Es la misma que ha llegado hasta nosotros bajo el nombre de Francmasonería. Ella difiere en esencia de la Iniciación cristiana, en que solo puede representar figurativamente la historia del hombre en general y del universo así como las relaciones que los unen, mientras que ésta última, mucho más perfeccionada, presenta el desarrollo efectivo de las alegorías y el cumplimiento real de los Misterios de la Religión primitiva y universal. »

Queda claro pues, que la Iniciación, toca la esencia del ser humano desde un punto de vista ontológico –que desde la perspectiva del cristianismo es en cuerpo, alma y espíritu- nada que ver pues con otros modos de ver la Iniciación, o el trabajo iniciático, propio de muchas Obediencias masónicas, como una introspección de tipo psicológico que limitaría su alcance simplemente a nivel de la mente humana. La Iniciación, va siempre acompañada de una metodología, de un trabajo a llevar a cabo, que en el caso de las iniciaciones occidentales acostumbran a ir vinculadas a un oficio y su desarrollo, y en el caso de los masones operativos, se llevaba a cabo en paralelo a la aplicación de las técnicas propias de la construcción.

La Iniciación, hace entrar al "profano" en un dominio sagrado. Por ello, todo lo que se dice y todo lo que se hace, debe, necesariamente, por una parte obedecer a las reglas de la ciencia simbólica - ya que el simbolismo es el lenguaje natural de lo sagrado - y por otra parte, desarrollarse bajo las formas inmutables de un ritual - ya que la acción sagrada es también por naturaleza ritual. La misma iniciación masónica, es una ceremonia que comporta las características que acabo de decir, y no una vana formalidad de admisión.

De la Masonería operativa a la especulativa

Situada la Iniciación o el fenómeno iniciático, pasemos ahora a analizar que sucede en los doscientos años de transición entre la masonería operativa y la especulativa. Nos encontramos con el período histórico en el que prácticamente ya no se construyen nuevas catedrales y templos, y se empieza a aceptar la entrada en las Logias de nuevos miembros, que nada tienen que ver con el oficio de construir, aunque, en un documento anexo a la Carta de Boloña de 1248, en una lista de matrícula, se hace constar como miembros, a 2 notarios, 2 frailes y 6 miembros de la nobleza, la cual cosa nos viene a demostrar, cuando menos, la existencia en el año 1248 de masones “aceptados” o no formando parte del oficio de construir.

La época que vamos a analizar es la que se redactan y aparecen los manuscritos: Grand Lodge, el de Edimburgo, el Dumfries nº 4, el Kewan, La Institución de los Francmasones, el Graham, la Masonería según las Escrituras, el Diálogo entre Simón y Felipe y el manuscrito Essex. Lo ajustado del tiempo no nos permite leerlos todos. Extraeré unos fragmentos de algunos de ellos:

Del Manuscrito Grand Lodge nº 1, del año 1583, la plegaria de apertura:

“I. Que la fuerza del Padre del cielo y la sabiduría del Hijo glorioso por la gracia y la bondad del Espíritu Santo, que son tres personas y un solo Dios, estén con nosotros en nuestras empresas y nos otorguen así la gracia de gobernarnos aquí abajo en nuestra vida de manera que podamos alcanzar su beatitud, que jamás tendrá fin. Amén...”

Del Dumfries nº 4, del año 1710, también la plegaria de inicio:

“Imploramos al Padre omnipotente de santidad y a la sabiduría del glorioso Jesús, por la gracia del Espíritu Santo, que son tres personas en un principio divino, que estén con nosotros desde ahora, y que nos otorguen también la gracia de gobernarnos aquí abajo, en esta vida mortal, de manera que podamos alcanzar su reino, que jamás tendrá fin. Amén...”

Del Manuscrito: La Institución de los Francmasones, del año 1725, el punto 14º del catecismo por preguntas y respuestas:

Pregunta: ¿Cuántas personas hacen falta para hacer una Logia?
Respuesta: Hace falta Dios y la escuadra, más 7 ó 5 masones justos
y perfectos sobre la montaña más alta, o el valle más profundo del mundo.

Del Manuscrito Graham, del año 1726, tenemos este intercambio de preguntas y respuestas del catecismo:

P. ¿Qué es una Logia perfecta?.
R. El centro de un corazón sincero.

P. Pero, ¿a cuántos masones llamáis así?
R. A cualquier número impar entre 3 y 13.

P. ¿Por qué tantos, y por qué en número impar?
R. El primer número hace referencia a la santa Trinidad, y el otro a la venida de Cristo, con sus 12 apóstoles.

Por lo que podemos ver en los anteriores manuscritos, y concretamente en éste último, fechado en 1726, es decir, tres años después de la promulgación de las famosas Constituciones del pastor presbiteriano, James Anderson, el cristianismo que emana es del todo ortodoxo. ¿Qué sucede pues, para que se produzca la progresiva “descristianización” de la Orden Masónica?

Pugna entre masones protestantes y católicos

El 24 de junio de 1717, durante la fiesta de San Juan Bautista, cuatro Logias de Londres, de nombres pintorescos, porque tomaban el nombre de la taberna donde se reunían, se encontraron en la taberna del Manzano, constituyendo una organización unificada bajo el nombre de Gran Logia, y siendo elegido e instalado, Anthony Sayer – un “gentelman” inglés – como Gran Maestro, con autoridad sobre todos los Hermanos. Esta es la primera noticia que se tiene de una primera estructuración de la Orden Masónica en su etapa “especulativa”. Se abre aquí un período pleno de tensiones en esa incipiente masonería que desembocará en una primera división entre “Antiguos” y “Modernos”, partidarios unos de la conservación de las formas tradicionales y otros de la renovación, división que continuará lo largo de 63 años, no reunificándose hasta 1813. En paralelo a esta etapa, se llevaba a cabo en Gran Bretaña, una pugna dinástica entre dos casas reales: la de los Hannover de composición protestante, contra la de los escoceses católicos de los Stuart. La Masonería era bien presente en una y otra dinastía, pues era habitual que los nobles formaran parte de ella, costumbre que ha llegado a nuestros días en la monarquía británica, en la que el duque de Kent, primo de la Reina Isabel II, es el Gran Maestro de la Gran Logia Unida de Inglaterra. La guerra entre la casa de Hannover y la de Stuart, dio como resultado la derrota de esta última, y como consecuencia, el obligado exilio a Francia del príncipe Carlos-Eduardo Estuardo, implantándose con ello la masonería de corte católico en territorio francés.

Mientras tanto, en Gran Bretaña, los pastores protestantes James Anderson y Desaguliers, reciben en torno al año 1721, el encargo de la redacción de unas Constituciones, cuya primera versión (pues hubieron distintas modificaciones hasta llegar a su versión actual) ve la luz en 1723. No creo que tengamos que extrañarnos que los vencedores de la pugna dinástica ejercieran su derecho, expurgando de dichas Constituciones masónicas toda reminiscencia en los textos que pudiera recordar el origen católico de los mismos. Esta expurgación, que finalmente supuso un redactado ambiguo, dio pie y excusa al relajo que ha permitido, primero, la aparente apertura y posteriormente, la progresiva secularización de la Orden Masónica.

