Estimado Lector de Temas de Masonería

Todo el contenido de este blog está dirigido a la difusión de los orígenes, historia, simbolismo y alcances de la Masonería y la Ordenes de Caballería. Lo escrito es absoluta responsabilidad de su autor.

miércoles, 11 de junio de 2014

“La Francmasonería – Memoria inédita al Duque de Brunswick” de Josep de Maistre

Una de las obras fundamentales de la francmasonería del siglo XVIII acaba de ser editada por Ediciones del Arte Real (masonica.es). Nos referimos al libro de Josep de Maistre titulado “La Francmasonería – Memoria inédita al Duque de Brunswick” cuya introducción debemos a Émile Dermenghem y la traducción a Ramón Martí Blanco.



Iniciaremos este breve comentario dando la palabra al propio Dermenghem:

“Es en el curso de un trabajo de investigación de la influencia del esoterismo sobre el pensamiento maistriniano que he obtenido la autorización para copiar los textos inéditos de los archivos familiares del escritor. La pieza principal del expediente «Illuminés» es la Memoria al duque de Brunswick-Lunebourg, Gran Maestro de la Francmasonería escocesa de la Estricta Observancia, en ocasión del Convento de Wilhemsbad (1782). Se trata de un verdadero tratado que sobrepasa en mucho, tanto en lo que se refiere a su longitud como en profundidad, al ámbito de una simple respuesta a la encuesta que lo había provocado. El estilo mismo de esta obra es digno de las mejores páginas del autor; menos oratorio que el de algunas obras de juventud publicadas (trozos de elocuencia impersonal destinados al Senado de Saboya o compuestos con motivo de unas exequias de la realeza), se eleva en ocasiones hasta lo patético y lo bello.


Sobre Joseph de Maistre

            Se trata, sin dudas, de uno de los personajes más singulares de la masonería del siglo XVIII, protagonista de la convulsionada etapa que comenzó con la transformación de la Estricta Observancia y culminó con la transformación de la antigua masonería y el advenimiento de un nuevo siglo en el que gran parte de los masones europeoa abrazaría la revolución.

            Joseph de Maistre es un caso paradigmático en la compleja trama que subyace tras el fenómeno masónico en el final del siglo XVIII. Constituye un problema para los católicos antimasones, pues si hay algo que está fuera de toda sospecha es justamente el compromiso de Maistre con la Iglesia Romana. Del mismo modo es un problema para los masones racionalistas, para quienes Maistre es una espina difícil de digerir, a la vez que el testimonio más elocuente de la religiosidad que inspiraba a vastos sectores de la francmasonería antes de que fuera agitada por los procesos revolucionarios del siglo XIX.

            De modo que Joseph de Maistre sufre una suerte de doble excomunión pues, como bien señala Maurice Colinon, henos aquí, “ante nosotros un hombre que, aristócrata, se ve acusado de haber derribado al orden privilegiado; emigrado, de haber contribuido a preparar la revolución; católico, de haber conspirado contra el altar; monárquico, de haber urdido un complot contra los reyes; y todo esto porque era indiscutiblemente, irrefutablemente, francmasón[1]

            Nacido en 1753, ingresó en la francmasonería hacia 1773, con tan sólo veinte años, en la logia Los Tres Morteros de Chambery. Antes de ello había tenido una educación católica a manos de los jesuitas de la congregación de la Asunción. A los quince años pasó a la cofradía de los Penitentes Negros. Tuvo activa participación en los grupos de exiliados saboyanos de Ginebra y Lausane y hasta predicó el catolicismo en Rusia.

            Su logia madre Los Tres Morteros no dejaba de ser una más de aquellas logias de mesa que abundaban en Francia, en la que Joseph de Maistre no podía sentir otra cosa que desazón y aburrimiento. Hombre muy culto, conocedor de las doctrinas de Saint Martín, no tardó en ser cooptado por la masonería escocesa en donde encontraría su ruta masónica. Junto con otros quince hermanos, se unió a la logia La Sinceridad, que por entonces –año 1778- estaba bajo la jurisdicción de Jean-Baptiste Willermoz, empeñado en la reforma la Estricta Observancia, que derivaría en el Convento de Wilhelmsbad.

            De Maistre pasó rápidamente a conformar el más selecto núcleo que rodeaba a Willermoz y se cree que alcanzó el grado de Gran Profeso, el último grado del Régimen Escocés Rectificado. Es por ello que su testimonio resulta de capital importancia para comprender la visión de la masonería tradicional frente a la irrupción de los elementos revolucionarios en Francia y, particularmente, de las ideas y objetivos de los Iluminados de Baviera.

De la bibliografía existente sobre Joseph de Maistre, la que aporta la información más fidedigna es la obra de Emile Dermenghem -que estamos comentando- de la que nos interesa rescatar la cuestión referente a los bávaros.

            Narra nuestro autor que cuando se publicaron las primeras acusaciones en torno al complot revolucionario de la francmasonería, Joseph de Maistre apenas se conmovió por estos duros ataques. Entendía perfectamente que había un objetivo en la masonería que él integraba, un objetivo que distaba mucho del perseguido por Weishaupt. Era consciente, al igual que muchos referentes de la Orden que uno de los objetivos debía ser la unificación de las Iglesias Cristianas, fragmentadas luego de la Reforma y producto de cruentas guerras religiosas.

            Pero cuando apareció la obra de Barruel (furibundo antimasón), Joseph de Maistre se sintió abrumado y en la necesidad de refutar sus acusaciones. Le enrostra ligereza y se encoleriza por la ignorancia de Lefranc frente al fenómeno del iluminismo. Sin embargo admite que algunos masones pudieron haber participado de la Revolución y que algunas logias pudieron haber tenido actitudes dudosas o abiertamente hostiles al rey como ocurre con el duque de Chartres, gran maestro del Gran Oriente de Francia, de quien nos hemos hablado in extenso en otras ocasiones. Hacia 1797, Joseph de Maistre estaba convencido de que las ideas revolucionarias se habían infiltrando poco a poco en las logias dependientes del Gran Oriente y que algunos dirigentes, llegado el momento de la Revolución, se habían servido de ellas.

Sin embargo, para Maistre el espíritu revolucionario y antirreligioso no había sido engendrado por el iluminismo. Antes al contrario, la corrupción del verdadero iluminismo era la consecuencia de la propaganda revolucionaria en las logias. Decididamente, consideraba que todo el mundo caía en una grave confusión en torno al iluminismo, al cual dividía en tres categorías entre las cuales, a su juicio, no había ninguna relación:

En primer lugar los francmasones corrientes, que resultaban absolutamente inofensivos. En segundo lugar los martinistas franceses y los pietistas silesios que no eran otra cosa que cristianos exaltados. En tercer lugar los Iluminados de Baviera liderados por Weishaupt. Maistre utilizaba el término “iluminista” con cierto aire peyorativo. Y si bien no le otorgaba a los bávaros la paternidad del complot revolucionario “creía que algunos grupos ocultos habrían podido imponerse como objetivo derrocar el trono y la Iglesia” y que “ciertos crímenes contemporáneos le parecía que no hubieran podido llevarse a cabo sin el apoyo secreto de alguna asociación...

En la medida que pasaron los años, Joseph de Maistre terminó dándole la razón a Barruel y cargando contra Weinshaupt y los illuminati. Hacia 1811 escribía “...No hay la menor duda; su jefe es conocido; sus crímenes, sus proyectos, sus cómplices y sus primeros éxitos lo son también... Ellos han formado el horrible complot para extinguir en Europa el cristianismo y la soberanía...

            Joseph de Maistre sabía que “la masonería pura y simple” no tenía nada de malo en sí misma y que no sabría cómo alarmar ni a la religión ni al Estado. Esa masonería nada tenía que ver con lo que él definía como la secta de los iluministas... una y a la vez muchas, “más bien un estado del espíritu que una secta circunscripta... el resultado de todo lo malo que se haya podido pensar en tres siglos... un monstruo compuesto de todos los monstruos, y si nosotros no lo matamos, nos matará”.
           
            En definitiva, estamos en presencia de un libro de carácter extraordinario respecto de su contenido como fuente histórica en el sentido más estricto, narrada por uno de los protagonistas de una etapa convulsa y difícil de la historia masónica. Puede adquirirse en Argentina a través de OliveCall Group








[1] Colinón, ob. cit p. 97.

lunes, 12 de mayo de 2014

La enigmática Orden fundada en el Cenáculo del Monte Sión

Con la llegada del papa Francisco a Tierra Santa se reaviva el conflicto en torno al Cenáculo del Monte Sión, lugar en el que Godofredo de Bouillón, lider de la primera cruzada, fundara la Orden de Sión que ha dado lugar al mito del famoso "Priorato de Sión". Cuando la ficción de Dan Brown se mezcla con la realidad...

Según un cable de la Agencia EFE, publicado con fecha 9 de mayo, grupos radicales judíos han llamado a la "guerra santa" por el presunto acuerdo entre Israel y el Vaticano sobre el futuro del Cenáculo del Monte Sión, que consideran una "catástrofe nacional", y han convocado una protesta mañana en el bíblico Monte Sión de Jerusalén. 

El texto del cable agrega que según el diario Haaretz, la manifestación, convocada a través de la emisora de los colonos Arutz 7 y de las redes sociales del movimiento colonizador, se celebrará junto al edificio en el que la tradición judía sitúa la Tumba del bíblico Rey David y la cristiana, el Cenáculo, el lugar donde Jesús celebró la Ultima Cena.

Esta reacción de los grupos integristas judíos es consecuencia del viaje que hará el papa Francisco a Tierra Santa entre el 24 y el 26 de este mes, y vuelve a poner sobre el tapete un tema del que poco se sabe pero que tiene que ver con uno de los grandes misterios que rodean a la Orden de Sión fundada en ese sitio por Godofredo de Bouillón en tiempos de la primera Cruzada.

La misma información de la Agencia EFE corrobora que la Santa Sede pide la entrega del Cenáculo desde hace décadas y que el problema forma parte de la agenda bilateral entre los dos estados desde que establecieron relaciones en 1993. El papa Francisco (agrega EFE) abordará el asunto con las autoridades israelíes en su próxima visita, que los nacionalistas judíos ven con temor por las implicaciones que podría tener.

Veamos de qué se trata todo esto y centremos ahora nuestra atención en el Cenáculo del Monte Sión, lugar donde se afirma que fue creada por los monjes italianos la Orden homónima. 

Actualmente, el edificio identificado como Coenaculum o Cenáculo –el lugar donde tuvo lugar la última cena- se encuentra bajo jurisdicción del Estado Israelí. Es una estructura de dos pisos dentro de un gran complejo de edificios en la cima del Monte Sión. El piso superior recuerda el lugar donde el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en Pentecostés, mientras que el inferior contiene un cenotafio que, desde el siglo XII, es considerado como la tumba de David. Bajo este complejo se encuentran cimientos cruzados, bizantinos y, más abajo, romanos. Se cree que el ábside ubicado detrás del cenotafio, que está en alinea con el Monte del Templo, pudo haber sido la sinagoga mencionada por el Peregrino de Burdeos en el año 333, uno de los más antiguos relatos sobre los santos lugares.



En la tradición cristiana este lugar tiene una máxima significación, pues allí se han originado dos de los sacramentos: la Eucaristía y el Orden Sacerdotal. Por otra parte, fue allí donde Jesús se apareció a los Apóstoles el domingo de la resurrección; es el lugar donde se reunieron los apóstoles con María y donde descendió el Espíritu Santo. En ese mismo sitio fue elegido Matías para suceder a Judas. El lugar tiene también una sugerente connotación política, pues fue la residencia de la denominada Primitiva Iglesia Apostólica. En efecto, allí fue consagrado Santiago el Menor como obispo de Jerusalén y elegidos San Esteban y los seis diáconos; de allí salieron también los apóstoles al separarse para ir a predicar el Evangelio por toda la Tierra.

Sobre el lugar de su emplazamiento la tradición ha sido unánime y no ha variado, tal como ocurre con el del Santo Sepulcro. Siempre se ha creído que el Cenáculo estuvo emplazado en el Monte Sión, a cien metros de la puerta que lleva el mismo nombre.

Refiere el obispo Epifanio, en el siglo IV, que el emperador Adriano visitó Jerusalén en el 131 y la encontró "completamente arrasada excepto algunas habitaciones y la iglesia de Dios, que era pequeña, donde los discípulos, volviendo del lugar de la ascensión de Jesús al cielo, subieron al piso superior".