La Masonería Escocesa

Volviendo a Francia, por esa misma época, los militares escoceses exiliados, trajeron sus Logias y con ello la progresiva implantación de una masonería, no tan solo cristiana sino más exactamente católica. Es también por esta época, que aparecen los personajes decisivos que en posteriores acontecimientos, darán lugar a la creación de la Masonería Rectificada, y más concretamente al Régimen Escocés Rectificado, que tiene uno de sus principales orígenes en la masonería escocesa de los Estuardo exiliados en territorio francés y en la Europa continental en general. No es por casualidad, como pueden ver, que nuestro sistema masónico se denomine Rito o Régimen Escocés Rectificado.

Uno de estos personajes, crucial para nosotros, es Don Martinès de Pasqually. Este enigmático personaje, nacido aproximadamente en 1725 (no se conoce la fecha con certeza) en Grenoble, era de origen español, pues su padre había nacido en Alicante en 1671. Su nombre completo sería: Jaime, Joaquín de la Torre de la Casa Martínez de Pasqually, pero se le conocía por Martinès de Pasqually. En una carta patente masónica, fechada el 20 de mayo de 1738, y transmitida por Carlos Estuardo, Rey de Escocia, Irlanda e Inglaterra, “Gran Maestro de toda la Orden Masónica sobre la faz de la tierra”, aparece su padre, bajo el nombre de Don Martinès de Pasqually, con el título de Escudero, lo que da a entender que pertenecía a la nobleza. En la misma Carta Patente se menciona a Martinez de Pasqually, “hijo, de 29 años de edad”.

Entre 1754 y 1760, recluta en las Logias masónicas del “Midi” francés miembros para una Orden de la que se consideraba Gran Soberano para la región occidental. Esta Orden de título un tanto ampuloso se llamaba “Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coens del Universo”. Martinès consideraba a esta Orden como la auténtica Masonería, viendo la otra como apócrifa. Hay que pensar que por aquella época y en Francia, la Gran Logia de Francia, sólo trabajaba los tres primeros grados de Aprendiz, Compañero y Maestro. Martinès, se nutría de dichos masones para formar su Orden, y en el momento de su prematura muerte, acaecida a causa de unas fiebres en Puerto Príncipe, Santo Domingo, en 1774, donde había viajado para el cobro de una herencia, su Orden de los Elus Cöen (Cöen, en hebreo significa sacerdote), contaba con 12 templos y un centenar de miembros, pero a causa de la desaparición de su Gran Soberano, fue progresivamente desapareciendo, siendo el último Templo en extinguirse el de Toulouse en 1792.

La Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coen del Universo

Martinès de Pasqually, transmitía sus enseñanzas oralmente y solamente a los que llegaban al grado más elevado les remitía el manuscrito el Tratado de la Reintegración, comenzado en 1772 y nunca terminado a causa de su muerte prematura. El Tratado, que más exactamente se titula: “Tratado de la Reintegración de los Seres creados en sus primeras propiedades, virtudes y poderes espirituales divinos” es lo único escrito que ha llegado a nuestros días.

En sus enseñanzas, Martinès, explicaba que el hombre fue creado para actuar conjuntamente con el Eterno, y terminar la creación por el comenzada, estando concebido para gobernar la creación y a todos los seres creados. Sin embargo, Adán, creyéndose poseedor de los poderes de los que tan solo era depositario, quiso emanar sus propias creaciones (lo que simbólicamente nos explica el libro del Génesis, cuado nos dice que comió del árbol del bien y del mal), desobedeciendo las ordenes recibidas de Dios y haciéndose culpable, él y toda su posteridad, siendo condenado a vivir aprisionado en la materia, estado que constituye el nuestro actual. Así, para Martinès, el ser humano está actualmente “caído” del estado de gloria que era el suyo originalmente habiendo perdido todas sus propiedades y prerrogativas y atrapado en la materia, en este mundo sensible que es el nuestro. Por ello, la criatura humana precisa regenerarse “reintegrarse” a las que eran sus propiedades originales, pero no puede hacerlo por sí mismo desde su estado actual atrapado en la materia, porque la materia solo puede producir materia; precisa de una ayuda superior Divina, de la ayuda del Gran Reparador, del Cristo, que es Dios hecho hombre.

Toda esta concepción de la Creación y del Universo que se hace Martinès de Pasqually, de la Caída y la Reintegración, se encuentra en perfecta ortodoxia con el cristianismo. Orígenes, uno de los Padres de la Iglesia, discípulo de san Clemente de Alejandría en el siglo IIº, en su análisis, afirma que la Creación es la manifestación concreta de un descenso de arriba a abajo, una caída. Desarrollará, en numerosas páginas su visión y no dudará en sostener, en expresiones que prefiguran curiosamente las tesis martinezistas: “Las almas, a causa del excesivo decaimiento de su inteligencia, han sido encerradas en estos cuerpos densos y compactos: es por ellas, a quienes estos cuerpos serán en lo sucesivo necesarios, que este mundo visible ha sido creado.[6]

Esta concepción de la Creación y del Universo creado –estructurado en distintos niveles-, y su correspondiente doctrina la enseñaba Martinès de Pasqually en su Orden de los Elegidos Coens. Martinès, filósofo religioso y profundo cabalista, insiste sobre la importancia de la “Caída”, sobre su carácter central y determinante en la historia de los hombres y del Universo. Esta historia hace a toda la humanidad solidaria de la común degradación, cuyos terribles efectos, soporta dolorosamente, de año en año y de generación en generación. El conjunto de la Creación, víctima de una reprobación, debe trabajar para liberarse de esta horrible determinación. La obra expiatoria, debe extenderse imperiosamente al conjunto de seres vivientes, de manera que puedan volver a encontrar sus primeras propiedades, virtudes y poderes divinos.

La Orden estaba dividida en cuatro clases, en las que se repartían diez grados y aquellos que llegaban a la última clase, al grado de Réau-Croix, eran llamados a convertirse en sacerdotes, émulos de Cristo en la tierra. A ese nivel, se hacía uso de la teurgia y la magia ceremonial, invocando la ayuda de los espíritus benefactores que habían de contribuir a la regeneración del hombre. No hay que confundir la teurgia de los Elegidos Coen con el espiritismo, que no tiene nada que ver. Los Réau-Coix, debían prepararse antes de sus operaciones invocatorias concienzudamente, practicar serios ayunos y haber asistido un número determinado de veces a la Santa Misa y haber seguido las oraciones cuatro veces diarias. La vida de un Réau-Croix se asemejaba más a la de un monje que a la de un laico.

Podríamos resumir la empresa de Martinez de Pasqually, diciendo que se trataba, en su idea, de abrir un restablecimiento al culto primitivo, y para lograrlo, trabajar en ordenar a sacerdotes aptos para celebrar los ritos venerables del sacerdocio pre-noaquita. Imaginamos el carácter complejo de tal empresa, incluso en el medio masónico, pero suponemos igualmente la importante curiosidad que pudieron despertar tales teorías en los espíritus sensibilizados por su pertenencia a sociedades en las que estaban en boga los altos grados caballerescos y herméticos del iluminismo escocés.

Llegados a este punto, nos aparecen dos personajes clave para el asunto que nos ocupa y que hemos mencionado anteriormente: Jean-Baptiste Willermoz y Louis-Claude de Saint-Martin.