De acuerdo a las investigaciones históricas, en la segunda mitad del siglo IV los cristianos bizantinos transformaron la pequeña iglesia original en una gran basílica que llamaron "Santa Sión" y "Madre de todas las iglesias", por su origen apostólico. Esta basílica fue destruida por los persas el año 614. Del Cenáculo sólo quedaban ruinas cuando los cruzados llegaron a Jerusalén.


Por orden de Godofredo –y esto debió suceder inmediatamente después de la caída de Jerusalén- sobre sus cimientos fueron construidos un monasterio cruzado y la iglesia de Santa María del Monte Sión y del Espíritu Santo. Afirma Victor Gebhardt -“La Tierra Santa” (Espasa y Cía Editores, Barcelona)- que una comunidad monástica fue establecida allí y que llegó a poseer importantes rentas con la obligación de mantener ciento cincuenta caballeros para la defensa del Santo Sepulcro.

Cabe señalar que comparativamente, la manutención y la logística para el mantenimiento de un caballero en el siglo XI, equivalía a un tanque de guerra actual. Esto nos puede dar un indicio de la importancia de esta fuerza militar y del respaldo económico que poseía y administraba esta comunidad monástica.

Existen varios documentos que corroboran la existencia y poder de esta comunidad monástico-militar en el Monte Sión. Hacia 1106 visitó el Cenáculo un peregrino ruso llamado Daniel el Higumeo. En su diario de viaje describe los antiguos mosaicos bizantinos que aun perduraban entonces y que describían imágenes de la Ultima Cena, el descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y otros temas vinculados con la tradición allí reunida.[1].


También ordenó Godofredo la reconstrucción de la basílica de la Ascensión en el Monte de los Olivos. En el monasterio inmediato a la iglesia se constituyó una comunidad de monjes de la Orden de San Agustín que había reemplazado a los benedictinos que estableciera allí Carlomagno. Del mismo modo, organizó y dotó una comunidad de monjes negros cluniacenses junto a las ruinas de la iglesia de la Asunción de la Virgen, situada al pie del Monte de los Olivos, en el valle de Josaphat, con la orden de proceder a su reconstrucción.

Al Santo Sepulcro le dedicó especial interés: Hizo reunir bajo un mismo complejo edilicio las antiguas iglesias construidas por el monje Modesto, devolviéndole la antigua grandiosidad.

En cuanto al complejo monástico del Monte Sión, hacia el año 1219 el sultán Al Hakem ordenó su demolición, (probablemente como parte del programa de destrucción de las murallas y contrafuertes que rodeaban la ciudad) permaneciendo en pie solamente la capilla del Cenáculo con el cenotafio y tumba de David debajo. En el 1335 los Franciscanos recibieron en custodia y como propiedad, el santuario, erigiendo en el lado sur un pequeño convento cuyo claustro se puede visitar todavía. Junto al Cenáculo tuvo origen la Custodia de Tierra Santa, oficialmente instituida a favor de la Orden Franciscana 1342. Pero en 1552 los frailes fueron obligados a dejar el santuario en manos de los musulmanes.

Como si algo faltara, el 23 de marzo de 2000, en ocasión de su visita a Tierra Santa, S.S. el papa Juan Pablo II ofició en el Cenáculo del Monte Sión una misa privada. Ese día la Agencia Católica Internacional dio cuenta de la gran expectativa que este hecho había suscitado y expresó que “…Los cristianos, y especialmente el Papa Juan Pablo II, quisieran que el Cenáculo, actualmente de propiedad del estado de Israel, volviera a ser un lugar de culto católico, debido a su importancia capital para la historia del cristianismo…”[2]

Posteriormente, el lugar sería visitado por el papa Benedicto XVI, circunstancia que espera repetir ahora el papa Francisco. Más allá del mito y de todo lo que se ha escrito en torno al Priorato de Sión, podemos convenir en que existen, en efecto, varias y poderosas razones detrás de esta negociación entre el Vaticano y el Estado de Israel y del conflicto que la rodea.




[1] Khitrowo, Mme. B. De; “Itinéraires Russes en Orient” (Réimpressión de l’édition 1889; Osnabrück, Otto Séller, 1966
[2] http://www.aciprensa.com/juanpabloii/viajes/tierrasanta/esp-tie2.htm

jueves, 13 de marzo de 2014

Por qué soy templario

En estos días, más precisamente el 18 de marzo próximo, será recordado en todo el mundo el calvario de Jaques de Molay, ocurrido hace exactamente siete siglos. Recientemente he escrito en este mismo sitio dos artículos sobre la Orden del Temple y su vínculo con la francmasonería: “Templarios y Masones; antecedentes de un debate que no cesa” y “Templarios y Masones, después del Manuscrito de Chinon”. El lector puede encontrar allí mi opinión respecto de la Orden del Temple y su vínculo con los masones.

Hoy, tal vez motivado por la cercanía de esta fecha tan particular, me permito escribir unas breves líneas acerca de por qué soy templario.

Dicen que en la adolescencia ya están grabadas en el cerebro las improntas que determinarán nuestra vida adulta. En nuestro cerebro y en nuestro corazón.

En mi caso no tengo dudas de que fue así. Mi abuelo, mi padre y un tío extraordinario (que fue un regalo de Dios), supieron establecer los “mandatos” a los que he permanecido fiel hasta el presente. Si bien eran tres personas de naturaleza absolutamente distinta, los unía una virtud en común. Eran tres caballeros, en la acepción del término que corresponde a aquél tiempo en el que un hombre, además de ser hombre debía ser virtuoso.

Fue mi tío Juan el que por primera vez me habló de los templarios. Yo no llegaba a tener diez años y leímos juntos una antigua edición de Ivanhoe de Walter Scott en la que uno de los personajes principales es el caballero templario Brian de Bois Gilbert quien, perdidamente enamorado de una doncella judía, termina lapidando todo el prestigio ganado por sus armas en Palestina.

Bois Gilbert, atrapado entre el amor a la Orden y al que siente por aquella judía, me resultó más humano que el pío Wilfrido de Ivanhoe. La primera película, basada en el argumento del H.·. Scott, fue filmada en 1952. En ella Robert Taylor interpreta al “desheredado” Wilfrido, en tanto que Elizabeth Taylor se pone en la piel de la judía Rebeca y George Sanders hace el papel del desgraciado templario. 