Jean-Baptiste Willermoz

Como dice Jean-François Var, en su libro “Jean-Baptiste Willermoz, su obra”[7]: “hablar de Jean-Baptiste Willermoz es hablar de un masón de una envergadura excepcional, de los que no se encuentran muchos en un siglo. (...) Verdadero padre fundador del Régimen Escocés Rectificado, fue el arquitecto en jefe de un edificio que aún subsiste firmemente a pesar de sorprendentes vicisitudes...”

¿Quién era Jean-Baptiste Willermoz? Nacido el 10 de julio de 1730, en Lyon, muerto en la misma ciudad 94 años más tarde, el 29 de mayo de 1824, era el menor de una familia de trece hermanos. A la edad de 14 años, entró como aprendiz al servicio de un comerciante de sedas, actividad muy extendida en Lyon por aquella época. Diez años más tarde, a los 24, montó su propio negocio y se estableció por su cuenta como “maestro fabricante”. Pertenecía a la aristocracia del comercio lionés. Sus fabricados se vendían en toda Francia y buena parte de Europa, lo que le permitió mantener contacto y relación con clientes adinerados de la aristocracia europea, incluyendo príncipes, a los que servía maravillosamente contentando sus curiosidades masónicas. Su éxito en los negocios, le permitió retirarse en 1782, a la edad de 52 años, vendiendo la empresa a dos de sus principales empleados, para dedicarse el resto de su vida a lo que era su vocación: la francmasonería.

Iniciado en 1750, a la edad de 20 años en una logia cuyo nombre se ignora, franqueó muy rápidamente todos los escalones. Elegido Venerable apenas dos años más tarde, en 1752, siente la necesidad de poner orden en una situación “marcada por abusos a los que cada vez se les daba mayor crédito”, contribuyó a formar, en 1760, la Gran Logia de los Maestros Regulares de Lyon, reconocida en 1761 por la Gran Logia de Francia. Después de haber sido su Presidente entre 1762-63, alcanza ser “Guarda de sellos y archivos”, función que debería ser de su preferencia, pues la ocuparía en todos, o casi todos los organismos a los que perteneció, y que le permitía sacar partido de la correspondencia de negocios que mantenía con Europa entera, pudiéndose librar de este modo a una de sus actividades favoritas: recoger, estudiar y comparar los rituales de todos los grados posibles. Y ello, no por gusto de coleccionista, sino por razones mucho más profundas, las cuales expondrá en una carta de noviembre de 1772 al barón de Hund, fundador de la Estricta Observancia: “Desde mi primera admisión en la Orden, he estado siempre convencido que ésta encerraba el conocimiento de un fin posible y capaz de satisfacer la honestidad humana. De acuerdo a ésta idea, he trabajado sin descanso por descubrirlo. Un estudio continuado de más de veinte años, una correspondencia particular y muy extensa con hermanos instruidos de Francia y fuera de ella, la custodia de los archivos de la Orden en Lyon, confiada a mi cuidado, me han procurado buena cantidad de medios para mis propósitos...”. A efectos del estudio de los “altos grados” de los que iba teniendo conocimiento, constituyó una suerte de “laboratorio”, un capítulo reservado a una “pequeña sociedad”: el capítulo de los Caballeros del Águila Negra, del que confió la presidencia a su hermano Pierre-Jacques.

El objeto de sus investigaciones, es decir, el verdadero fin de la Francmasonería, le fue revelado cuando fue admitido, en marzo de 1767, por Martines de Pasqually en persona, en su Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coens del Universo. En otra carta, igualmente de 1772, a otro dignatario de la Estricta Observancia, el barón Landsperg, Willermoz se explica con discreción pero con nitidez: “Ciertas felices circunstancias, me procuraron la ocasión durante mis viajes, de ser admitido en una sociedad, bien estructurada y no muy numerosa, cuyo objetivo me sedujo, ya que me fue presentado fuera de las reglas ordinarias. Desde entonces, todos los sistemas restantes que yo conocía (pues no puedo juzgar los que no conozco) me parecieron fútiles y repulsivos. Es el único en que he encontrado esa paz interior del alma, la mayor ventaja de la humanidad, relativa a su ser y a su principio.” De hecho, convencido de haber descubierto la verdad de la Masonería, Willermoz no la dejará jamás y, en despecho de las apariencias y a lo que se haya pretendido, permanecerá fiel a su iniciador Martines, a su doctrina y a su Orden.

Louis-Claude de Saint-Martin

Saint-Martin nació el 18 de enero de 1743 en Amboise. De físico un tanto débil, tenía una gran sensibilidad de alma y era dulce y reservado, pareciéndole su paso por la tierra como la estancia en un medio extraño y hostil, como el paso por una región a la que no pertenecía y de la que convenía, sino huir, al menos alejarse en espíritu.

Después de una infancia apacible, entra en la Facultad de Derecho de París en 1759. Ya como abogado, empieza a ejercer en Tours, teniendo grandes dificultades en el ejercicio de su profesión, siendo incapaz de defender a quien consideraba culpable y sufriendo lo indecible al ver condenar a un inocente. Pronto se dará cuenta que la abogacía no es lo suyo y acude a su protector el duque de Choiseul, quien decide meterlo en el ejército, donde entregándole un despacho de suboficial, podrá aprovechar el tiempo libre del devenir cuartelero, dedicándolo a la lectura y a sus largas meditaciones solitarias.

Incorporado al regimiento de infantería de Foix, éste cambio en su vida le va a resultar providencial, pues sin saberlo, se encuentra a las puertas de lo que será el futuro de su vida iniciática, pues siguiendo los consejos de su capitán es recibido en masonería. Iniciado Aprendiz en una Logia militar de nombre Josué, en agosto de 1765, prosigue su avance por los grados azules, pero la iniciación verdadera está por venir y ésta iba a cambiar su vida profundamente y su futuro espiritual.

Su capitán, de nombre Grainville, al igual que un cierto número de oficiales, están en estrecha relación en Burdeos –donde está estacionado su regimiento- con un maestro extraordinario que ejerce una considerable influencia sobre sus discípulos. Se trata de Martinès de Pasqually.

Desde el mismo momento en que Saint-Martin es introducido en la Orden de los Elegidos Coens, no deja de avanzar en el descubrimiento de los misterios, subiendo rápidamente las diversas etapas de su jerarquía específica y muy pronto entrará en contacto directo con Martines de Pasqually. A partir de 1768 la relación va ganando importancia, hasta que finalmente en 1771, Saint-Martin se convertirá en Secretario del Soberano Gran Comendador de la Orden en sustitución del abad Fournié. Saint-Martin, será de gran utilidad a Martinès que tenía gran necesidad de organizar su Orden y debía entregarse a un importante trabajo de correspondencia y escritura, entre el que destacaba en particular los cuadernos de instrucciones reclamados por los adeptos, y entrando en relación con los diversos jefes de las Logias Coen, entre ellas, la de Lyon y Jean-Baptiste Willermoz.

Tras la súbita e inesperada desaparición de Martinès de Pasqually, Saint Martin, habiéndose quedado solo en Burdeos, no sabiendo que hacer, acepta la invitación propuesta por Willermoz de ir a enseñar a Lyon. Por los alrededores del 10 de septiembre de 1774, Saint-Martin llega pues a la capital de las Galias y descubre, por vez primera, el rostro de Jean-Baptiste Willermoz, así como del resto de hermanos de la Orden.

Willermoz ofrece una calurosa acogida a Saint-Martin, y lo instala en su casa, la casa Bertrand, que el mismo ocupa con su familia en los Brotteaux en Lyon. Aquí es donde vivirá Saint-Martin durante su estancia, y donde se desarrollarán las lecciones a los Elegidos Coens. Sin embargo, la Orden entrará progresivamente en declive hasta su desaparición, y por su parte, Willermoz y Saint-Martin, van a aprovechar la doctrina recibida de su maestro, Martinès de Pasqually, de manera bien distinta: Willermoz, aplicándola al Régimen Escocés Rectificado que estaba a punto de impulsar, Saint-Martin, derivando hacia la “vía cardiaca” o según “lo interno” marcando una vía contemplativa y mística, reflejada en numerosas obras y escritos, que ya a principios del siglo XX, “Papus”, el Dr. Gerard de Encause, recogerá y aportando toda una serie de elementos de cábala y otros absolutamente ajenos a lo que Louis-Claude de Saint-Martin había siempre propugnado, dará lugar a lo que ha llegado a nuestro días bajo el nombre de “Orden Martinista”.

La Estricta Observancia Templaria

El sistema de altos grados nacido en Alemania, más importante por su influencia en el desarrollo de la Masonería europea, fue sin duda alguna la Estricta Observancia. Su fundador fue el barón Kart Gotthelf von Hund un Altengrottkau (1722-1776). Recibido francmasón en Frankfurt, residió largas temporadas en París donde fue iniciado en los grados escoceses. En 1751, fundo en su propiedad de Kittlitz una logia en la que introdujo un nuevo sistema de altos grados en la que se enseñaba que la Orden de los Francmasones no era más que una asociación continuadora de la Orden del Temple, destinada a perpetuar su existencia y dirigida por “Superiores Desconocidos”. El mismo Hund declaró posteriormente haber sido admitido en París en la orden del Temple por el “Caballero de la Pluma roja”, jefe supremo de los “Superiores Desconocidos”, que no era otro que el Pretendiente al trono británico Carlos-Eduardo Estuardo. En 1772, con motivo de un Convento general llevado a cabo en Kohlo, se repudió solemnemente la dependencia de la Orden de cualquier “Superior Desconocido”. Hund tuvo que dimitir de sus funciones a favor del duque Ferdinand de Brunswick y Lunnebourg.

En realidad, la Estricta Observancia, pretendía la reinstauración de manera efectiva y real de la Orden del Temple, y reclamar al papado y a todos los gobiernos de los distintos países donde el Temple había existido, la devolución de los bienes confiscados y entregados la mayoría de ellos a la Orden de Malta. Como podrán suponer, una Orden con tales pretensiones, no era bien vista por parte de ningún gobierno de ningún país europeo. Por otro lado, más tarde, el mismo Willermoz, cuando tuvo ocasión de compulsar los rituales de los distintos grados de la Estricta Observancia, declaro “que había encontrado un sistema sin bases y sin pruebas” lo que acabó por disgustarle totalmente.

Con todo, Jean-Baptiste Willermoz, contacta con este sistema de manera casual, a través del barón Weiler, miembro de una Logia de Estrasburgo y emisario del barón Hund. Podemos decir hoy sin temor a equivocarnos que el germen del Régimen Escocés Rectificado, nació como fruto de una mala interpretación epistolar. En carta del 18 de marzo de 1773, el barón Weiler, responde a Willermoz, entre otras cosas: “...puedo asegurarle que no nos andamos con charlatanerías (...) tenemos como objetivo restablecer la Orden, en la medida que nuestras posibilidades y los tiempos que corren lo permitan, a su primer estado...”[8]. “Restablecer la Orden a su primer estado”: en la mente de los miembros de la Estricta Observancia estaba restablecer la Orden del Temple, pero Willermoz entendió esta formulación en un sentido totalmente diferente: creyó entender, que de lo que se trataba era de restablecer la Orden Masónica a su estado primitivo que era el suyo antes de que degenerara, tal y como se había producido en Francia y en todas partes donde había podido investigar.

El malentendido esta clarísimo: para el barón Hund y los suyos, la Masonería vela la Orden del Temple; para Willermoz y su grupo, la Masonería es más antigua y más esencial que la Orden del Temple, y no hizo que pasar durante algún tiempo a través de esta última. A pesar de ello, la adhesión de los Hermanos del grupo de Willermoz al proyecto de la Estricta Observancia, se lleva a cabo en 1773 para los de Estrasburgo y en 1774 para los de Lyon y Burdeos. A partir de aquí, empiezan unos y otros a trabajar las propuestas, que habrían de constituir la “rectificación” de la Masonería, y que tendría lugar entre agosto y septiembre de 1782 en Wilhemsbad, cerca de Anau (Alemania), y que daría lugar al nacimiento del Régimen Escocés Rectificado.

El Convento de Wilhemsbad

Dicho Convento General fue presidido por el duque Ferdinand de Brunswick y Lunnebourg, que hasta entonces ostentaba la Gran Maestría de la Estricta Observancia. Fueron convocados al Convento, representantes de todas las tendencias masónicas existentes en Alemania y Francia, incluyendo al grupo denominado de los “Iluminados de Baviera”. Por su parte, Willermoz, presentará su propuesta apoyándose en dos elementos de valor: una forma noble, bella e incluso suntuosa, prestigiosa y atrayente (la Estricta Observancia); y una doctrina de la que tiene la certeza que es verdadera. Pues bien estos dos elementos, los va a ajustar y reunir en uno solo, y es en esto precisamente lo que constituye su gran obra. Va a extraer del sistema de Martinès de Pasqually, la Orden de los Elegidos Coen –sin por otra parte tocar nada de ésta- el tesoro que ella encierra: su doctrina, e infundirla, e incorporarla, a esa otra forma inerte pero bella, a ese cuerpo sin espíritu que es la Estricta Observancia, después de haber despojado previamente a ésta última de su embarazoso enclaustramiento templario. En definitiva, va a “destemplarizar” la Estricta Observancia para hacerla “martinizista”, y lo resultante será: el Régimen Escocés Rectificado.

La pugna entre las distintas posiciones y tendencias presentes en Wilhemsbad será muy fuerte. Se libró una denodada batalla entre los partidarios de una masonería presidida por la “razón” y los partidarios de las tesis de Willermoz que pretendían una Masonería, verdaderamente útil al hombre, capaz de elevarlo y hacerlo digno de su grandeza de origen. La batalla fue brutal y a pesar de triunfar el proyecto de Willermoz, los que salieron perdedores de Wilhemsbad, fueron los ganadores pocos años después de la Revolución francesa (1789-1799), imponiendo a la práctica los planteamientos propios de la masonería liberal.

El Régimen Escocés Rectificado

Así pues, el Régimen Escocés Rectificado fue gestado en Francia entre 1774 y 1782, por dos grupos de Masones de Lyon y Estrasburgo, entre los cuales podemos citar a Jean y Bernard de TURKHEIM y Rodolphe SALTZMANN (Estrasburgo) y sobre todo por Jean-Baptiste WILLERMOZ (Lyon 1730-1824) quien fue su alma pensante. La arquitectura del Régimen fue su obra, y él fue quien dió forma a la doctrina que este Rito comporta.