La novela me hizo conocer a otro personaje: Ricardo Corazón de León, quien en el final regresa de su cautiverio en las mazmorras de Leopoldo de Austria, que lo había hecho capturar durante el viaje de regreso de la Cruzada llamada “de los reyes”. Pues bien, la consecuencia de aquellas didácticas lecturas con mi tío Juan determinaron mi amor a la Orden de Caballería y a la Santa Religión Cristiana (concebidas tal como las describe Ramon Llull), y mi fascinación por esa gesta extraordinaria en la que musulmanes y cristianos disputaron el control de Jerusalén y el estratégico cordón Sirio-Palestino.

Aquel libro de Walter Scott, como si hubiese tenido cría, se convirtió en centenares de volúmenes que cubren varias paredes de mi casa. Pero, mucho más importante que eso, me llevó a una búsqueda espiritual que aún no termina, pero que encontró su rumbo definitivo en la Orden de Caballería.

Nada hubiese sido igual sin la novela de Walter Scott. Curiosamente, la misma intención de no dejar tan bien parados a los caballeros del Temple se repite en la reciente película de otro Scott: me refiero a Ridley, director de Kingdom of Heaven (aquí se conoció con el nombre de “Cruzadas”).

Con el tiempo, esa búsqueda espiritual me llevó a la francmasonería, porque era el camino directo a la Orden del Temple. Quienes aún están vivos y escucharon la lectura de mi primera plancha masónica en 1989 (“Impresiones de mi Iniciación” que bastantes disgustos me trajo) pueden dar fe de que terminaba con las palabras Non nobis Domine, non nobis. Sed Nomine Tuo da Gloriam. Y así fue. Para llegar había que hacerse amigo del tiempo y del esfuerzo, como todo lo que vale la pena en la vida.

Dieciséis años después, el 14 de septiembre de 2005 fui armado caballero. No fue un punto de llegada sino uno de partida.

Para muchos masones, las Órdenes de Caballería resultan un anacronismo; en cambio para muchos otros representan el camino, la vía iniciática cristiana, la lucha espiritual a la que está convocada la militia christi.
No vivo al templarismo como una venganza por la muerte de nuestro último Gran Maestre Jaques de Molay. La verdad histórica respecto de las circunstancias de su calvario ha quedado crudamente expuesta con el descubrimiento del Manuscrito de Chinon.

Para mí, ser templario es dar testimonio vivo de una concepción del mundo al que tantos pretenden matar pero que muchos se empeñan en sostener. Es comprometerse con el fortalecimiento de virtudes tales como el Valor, la Fe, la Humildad, la Justicia, la Generosidad, la Templanza, la Lealtad y la Nobleza, cada día más olvidadas por esta sociedad, más que líquida, licuada.


Prefiero recordar a Jaques de Molay como un mártir que fue ejemplo de todas estas virtudes y pedirle a Dios que cada día me acerque un poco más al espíritu de aquella Regla acuñada por San Bernardo que, aún hoy, sorprende tanto a los historiadores. 


miércoles, 5 de febrero de 2014

Por qué una masonería cristiana y caballeresca


A menudo muchos HH.·. me preguntan ¿Por qué razón existe una masonería cristiana, que se identifica con un credo particular? La respuesta es sencilla: En sus orígenes la francmasonería nació cristiana; de ello no hay dudas. Basta con leer todo lo que hemos escrito en los últimos años y todas las constituciones medievales, tanto las monásticas como las seculares. También lo fue mayoritariamente en el siglo XVIII, época en que nació lo que denominamos “masonería especulativa”, razón por la cuál suelo invertir la pregunta: ¿Por qué razón la gran mayoría de las Obediencias Masónicas dejaron de ser cristianas?



Inmediatamente llega una segunda pregunta: ¿Por qué una masonería caballeresca? ¿Qué tienen que ver los picapedreros con los caballeros? La respuesta es también sencilla. Desde los comienzos de la masonería especulativa se reconoce un pasado común entre algunas cofradías de canteros y las órdenes de caballería.

Mito, leyenda o verosimilitud, los masones del siglo XVIII estaban convencidos de que su pasado estaba encadenado a la nobleza. Los primeros Grandes Maestres de todas las Obediencias europeas eran nobles de espada. Aún hoy el Rito más racionalista y contrario a la caballería utiliza espadas. ¿No se han preguntado por qué utilizan espadas? ¿No se han preguntado por qué razón la mayoría de las estructuras de grados en los diferentes Ritos hablan de caballeros, príncipes, comendadores, prefectos, priores, capítulos, areópagos, campamentos, etc.? ¿Acaso todas estas palabras no provienen de un lenguaje nobiliario y religioso? En este caso también resulta adecuado invertir la pregunta: ¿Por qué razón la mayoría de los masones no busca el origen de sus Ritos?

 Hay dos cuestiones que irritan profundamente a los masones racionalistas. La primera de ellas es no poder ocultar el proceso de sustitución de rituales. Me expresaré más claramente. Todo masón jura por su honor no modificar ni una coma del ritual que recibe en custodia. Este es un deber de todo Venerable Maestro, de cualquier Rito; de modo que si confrontamos los rituales actuales de cualquier rito con los de décadas atrás o un par de siglos atrás y vemos que no concuerdan, pues eso significa sólo una cosa: Que ha habido un perjuro o varios, a lo largo del tiempo. Se trata de un tema político, cuyo fin es la sustitución paulatina del carácter original de la francmasonería. De modo tal que, como suelo afirmar, muchos de los actuales rituales no son otra cosa que el resultado del trabajo de una larga, larga cadena de perjuros.

En algunos casos estos cambios nacieron de acuerdos legítimos, en el seno de algunos Grandes Orientes. En otros se hizo –y se hace- de manera subrepticia. De facto. En conclusión, podría afirmar y demostrar que la mayoría de las Obediencias en América Latina no resisten una confrontación de sus rituales: Han sido sustituidos por otros más “agiornados”, más a tono con los tiempos, más democráticos, más laicos. Desde esta perspectiva el problema no radica en por qué razón sostenemos una masonería tradicional, anclada a sus orígenes sino, en tal caso, ¡por qué razón se modificó y se modifica, permanentemente, su carácter original! Explicar esto incomoda mucho a los masones racionalistas.

La segunda tiene que ver con la cuestión del libre pensamiento y la democracia. Algunos masones creen que la única forma de gobierno de una Orden Masónica es mediante el ejercicio de la democracia. Y si hay algo que distingue a la masonería de cualquier otra institución es su carácter piramidal; el avance paulatino a través de los grados y finalmente el acceso a una comprensión más profunda de los misterios que persiguen al hombre desde sus primeros pasos en la tierra. Quién soy; de dónde vengo, a dónde voy. La masonería, como Orden Iniciática ha sido pensada para dotar al hombre de las herramientas necesarias para que pueda responder finalmente a estas preguntas.