Desde el punto de vista formal, el Régimen Escocés Rectificado tiene tres orígenes; desde el punto de vista espiritual, tiene dos fuentes o inspiraciones.

En cuanto a la estructura y simbolismo tanto masónico como caballeresco, los tres orígenes del Régimen son:

1. La Masonería francesa de la época, con su proliferación de los grados más diversos (Willermoz los conocía todos y practicó muchos de ellos) y que una vez depurada, sería estructurada hacia 1786-1787 en un Sistema que llevaría más tarde el nombre de "Rito francés", con sus tres grados y cuatro ordenes; sin olvidar los diversos grados cuya combinación constituye lo que se ha venido a llamar el "escocismo". En el bien entendido, que la noción Rectificada de "escocismo" no tiene nada que ver con el concepto que, por ejemplo, se tiene actualmente en la masonería española. En ese aspecto, y entendiéndolo como aquí se entiende, es preciso subrayar que el Régimen Escocés Rectificado, tiene de escocés solo el nombre, aunque sin embargo guarda en sí mismo, todos los elementos de la tradición Escocesa.

2. El Sistema propio de Martinez de Pasqually, personaje enigmático aunque inspirado, al que tanto Willermoz, como Louis-Claude de Saint-Martin, reconocieron siempre como a su Maestro, denominado "la Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coens del Universo".

3. La Estricta Observancia, también dicha "Masonería rectificada" o "Reformada de Dresde", sistema alemán en que el aspecto caballeresco primaba absolutamente sobre el aspecto masónico, y que pretendía ser, no ya la heredera, sino que iba mucho más allá y pretendía reinstaurar la antigua Orden del Temple abolida en 1312.


Las dos fuentes espirituales son:

· La doctrina "esotérica" de Martinez de Pasqually cuyo contenido esencial versa sobre el origen primero, la condición actual y el destino último del hombre y del universo.

· La tradición cristiana indivisible, nutrida por las enseñanzas de los Padres de la Iglesia.

Conclusión

El Régimen Escocés Rectificado tiene por finalidad el mantener y fortificar, no solamente en la Orden Interior, sino también en las Logias masónicas, los principios sobre los que se sustenta, que son:

· La fidelidad a la religión cristiana, fundamentada en la fe en la Santísima Trinidad.
· La adhesión a los principios y tradiciones, tanto masónicas como caballerescas, del Régimen, que se traducen en profundizar en la fe cristiana y en el estudio de la doctrina esotérica cristiana, enseñada en la Orden.
· El perfeccionamiento de uno mismo por la práctica de las virtudes cristianas con el fin de vencer las pasiones, corregir los defectos y progresar por la vía de la realización espiritual.
· La dedicación a la patria y al servicio de los demás.
· La práctica constante de una beneficencia activa y esclarecida hacia todos los hombres, sea cual sea su raza, nacionalidad, situación, religión y sus opiniones políticas o filosóficas.

En definitiva, como ha sido dicho, la realización espiritual que el Régimen Escocés Rectificado propone como objetivo a sus miembros, proporcionándoles los medios para conseguirlo, es la de volver a ser hombres verdaderos, templos de Dios, Uno en tres Personas".

Creo haber dejado bastante claro los orígenes cristianos de la Masonería y la permanencia en el tiempo de una Masonería cristiana que aquí les he presentado, pero que no es la única existente, porque todos los sistemas masónicos han sido en su origen cristianos. Otra cosa es en lo que se hayan vuelto desde entonces hasta hoy.

En el Gran Priorato de Hispania, hemos empezado a practicar también el Rito Francés, rito practicado mayoritariamente por el Gran Oriente de Francia, aunque en nuestro caso y por el momento empezaremos trabajando la Cuarta Orden, la de Caballero Príncipe Rosa+Cruz. Pues bien, daré un fragmento del Catecismo por Preguntas y Respuestas del Ritual de Príncipe Rosa+Cruz:

P. - ¿Quién fue el primer Escocés?

R. – San Juan Bautista.

P. – ¿Quién fue el primer Rosa+Cruz?

R.- El Salvador J. C.

P. - ¿Quiénes fueron el segundo y el tercero?

R. – El primer y el segundo Vigilante de N.S.J.C.

P. - ¿Cómo se llaman?

R. – San Pedro y San Pablo.

P. - ¿Cuál es el nombre del Rosa+Cruz sustituto que gobierna todas las Logias de este grado?

R. – Nuestro Santo Padre el Papa. Masón o no, es el jefe del Capítulo y debe salir su santidad.


Oviedo, 8 de mayo de 2008
[1] Eduardo R. Callaey. La Masonería y sus Orígenes Cristianos – El esoterismo masónico en los antiguos documentos Benedictinos. Editorial Kier, Buenos Aires, 2006.
[2] Manuscrito Cooke, Circa, 1410/1420. Autor anónimo.
[3] Op. cit. Págs. 150-151.
[4] Manuscrito Regius, 1390. Manuscrito Cooke, 1410/1420. Estatutos de Ratisbona, 1459.
[5] (L.-C. de Saint-Martin, Le Tableau natural, capit. XX, Difusión rosicrucienne, 2001, págs. 361-363.)
[6] Orígenes, Los Principios, III, 5, 4, K.
[7] Jean-François Var, Jean-Baptiste Willermoz, su obra”, Edit. Marsay Ediciones, Sevilla-2001, pág. 114.
[8] Jean-François Var, Jean-Baptiste Willermoz, su obra”, Edit. Marsay Ediciones, Sevilla-2001, pág. 87.

martes, 9 de septiembre de 2008

Masonería Cristiana en la Argentina

Nacimiento del Régimen Escocés Rectificado en Buenos Aires


Jean Baptiste Willermoz
1730-1824


A todos los M.·.M.·. de la República Argentina:


Tenemos el fraternal agrado de informar que con fecha 18 de agosto de 2008 ha sido constituido en Buenos Aires el Triángulo Masónico Rectificado “Cruz del Sur” Nº 7 según Decreto 2008/3 del Directorio de las Logias Escocesas Reunidas y Rectificadas bajo los auspicios del Gran Priorato de Hispania.

El Régimen Escocés Rectificado reúne en su seno a masones cristianos. Su doctrina, en sintonía con los escritos de los Padres de la Iglesia y con las enseñanzas del esoterismo cristiano constituye un sistema completo en sus dos aspectos, tanto masónico como caballeresco.

Quienes constituimos este Cuerpo Masónico creemos llegado el momento de establecer el Régimen Escocés Rectificado en el territorio nacional, cuya doctrina, basada en la fe cristiana y en las enseñanzas del esoterismo cristiano permiten la práctica de una Masonería Tradicional que ha mantenido intacta su pureza original.

De esta forma, iniciamos el camino para los masones argentinos imbuidos del espíritu cristiano que sostiene a la Masonería desde sus orígenes medievales, apartándonos de la confusión conceptual entre ausencia de dogma y carencia de doctrina, con la serena convicción que nunca abandonó nuestros corazones.