Heredera de las antiguas Escuelas de Misterios, la francmasonería nos coloca una y otra vez ante diversos Pórticos de Delfos que nos indican una búsqueda, nos transmiten un mandato, nos otorgan un idioma y nos invisten de manera adecuada para llevar adelante esta misión.

Por supuesto que esto tiene poco que ver con lo que hoy se hace en una gran mayoría de logias. Pero esa era la idea, la de nuestros ancestros y si la han cambiado el problema no es nuestro.

Decía Ramsay que todo masón en un verdadero caballero. Pero esto no es fácil de digerir. ¿Cómo encaja un caballero en un mundo al extremo secularizado, en medio del relativismo, anclado en el hedonismo y –en el mejor de los casos- inclinado a cierta vocación filantrópica? Filantropía es una palabra demasiado laxa para la caballería; una suerte de insulto para quien ha leído algo del Libro de la Caballería de Raymon Llul o cualquiera de sus contemporáneos. El concepto de caballería tal como ha sido concebido en Occidente está ligado al sacrificio, a la defensa del desvalido, a la lucha por la justicia y la verdad y a la defensa de la religión. Un caballero nos es un gentleman de buenos modales que da lo que le sobra.  

En el siglo XVIII los masones franceses, en su mayoría fuertemente influidos por sus hermanos escoceses, establecieron una fuerte alianza con las órdenes de caballería resurgidas luego del largo reinado de las guerras de religión, especialmente en Alemania, Inglaterra, el Imperio de los Austria y los países escandinavos. La francmasonería fue el atanor en el que se gestó un gran movimiento ecuménico cristiano que tendió puentes poderosos entre el norte protestante y el sur católico. Y tuvo éxito. De allí que Roma se apresurase a excomulgarnos.

El Régimen Escocés Rectificado es hijo de esa alianza que algunos intentamos sostener, pese a todo, en pleno siglo XXI. Por supuesto, al igual que ocurre con los racionalistas, tenemos nuestros propios delirantes que, sin tregua pero sin pausa, intentan introducir nuevas “interpretaciones”, buscando dónde correr la coma o la señal que los haga elegidos.


No les alcanza con el mandil del masón, ni con el manto del caballero. Son versiones descoloridas de Harry Potter, o peor aún, aprendices de brujo que le hacen tanto mal a la francmasonería como aquellos que un día decidieron decretar los funerales de Dios.   

miércoles, 8 de enero de 2014

Comunicado del Gran Priorato de Hispania

E · P · I · T · O · M · E

NºIV

CON MOTIVO DE LA FIRMA DEL TRATADO DE LYON DEL 14 DE DICIEMBRE DEL 2013





Hemos sabido de la reciente firma, el pasado 14 de diciembre, de un Tratado de amistad y reconocimiento en la ciudad de Lyon, entre grupos de masones rectificados de distinta procedencia. Con todo, aún y habiéndose efectuado la firma fuera del territorio de nuestra jurisdicción, emitimos el presente comunicado al ser un grupo de los firmantes originarios de la jurisdicción del Gran Priorato de Hispania.

Efectivamente, de los tres grupos firmantes del documento, uno de ellos corresponde a la escisión habida en el seno del G.P.D.H. entre julio/octubre del 2010, y el otro corresponde, a la escisión habida en el seno del Gran Priorato de las Galias en diciembre del 2012. El tercero no nos incumbe porque no sabemos ni quiénes son.
Si en algún momento alguien dudó que una y otra escisión, tuvieran la misma base y motivación, la firma de Lyon del pasado 14 de diciembre ha venido a demostrar que andaba errado. Si bien las motivaciones iniciales de los escindidos españoles argüían a un supuesto autoritarismo del Gran Maestro, su adhesión al tratado demuestra que las diferencias eran más profundas y de ámbito doctrinal.

La firma del tratado de Lyon nos alegra porque viene a clarificar situaciones y posicionamientos. Tras un minucioso examen del manifiesto, hemos podido constatar, que en ningún momento aparece a lo largo de todo el redactado la palabra cristianismo, ni existe ninguna afirmación que pudiera hacer creer que los firmantes, constituyen una agrupación de masones cristianos. Esto de por sí, ya es un gran elemento clarificador.

Por el contrario, el Gran Priorato de Hispania se ha manifestado desde siempre como una orden cristiana; lo hacía en el año 2010 y continúa manifestándolo ahora: sí, la Orden Rectificada es cristiana. Un sistema masónico y caballeresco que tiene por base la Tradición cristiana, en su vertiente más ecuménica; es decir, abierto a todas las confesiones cristianas que profesan en común:

1. La Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo;

2. La doble naturaleza de Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre;

3. La resurrección de los muertos.

Por su parte, el Gran Priorato de las Galias, ha manifestado su posicionamiento al respecto a través del discurso institucional pronunciado por su Gran Maestro, con motivo de la festividad de la Saint-Michel 2013. Sus palabras son sumamente explícitas: “Yo, añadiré que el amor que nos une, en la iniciación masónica, al Gran Arquitecto del Universo –al que nombramos puesto que su nombre nos es revelado-, es hoy el guía del Gran Priorato de las Galias”.
Es importante pues, para todos aquellos buscadores puros de corazón, que quieran vivir la doble condición de masones y cristianos, sin renunciar a ninguna de las dos, el poder saber a qué atenerse y no correr el riesgo de confundirse en su elección, como venía sucediendo hasta la firma de este tratado que ha venido a sacarnos a todos de dudas sobre quién es quién.
No obstante, y si cabe ahora más que nunca, queremos reiterar nuestra voluntad de reunir –voluntad formulada por otra parte anteriormente en repetidas ocasiones- a la Familia Rectificada, diciendo que las puertas continúan abiertas para todo aquel que se manifieste auténticamente cristiano.
Aprovechamos la ocasión para desear a todos un Feliz y Próspero Año 2014.
En la Casa de la Orden, el 31 de Diciembre del 2013


GRAN PRIORATO DE HISPANIA

domingo, 29 de diciembre de 2013

Sobre la masonería, la docrtina y el dogma en la visión de Jean-François Var

La masonería necesita pensadores. La sociedad de los masones, en la que una franja mayoritaria se define a sí misma como el numen del librepensamiento, adolece en la actualidad de grandes pensadores. Me refiero a masones que se aparten del relato –muchas veces repetido sin sentido- y reencuentren, o se cuestionen acerca del significado de las palabras.