En un hecho sin precedentes en la historia masónica del país, se abre ahora el acceso a una vía iniciática masónica, cristiana y tradicional, coherente de principio a fin, ausente de contradicciones y pura en su fuente, que se remonta a los célebres conventos realizados en las Galias (1778) y en Wilhemsbad (1782).


El Triángulo Masónico Rectificado “Cruz del Sur Nº 7” tiene su asiento en los Valles de Buenos Aires y sus puertas se abren a los buenos Hermanos Masones que asuman en lo más profundo de su ser los siguientes principios:

La Fidelidad a la religión cristiana, fundada en la fe en la Santísima Trinidad.

La adhesión a los principios y tradiciones, tanto masónicas como caballerescas, del Régimen, que se traducen en profundizar en la doctrina esotérica cristiana, enseñada en la Orden.

El perfeccionamiento propio por medio de la práctica de las virtudes, con el fin de vencer las pasiones, corregir los defectos y progresar por la vía de la iniciación y la realización espiritual.

La dedicación a la Patria y al servicio de los demás.

La práctica constante de una beneficencia activa y esclarecida hacia todos los seres humanos, sea cual fuere su raza, nacionalidad, situación, religión y sus opiniones políticas o filosóficas.


miércoles, 3 de septiembre de 2008

Masonería Cristiana




La Masonería no es una religión. Sin embargo, todos sus símbolos provienen de la tradición cristiana y, por asimilación incuestionable, de la judía. Proclama la existencia de un Orden Superior al que denomina Gran Arquitecto del Universo y sus orígenes permanecen indisolublemente ligados al cristianismo medieval, a los modelos religiosos de la Biblia y al lugar más santo para los judíos y los cristianos: Jerusalén, asiento del Templo de Salomón y del Santo Sepulcro.

No posee un dogma, sin embargo, hasta mediados del siglo XIX no fue posible la existencia de obediencias masónicas que permitiesen oficialmente la pertenencia de ateos. Aun hoy la denominada francmasonería regular es presa de una intensa confusión en torno a esta cuestión, al punto que muchas Grandes Logias que se proclaman regulares admiten ateos y se vuelven cada vez más laxas en torno al uso del Volumen de la Ley Sagrada y la creencia en la trascendencia del Alma.

Que la francmasonería no posea un dogma no implica que no posea una doctrina. Los antiguos documentos liminares hablan de su vocación cristiana, de sus Santos Patronos y del carácter trinitario de su doctrina. Jean-Françoise Var –figura prominente del Régimen Escocés Rectificado- destaca el hecho de que muchos buenos hermanos se ofuscan cuando oyen mencionar la existencia de una doctrina en la masonería, circunstancia que atribuye a una confusión respecto de la diferencia entre dogma y doctrina. Dice el H. Var:

La palabra doctrina está en relación etimológica con el verbo doceo “enseñar”. La doctrina es lo que es enseñado por un doctor, un maestro, un profesor, a aquella persona que, gracias a ello, se va a convertir en doctus, instruido, en sabio. Ahora bien, ¿cómo actúa la Masonería? Es evidente que por vía de la iniciación, pero al mismo tiempo por vía de la enseñanza. Toda la Masonería está integrada de enseñanzas. Y especialmente la Masonería Rectificada, en la que esta enseñanza es, en cierto modo, el hilo conductor que guía a sus miembros a lo largo de su recorrido iniciático”.

Reconocidos los orígenes cristianos de la Masonería cabe preguntarse ¿por qué provoca tanto escándalo en algunos medios masónicos la intima vinculación de ésta con la fe cristiana? A tenor de lo expuesto pondré como ejemplo el conjunto de grados conocido como Rito Escocés Antiguo y Aceptado, tal vez el más difundido y numeroso en los países latinos. Sabido es que en sus Altos Grados los últimos son trinitarios y que a esas “alturas” el G.·.A.·.D.·.U.·. es denominado por su nombre: Dios, y que por él juran creyentes y ateos en un acto de hipocresía indigno de masones. Las actas de los Supremos Consejos esparcidos por el mundo están plagadas de invocaciones a Dios y a La Santísima Trinidad.

He sido testigo presencial de las más insólitas interpretaciones en torno a la doctrina del grado de Caballero Rosacruz, tan evidentemente cristiano que resulta irrisoria toda intención de vaciarlo de contenido religioso. Pero pues de esto se trata: La masonería denominada “progresista” lleva dos siglos intentando vaciar de contenido religioso a las enseñanzas fundamentales de su propia doctrina.

En la medida en que se introdujeron en la masonería corrientes marcadamente hostiles a las religiones, se pretendió establecer la idea de que su sistema simbólico carecía de todo principio vinculado a la fe, lo cual es falso. Si no fuese así ¿Qué sentido tendría la inclusión de las Virtudes Teologales en el Cuadro de Dibujos del Primer Grado del R.E.A.A.? ¿Qué haría allí la Cruz?

Dice Raimon Panikkar que el símbolo no es ni meramente objetivo (no es la imagen) ni puramente subjetivo (no es nuestra vista de ella). La conciencia simbólica no es conceptual, no es obra de la mente. Se nos abre en la experiencia, en el toque directo en el que la dicotomía objeto-sujeto no existe, y del que somos concientes.

Las mutaciones introducidas en los rituales masónicos a lo largo de los últimos dos siglos –circunstancia de la que, vale aclarar, no sólo ha sido víctima el REAA- hechas en nombre de la modernidad y del progreso, son la causa subyacente de la insólita situación a la que nos vemos expuestos los masones cristianos, excomulgados por los Pontífices Romanos como consecuencia de circunstancias históricas hartamente explicadas, pero también excomulgados por muchos de nuestros propios hermanos que aplican la tolerancia en modo selectivo.

Desde la aparición de las corrientes masónicas racionalistas materialistas, la idea del Gran Arquitecto del Universo se vio interpretada de las más diversas formas, negándose en algunos casos que se tratase de Dios; sin embargo la francmasonería es una institución antigua; tan antigua como el arte arquitectónico que dio nacimiento a todas las construcciones sagradas del mundo antiguo. Es por ello que su simbolismo se basa en las herramientas que utilizaron los antiguos constructores que erigieron, en todo el orbe, los templos consagrados a sus dioses. Por lo tanto, su trabajo tiene un carácter peculiar; sin ser sagrado se mantiene en el ámbito de lo consagrado. Sin ser religioso participa de una dimensión universal que alcanza –y sostiene- la concepción de Creador, Dios, el Gran Arquitecto del Universo.

Para Panikkar, el icono es realmente icono cuando se ha vuelto transparente y deja entrever, no lo que está detrás ni tampoco lo que se encuentra contenido en su interior, sino cuando se descubre como símbolo que envuelve a quien lo contempla. “...Uno de estos iconos, desde tiempos inmemoriales, se ha llamado Dios...”[1] Es por ello que la experiencia de Dios forma parte del trabajo masónico.

Pero como hemos dicho, existen corrientes masónicas que niegan esta relación. Las raíces de este conflicto pueden encontrarse en el siglo XIX, cuando los Grandes Orientes de Francia y Bélgica suprimieron, en 1865, la exigencia del reconocimiento de la existencia de Dios para pertenecer a las logias. Es conveniente señalar que la masonería regular –que nunca abandonó el concepto del G.A.D.U. y que jamás adhirió al cisma francés- no pudo evitar que estas ideas penetraran en sus filas generando profundas contradicciones que aún subsisten y se profundizan.


Existe sin embargo, en medio de este mar de confusión, una Masonería Cristiana que, lejos de arrastrar tales contradicciones constituye un sistema masónico completo, denominado Régimen Escocés Rectificado, a cuya historia y doctrina dedicaremos las próximas notas de este blog.

viernes, 4 de julio de 2008

De Instrumentis Aedificorum


Rabano Mauro


Continuando con la publicación de textos medievales relacionados a la masonería cristiana primitiva, tenemos el agrado de presentar a la consideración de nuestros lectores un texto inédito en español, esencial para la comprensión de la relación entre las alegorías benedictinas en torno al arte de la construcción y el simbolismo masónico. Se trata de una obra del abad de Fulda y Arzobispo de Maguncia Rabano Mauro (Siglo IX), discípulo de Alcuino de York y sucesor de la tradición iniciada por Beda el Venerable, relacionada con la simbología de los instrumentos de la construcción.


La traducción corresponde al Lic. Jorge Sanguinetti, quien recientemente publicara "Masonería y Espiritualidad" (Editorial Kier, Buenos Aires, 2007). Una semblanza completa sobre Rabano Mauro -que puede consultarse completa en "La Masonería y sus Orígenes Cristianos" (Callaey, Eduardo; Editorial Kier, Buenos Aires, 2006), será publicada próximamente en este mismo blog.



De Instrumentis Aedificorum
De las herramientas de edificar




Las PAREDES han de elevarse siguiendo las normas y con ajuste a la plomada.Hay una Norma, - es voz de origen griego – sin la cual nada bueno puede hacerse, que se compone de tres reglas de tal forma que sean dos.Que un triángulo de base doble tenga dos semibases de diez pulgadas definidas de igual longitud que se unan al ángulo superior de tal manera que formen un triángulo y será la norma.REGLA se llama así porque es recta como una reglita [rectula] y no tiene obstáculo.

A la PLOMADA se la llama perpendicular porque siempre pende: por tanto si en las construcciones no se hicieran todas las cosas con plomada y con regla precisa, todo sería falso, de tal forma que unas cosas quedarían torcidas otras yacentes, algunas inclinadas, otras revueltas, y consecuentemente se arruinaría todo lo que así fue mal edificado.

Es menester comprender la razón ecuánime que implican la regla y la plomada, de modo que todos nuestros trabajos, en conformidad con la enseñanza de las santas escrituras y con la regla de la recta fe, los hagamos a la plomada de la sana doctrina y conforme a lo que enseñan los preceptos divinos. Así nuestras obras serán útiles a nuestra salud; de lo contrario quien trabaje de otra manera perderá su labor porque si el señor no edificara la casa en vano trabajarían los que la edifican.

El nombre de la TRULLA viene de que puja y repuja [trudit et detrudit], es decir afirma las piedras con cal o lodo. La trulla de cementar simboliza la edificación espiritual de Dios que el mismo óptimo artífice realiza en la construcción de su iglesia. Por donde en el profeta Amós se dice:He aquí al señor sobre el borde del muro y en su mano una trulla de cementar y me dijo: ¿Qué ves, Amos? Y dije: Una trulla de cementar. Y dijo el señor: he aquí que pongo una trulla en medio de mi pueblo de Israel, ya no aprobaré sus edificaciones ni tendré misericordia de él, y demoleré sus altares de ídolos en las cumbres y los santuarios de Israel será desolados.[1]

El Señor pues, que es el constructor de las murallas y de la piedra angular, amenaza con apartar la trulla de su protección al pueblo de Israel, porque él es su protección y, por así decir, la vestidura de la pared. Apartada su trulla entonces serán demolidos los lugares excelsos de los ídolos y desolados o destruidos los santuarios de las diez tribus de Israel.

En sentido anagógico empero el señor Cristo también está sobre el firmísimo muro de sus apóstoles y santos a quienes concedió que ellos mismos fueron llamados muros firmísimos. Por donde a Pedro le dijo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán en contra de ella, porque si el señor con su auxilio no defendiera los muros perderían toda su fuerza, mientras que en la medida que los proteja así serán de robustos, de forma que se podría decir si pasaras por el fuego la llama no te abrasará,, cuanto más te castiguen las tentaciones tanto más fuerte serás, y por el nombre del salvador en los suplicios te alegrarás.

ESCALERAS llamadas así de escalar, es decir ascender, se adhieren a los muros. Se dice escaleras sea porque les corresponde nombre plural o porque hay muchas, porque la palabra es plural a la manera como a una epístola se la llama letras. Las escaleras significan pues el provecho de los santos por sus predicaciones. Por donde en el Génesis se lee que Jacob en sueños vio una escalera apoyada en la tierra y su cima tocando el cielo. Este sueño de Jacob es la muerte o pasión de Cristo.

La piedra que en sentido literal fue su almohada, también significa al Cristo ungido. Cristo es la cabeza del hombre, porque quien todavía no conoce a Cristo tiene que ungirse.A Belén se la llama puerta de Dios porque allí nació Cristo. También puerta del cielo pues por allí descendió a la tierra, y de nuevo al cielo ascendió. Erigir la piedra[2] es la resurrección de Cristo.

Además Cristo es la escalera porque dijo: Yo soy el camino, por el que ascendían y descendían los ángeles; por los cuales se significan los evangelistas predicadores de Cristo, pues también ellos ascendían.En cuanto a interpretar la CUMBRE [de la escalera] de su eminentísima divinidad, ella excede a toda criatura y así se lee que en el principio era el verbo y el verbo era cabe dios y dios era el verbo por quien todas las cosas fueron hechas las que descienden para venir al encuentro del hecho de mujer. Fue hecho conforme a la ley a fin de redimir a los que conforme a la ley vivían.


De los madereros.


Madereros se llama a los obreros de la madera, Carretero es el nombre especial de quien por oficio arma carruajes, como naviero es de quien sólo fabrica barcos, y obrero techador se llama al quien de variadas tablas de madera arma la estructura del techo, es decir es un maderero que arma techos de madera. Por madereros pues, carreteros y techadores pueden entenderse los santos doctores y predicadores del evangelio que preparan el edificio espiritual con sus sermones y buenos ejemplos. Sea que de los nuevos creyentes edifiquen una casa a Dios, sea que restauren el edificio espiritual increpando y corrigiendo a aquellos a quienes el error de la herejía o del cisma hubiera contaminado. Por donde en el Éxodo se dice de los carreteros Y serán distribuidos en áreas de obreros de la madera y del cemento, los cuales establecían los techos de la casa de Dios.Ahora bien, se llama MATERIA[3] a todo leño del cual se puede fabricar algo, como una puerta o una estatua. Además, por materia debe siempre entenderse como cuando de los elementos decimos que son la materia de las cosas, porque percibimos que de ellos están hechas las cosas. Y se dice materia como diciendo madre [mater].

Por materia puede entenderse místicamente a la humana criatura, pues el sumo creador por sus obreros, es decir los santos doctores, prepara los variados ornamentos de la iglesia, y edifica los vasos aptos para su ministerio.VIGAS se llaman las que puestas de través soportan ambas paredes, pero una cosa son los TIRANTES y otra las VIGAS. Los tirantes obran junto a las vigas. Las vigas son tirantes labrados para ser vigas.