Podría decirse que hay pocas organizaciones con tanta vitalidad que hayan sostenido tradiciones a lo largo de los siglos. La masonería es una de ellas. Pero al tratarse de un conglomerado polifacético y heterogéneo de Potencias, Orientes, Grandes Logias, Grandes Prioratos etc., no hay “una” tradición masónica sino muchas. De allí que el valor y el significado de las palabras se vuelva fundamental.

Tan fundamental que aquellos que creemos que este repensar incesante no puede detenerse, permanecemos a la caza de libros y artículos que vengan a poner claridad en el complejo lenguaje masónico, ya de por sí sujeto a la infinita subjetividad del símbolo. Pero no hablaremos aquí de simbolismo sino de lenguaje.

Existe una antigua disputa acerca de si la masonería posee una doctrina. La masonería liberal –por ejemplo-  suele aclarar que es “adogmática”, como si fuese posible concebir una “masonería dogmática” que a mi juicio conforma un oxímoron. Se confunde habitualmente doctrina con dogma; y una vez planteada la confusión se repiten ad infinitum sin que nos demos cuenta que la repetición del error es un veneno que termina quitando a la Orden su máximo valor: lograr que el iniciado se construya como tal, guiado por sus maestros, con la mirada vuelta hacia su interior y la actitud atenta del que sabe que está aprendiendo.

No es la primera vez que publicamos en “Temas de Masonería” a la pluma de Jean-François Var. La casi totalidad de sus artículos traducidos al español la tenemos merced al esfuerzo de Ramón Martí Blanco a quien agradecemos su trabajo una vez más. Creo que es una buena oportunidad para que repensemos el significado de ambos términos, ilustrado por uno de esos escasos “pensadores” que hoy por hoy tiene nuestra Orden. Y creo que es doblemente oportuna, siendo ésta la última columna del año. Buena lectura y Feliz Año 2014.

DOCTRINA Y DOGMA

Hay términos, que a medida que pasa el tiempo, han adquirido mala reputación. Tal es el caso de términos como “doctrina” y “dogma”, sobre todo en sus derivados de “doctrinario” y “dogmático”[1]. Mencionarlos, es evocar a los gendarmes o policías del pensamiento. Y sin embargo… nada debería ser más útil, más precioso incluso, para los masones.

Como siempre, apelamos al refuerzo de la etimología. En su origen, se encuentra la raíz indoeuropea dôk, a partir de la cual han sido construidos verbos idénticos en cuanto a la forma (pero no en cuanto a su sentido) dokeô en griego y doceo en latín y todos sus numerosos derivados: dogma (y los verbos construidos sobre este substantivo), dokeuô, dokimazô, doxa (y sus derivados)… en griego; y en latín: docilis, doctor, doctrix, doctrina, doctus, documentum, y… dogma (en Cicerón, ese gran helenófilo y helenófono).

Veámoslo más de cerca.

El dokeô griego tiene tres significados principales, de entre los cuales, uno nos interesa directamente:
1.      Semejar, parecer, tener la apariencia. Es a partir de este sentido que se ha venido a nombrar “docetismo” la herejía que profesa que Cristo sólo murió en la cruz en apariencia pero no en realidad: en este aspecto, el Corán es docetista;
2.      Pensar, creer, imaginar (podemos ver aquí por deslizamiento del sentido con la primera acepción);
3.      Juzgar adecuado, decidir.

Dogma está en relación directa con dokeô. Hay dos acepciones:
1.      Opinión, doctrina filosófica (en relación con el segundo significado);
2.      Decisión, decreto (en relación con el tercer significado). Es así que la expresión latina senatus consultum, decreto del senado (romano) se convirtió gracias al historiador Polibio en dogma tês sunklêtou.

El doceo latino tiene un significado distinto al del dokeô griego pero no deja de estar en relación uno con otro. Esta significación es: enseñar, instruir, mostrar, hacer ver. Ella está pues en relación evidente con el sentido 1 y 2 del verbo griego, con un matiz importante: lo que uno piensa, lo que uno cree, lo que uno imagina, en este caso lo transmite. Esto es a tener muy presente.

De ahí se pasa a doctrina que tiene dos acepciones principales:
1.      Enseñanza, formación teórica, educación, cultura –acepción que deriva directamente del verbo doceo;
2.      Arte, ciencia, teoría, método, doctrina.

En rigor, podríamos quedarnos aquí. Sin embargo, nos es preciso ver si la evolución semántica constatada entre el griego y el latín ha proseguido en el francés.

El principado de Dombes, del que Trévoux era la capital, permaneció independiente de Francia hasta 1762. Así pues la censura real no se ejerció allí. Numerosos impresores y editores aprovecharon esta falta de jurisdicción para instalarse. Los jesuitas también, publicando memorias sobre temas diversos bajo el título de Diario de Trévoux y el famoso Diccionario de Trévoux. Este Diccionario universal francés y latino (ese era su título) fue el primer diccionario verdaderamente enciclopédico en lengua francesa, en competencia directa con la Enciclopedia de d’Alembert y Diderot. Conoció 5 ediciones entre 1704 y 1771. Citaré la edición de 1738-1742 publicada en Nancy, capital del ducado de Lorena, a su vez también independiente del reino bajo la soberanía de Stanislas Leczinski, de 1737 a 1766. ¿Por qué citar este diccionario? Porque ofrece el estado exacto de la lengua al uso en el siglo XVIII, y en consecuencia en el momento de la creación del Régimen rectificado. ¿Qué podemos leer en él?

Doctrina:
1.      Saber, erudición;
2.      Lo que se contiene en los libros;
3.      Sentimientos particulares de los autores, o de las sociedades.
Dogma:
1.      Máxima, axioma, principio o proposición de en qué consisten las ciencias;
2.      Se dice particularmente de puntos relativos a la religión. Estas dos definiciones son medianamente cortas y poco satisfactorias; podemos ver sin embargo que “dogma” empieza diferenciarse de “doctrina” con un carácter más absoluto, una autoridad más fuerte.

Si saltamos ahora al siglo XIX, nos encontraremos con el Nuevo Larousse Ilustrado, Diccionario universal enciclopédico, publicado en 8 volúmenes alrededor de 1905. Es ahí que he encontrado las mejores definiciones y las más completas de los dos términos encausados en las dos acepciones que tienen en nuestros días, al menos cuando estas dos acepciones no han sido desfiguradas por la ignorancia y las pasiones (que a menudo andan juntas). Citémoslas pues:

Doctrina: “Conjunto de conocimientos poseídos por alguien. Se da ordinariamente el nombre de “sistema” a las soluciones razonadas que los filósofos o sabios aportan relativos a problemas teóricos de la filosofía o las ciencias (…) Reservamos el nombre de “doctrina” al conjunto de enseñanzas que tienen por objetivo resolver las cuestiones relativas a la naturaleza y destino moral del hombre. Ahora bien, las soluciones a estas cuestiones pueden ser, o presentadas en nombre de la razón, o inspiradas en nombre de la Revelación. En el primer caso, ellas dan lugar al nacimiento de doctrinas filosóficas; y en el segundo, constituyen doctrinas religiosas.
Dogma: “Artículo de creencia religiosa enseñado con autoridad y ofrecido como siendo de una certeza absoluta. Por extensión: opinión, doctrina cualquiera dada como siendo de una certeza absoluta: dogmas políticos, literarios.”

Luego, después de un largo análisis de los dogmas de la Iglesia católica: “Los primeros escritores protestantes denominaban con este nombre las verdades sobre las que los cristianos parecían estar de acuerdo.”

La vuelta a la cuestión está hecha y todo está dicho. “Conjunto de enseñanzas que tienen por objetivo resolver las cuestiones relativas a la naturaleza y destino moral del hombre”: ¿No es acaso muy exactamente esto lo que se dispensa a sus miembros el Régimen escocés rectificado? Estamos pues perfectamente fundamentados, yo entre otros, cuando hablamos de “la doctrina rectificada”, la cual existe en el Régimen, y solamente en él. En efecto, si todas las ramas de la masonería enseñan lecciones morales, estas lecciones tienen que ver, en el caso de la masonería rectificada, con la naturaleza y el destino moral del hombre. Este es el momento, ahora más que nunca, de recordar la famosa fórmula de Joseph de Maistre (en su Memoria al duque de Brunswick): “El gran objetivo de la masonería será la ciencia del hombre”.

Pero esta doctrina es de naturaleza filosófica, “metafísica”, he dicho a menudo, ella no es de naturaleza religiosa, incluso si ésta se halla iluminada por la religión. Ella no tiene pues carácter dogmático que solo es reservado a las verdades religiosas, que son, y únicamente ellas, “enseñadas con autoridad y ofrecidas como siendo de una certeza absoluta”. Que uno crea o no crea en estas “verdades” no cambia estrictamente nada de su carácter propio.

Es pues por una corrupción semántica que constituye una verdadera perversión, que algunos se las ingenian para darle un giro absoluto, y en consecuencia dogmático, a la doctrina rectificada. Esta es hija de la razón, por mucho que dicha razón sea cristiana, y todo lo que es del orden de la razón es susceptible de ser contestado, esta vez en nombre de otra razón que no es la cristiana. La doctrina rectificada constituye, me atrevería a decir, un absoluto relativo: ella constituye un absoluto para todo aquel que le otorga con toda libertad y conciencia su adhesión. Pero únicamente para él.

No hay una religión masónica, no hay pues dogma masónico.

En contrapartida, un masón, para decirse cristiano, debe adherir una serie de dogmas que le impone, no la masonería, sino su religión. Y para estos dogmas, retomaré porque viene a cuento, la definición de los “primeros escritores protestantes”: “las verdades sobre las que los cristianos parecen estar de acuerdo”. Ya que, la masonería rectificada, si bien es cristiana, en cambio no es confesional, sino que es ecuménica (por emplear un término anacrónico en relación al tiempo de su nacimiento).

Estas verdades -¿es preciso recordarlas?-, son en número de tres, no más de tres, pero tres necesariamente:

1.      La Divina Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo;
2.      La doble naturaleza de Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre;
3.      La resurrección de los muertos.

Todo el resto son especulaciones, lícitas si se quiere, pero no en masonería.



Jean-François Var
14 de noviembre del 2013
En la festividad de san Gregorio Palamás.





[1] Y también “caridad”. “Hacer o dar caridad” se ha convertido en algo extremadamente despreciativo, mientras que la Caridad es el summum de los “dones espirituales”, la “vía por excelencia” (Pablo Iª Epístola a los Corintios, Capít. 13).

viernes, 27 de diciembre de 2013

Celebración



Sobre el filo de fin de año se dio a conocer la firma de un Tratado de Amistad y Reconocimiento entre dos vertientes masónicas escindidas del Gran priorato de Hispania y el Gran priorato de las Galias, circunstancia que, hasta la celebración de este acuerdo, sembraba dudas y confusión. 

Esta situación comenzó a precipitarse con el discurso pronunciado en la Saint-Michel 2013 por el Gran Maestro del Gran Priorato de las Galias, Potencia Rectora del Régimen Escocés Rectificado y depositaria del Rito y referente del mismo a nivel mundial. La rotundidad del discurso no deja dudas en cuanto a la culminación de una etapa a mi juicio desgraciada en la que, una vez más, se ha querido mezclar a la Masonería con cierto pensamiento mágico que nada tiene que ver con ella

Es por ello que las reflexiones hechas a título personal por Ramón Martí -actual Gran Canciller y Gran Prior Emérito del GPDH- cobran vital interés. Ha tenido la gentileza de traducir la mencionada alocusión que aquí publicamos, precedida de sus reflexiones. De más está decir que, como todo lo publicado en este blog, es a título de mi exclusiva responsabilidad.

Eduardo R. Callaey
in Ordine, Eduardus, eques a Spiritu Stabile


CELEBRACIONES

Últimamente en la Orden Rectificada andamos de celebración en celebración. En una anterior intervención mía aparecida en el blog Masonería en Murcia, me felicitaba por la clarificación de posicionamientos que ha supuesto la firma de un Tratado de Amistad y Reconocimiento entre distintos grupos de masones en Lyon, el pasado 14 de diciembre del 2013. Hoy me tengo que felicitar por el contenido del discurso pronunciado por el Serenísimo Gran Maestro del Gran Priorato de las Galias, en el transcurso de la asamblea de su festividad anual de la Saint-Michel, correspondiente al presente año y celebrada en París el cuarto sábado del pasado mes de septiembre, y cuyo texto ha aparecido en su boletín oficial Les Cahiers Verts – Nouvelle Série, nº 8, que recientemente ha llegado a nuestras manos, el cual os hago llegar debidamente traducido.