En el libro de los Reyes está escrito:Puso Salomón vigas en la casa alrededor y por fuera que no quedaran adheridas a los muros del templo, etc.... [4]¿Qué se designa por las vigas que armadas sostenían los muros y la edificación sino simbólicamente los santos predicadores, pues a ellos está asignado un lugar en la iglesia sublime y honorable? Con sus predicaciones apartan a los débiles y frágiles de la vida sensual y los elevan a desear y esperar las cosas celestes y también los ayudan con su intercesión para que persistan en el nuevo camino.

De las vigas también se habla en el evangelio donde dice: ¿Por qué entonces ves la brizna en el ojo de tu hermano y no ves la viga que hay en tu ojo? Aquí por viga puede interpretarse un mayor pecado y principalmente la envidia. La brizna es un pecado menor como por ejemplo la súbita ira.Tirantes se dice por tablón [asser ab asse] porque se ponen solos y no juntos. Las CHAPAS se llaman así porque se escinden, esto es se obtienen por división [scindula a scindere] .

Por las vigas que se colocan en el techo de la casa, un poco puede entenderse la paciencia, o la caridad que cubre la multitud de los pecados, y en el Salmo dice el profeta: Bienaventurados a quienes son perdonados las iniquidades, y cuyos pecados son cubiertos.Las CLAVIJAS y los CLAVOS son los que se adhieren a la madera. Los clavos se dicen casi por cabilos, porque se hacen de calibe, es decir hierro. Calips es hierro. Místicamente se entiende por clavos a la predicación de los santos pues se comprende que fijan el corazón de los hombres.

Por ello Salomón escribió que las palabras de los sabios son como acicates y como clavos clavados en el cielo.Las TABLAS eran llamadas por los antiguas tagula, a saber por tegendo que significa cubrir, resguardar. ENSAMBLADURA o EMPALME es la unión de las tablas. Las tablas pueden significar a los fieles oyentes, porque son sostenidos por las vigas o traviesas, es decir por los santos doctores. Así también la ensambladura de los fieles puede entenderse de la caridad que los anima.SECCIÓN proviene de seguir lo que se ha comenzado, porque seccionar es seguir.

SIERRA toma el nombre de la estridencia que produce al aserrar. Puede significar la persecución que los infieles hicieron de los Cristianos. Por donde en el apóstol leemos fueron lapidados, cercenados, murieron a espada. Y de Isaías profeta la escritura narra que fue cortado con una sierra de madera.

El COMPÁS girando traza el círculo y su modo es la línea que se reencuentra, que se extiende a todo lo largo. El PUNTO en medio del círculo los griegos lo llaman CENTRO, el medio a donde todas los puntos convergen. Sobre el compás y algunos otros instrumentos del artesano se hace mención en Isaías al referirse a la confección de ídolos, y se dice: El herrero ha obrado con la lima, y con la fragua ardiente y el martillo lo formó y le dio forma.

Con la fuerza de su brazo el maderero se propuso el modelo, y lo formó con la garlopa y en la escuadra y el compás, lo torneó, e hizo una imagen de un varón como un bello hombre que habita en la casa; puedes narrar todo o que ha sido dicho de los ídolos. Y a los príncipes de herejías, los que con astucia componen los simulacros de sus dogmas y del falso artesano, y veneran aquellas cosas que saben que son simulaciones, no les alcanza con el propio error sino que adulándo confunden a los simples quienes creen que su melancolía es piedad, mientras ellos devoran las casas de las viudas abusando de la ineptitud del vulgo. Y con el arte de la dialéctica, casi con una sierra, cartabón, lima y caballete fabrican su señor. Y forjan a martillo y doran con galas retóricas del discurso, cuyo dios es el vientre, y su gloria será confusión.

El HACHA es herramienta de talar árboles: de un lado tiene filo y del otro es una azada. A esta los antiguos la llamaban pluma, y a la que tiene filo por ambos lados la llamaban bipluma. Porque biplume se dice de la que tiene ambos lados afilados como si tuviera dos puntas, porque los antiguos llamaban puntudo a lo filoso. Acerca del hacha, así hablaba Juan Bautista a los Judios: Ya el hacha esta a la raiz del árbol, el árbol de este mundo es el universo género humano.

El hacha pues es nuestro redentor que consta de mango y hierro lo que se interpreta de la humanidad, pero porque escinde lo es de la divinidad, a saber que el hacha ya está puesta a la raíz de este árbol, que si con paciencia se espera, se verá lo que ha de hacer. También puede entenderse por hacha la predicación del discurso evangélico, el cual, según el apóstol, es palabra viva y eficaz de Dios y mas penetrante que cualquier voraz espada. Y que alcanza hasta la juntura del alma carnal y del espíritu, y revela los pensamientos. Y Jeremías profeta compara el verbo del señor a un hacha hiriendo la piedra, o sea que hacha significa la sentencia del juicio del altísimo que está puesta a la raíz de los árboles, esto es, para terminar con el reino del pueblo Judaico, para que a aquellos que no quisieron creer en Cristo los escinda de la tierra de los vivos.

AZUELA proviene de astulis que significa los fragmentos que la azuela corta de la madera; su diminutivo es azuelilla. Tiene un mango pequeño y del otro lado hacia atrás tiene un simple martillo o un socavado o un hoyuelo doble. Sobre el hacha, la azuela y el de doble filo está escrito en el Salmo donde se rememora la destrucción del templo del señor, con hachas derrumbaron las puertas, se dice allí. Con hacha doble y con azuela la derribaron, por hacha se indica la tribulación de este siglo.Con la azuela se designa la persecución que los perversos hacen de los santos hasta el martirio, con la doble hacha la aflicción de los elegidos de Dios que padecen de los hombres malvados que los afligen con hechos y palabras.La CUCHILLA es apta para cortar o perforar, y su diminutivo es escalpelo. El TRÉPANO se llama así por un gusano de la madera que se llama trépano y que los griegos llaman teredonan. De aquí que tal trépano perfore deslizándose y traspasando como un gusano.EDIFICAR es hacer buenas obras o enseñar rectamente, como dice el apóstol; si alguien edificare sobre este fundamento oro plata piedras preciosas, y en otra parte del pueblo Judío Malaquías dice: Ellos edificarán lo que yo destruiré. Destruir es realizar una obra mala o enseñar lo erróneo, como Salomón dice uno edifica y otro destruye. Y en el buen sentido Jeremías dice: Para que destruyas y edifiques.LIMPIAR es expurgar de los vicios, a lo que toca el evangelio cuando dice: quiero, límpiate, e inmediatamente fue limpio de su lepra.
[1] La traducción de Cipriano de Valer pone plomada en lugar de trulla, y la versión de la Biblia de Jerusalén parece decir lo mismo:He aquí lo que me hizo ver el Señor Yahvé:Un hombre estaba al lado de un murocon un nivel de aplomar en su mano.Y Yahvé me dijo: ¿Qué ves Amos?Yo respondí: un nivel de aplomar.Y el Señor me dijo:Voy a pasar a nivel a mi pueblo de Israel,ya no más lo perdonaré.Los altos lugares serán devastados,los santuarios de Israel destruidos,y yo me alzaré con la espada contra la casa de Jeroboam.