También, al igual que hacía en mi última intervención en el blog Masonería en Murcia, mi intervención es a título personal y no implica a ninguna otra Potencia u Obediencia masónica o caballeresca, que tiene sus órganos oficiales para expresarse públicamente. Es pues desde ésta libertad personal que van mis palabras y porque las consecuencias resultantes de dichos posicionamientos afectan a la Masonería Rectificada en general al margen de cualquier adjetivo, o nacionalidad territorial.

El sentido y orientación del discurso del Gran Maestro pronunciado en la Saint-Michel 2013 –por otra parte esperado desde hacía largo tiempo- no puede sino alegrarnos y hacer que los Masones Rectificados lo celebremos con gran regocijo.

Los motivos para la celebración son diversos. Probablemente el primero y principal es que con dicho discurso de rotundidad y firmeza, el Régimen Escocés Rectificado en general, recupera en el Gran Priorato de las Galias, la figura de referente y guía, descuidada desde el año 2005 aproximadamente. En el ámbito masónico, es de todos conocido y reconocido el papel de depositario del G.P.D.G. por lo que respecta al Régimen Escocés Rectificado.

El discurso de la Saint-Michel 2013 sale al encuentro de ciertas visiones sobre el R.E.R. absolutamente interesadas que han venido sembrando la confusión, inquietud y desazón entre los Masones Rectificados que se consideran y siempre se han considerado cristianos, y cuyas visiones distorsionadas dieron lugar a una primera escisión en el seno del Gran Priorato de Hispania en el año 2010, y que fueron el motivo de una segunda escisión en diciembre del 2012, en esta ocasión en el seno del Gran Priorato de las Galias.

Es reconfortante y tranquilizador, oír decir en voz alta, con valentía y coraje, al Gran Maestro del G.P.D.G. que el único Maestro para los Masones Rectificados está en el cielo, y que comparados con Él, Jean-Baptiste Willermoz, Louis-Claude de Saint Martin, Martinès de Pasqually o los mismos Padres de la Iglesia (cuyo pensamiento, en algunos casos, no siempre fue el mismo a lo largo de su vida y fue evolucionando), o cualquier otro, todos ellos no son más que “pequeños maestros”, y que todo -y toda producción humana- se ha de supeditar a Él. Tal afirmación tranquilizadora, sólo podemos celebrarla desde aquí.

La rotundidad de dicho discurso, consuela a los Masones Rectificados, que ahora oímos decir de nuevo y de manera decidida, que por encima de cualquier otra interpretación –por bien que sea proveniente de los fundadores o referentes del Régimen Escocés Rectificado- prevalecerá siempre la de la Biblia, que para nosotros los Masones Rectificados, constituye la “ley del Masón”. Que por encima de Cristo no puede haber nada, y evidentemente ello, no puede ser para nosotros más que motivo de celebración.

Oír que para los Masones Rectificados no puede haber mayor invocación o teúrgia que la plegaria, nos llena de paz, tranquilidad, nos hace sentir henchidos de alegría, y de que no estamos solos en la plegaria, lo que constituye otro motivo de celebración.

Saber que el Gran Arquitecto del Universo es de nuevo el único guía del Gran Priorato de las Galias, nos llena de alegría y es otro motivo de celebración, aunque nosotros nunca habíamos dudado que así fuera. Ciertamente, tenemos aquí algo más que el templo de Salomón y todo lo que ello significa.

En definitiva, celebramos no sentirnos solos en estos propósitos a partir de ahora, y poder continuar nuestro penoso camino por este mundo, ayudados por un guía que ha recuperado la orientación y nos lleva de nuevo hacia el único y sublime Maestro que está en los Cielos.

Es por todo ello que los Masones Rectificados andamos últimamente de celebración tras celebración, y celebramos una última vez la unidad de criterios que hace que dicho discurso coincida (con el sentir de nuestra intervención en el blog Masonería en Murcia) en el hecho que por el Amor que nuestro Maestro encomendó que nos tuviéramos los unos para con los otros, las puertas estén abiertas para la reunión de la Familia Rectificada que quiera estar unida en el único Maestro que está en los Cielos, y que esto constituya el único nexo de unión para los Masones Rectificados, al margen de cualquier otra confusión.

Ultimo motivo de celebración. Amén, que así sea.


Ramon Martí Blanco

in Ordine, Raymundus, eques a Voluntatis Fortitudine

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Discurso del Serenísimo Gran Maestro del Gran Priorato de las Galias, con motivo de la Saint-Michel 2013.

A AQUELLOS QUE RASGARON SU TÚNICA



La iniciación perfecta existe… Yo la he encontrado y todos nosotros podemos hacerlo por poco que queramos.

Esa iniciación no es únicamente martinista, martineziana, willermoziana, francesa o escocesa, ni únicamente masónica y caballeresca.

Revelada a todos y permitida a cada uno, ella es la iniciación más alta porque está en el corazón de Dios, la más caritativa porque está en comunión con todos los hombres, la más justa porque va al encuentro de aquellos que van hacia ella, la más útil al hombre porque es la única que puede devolverlo a su estado primero.

Esta iniciación deja atrás todo lo que existe y sobrepasa todos lo de más allá. Allí por donde ella pasa, todo lo traspasa.

Esta iniciación de la gloria de Dios que no se limita es el cristianismo, como lo recuerda lo que constituye la cepa de nuestras obligaciones, a saber la regla redactada en 1782 en Wilhelmsbad: “Cumplirás tu sublime destino, recobrarás esa semejanza divina, que formaba parte del hombre en su estado de inocencia, que es el objetivo del Cristianismo, y del cual la iniciación Masónica hace su objeto principal.”

En tanto que Gran Maestro, situaré mi mandato exclusivamente al servicio de su testimonio; seré fiel a su verdad, caballero de su belleza, sacerdote de su amor y profeta de su retorno. Mi grito será: “curar es mi destino y castigar es absurdo”.

Seré todo lo que ella permita en la libertad prometida a los hijos de Dios. Os invito a todos, es el sentido y el objetivo de la masonería cristiana que es la nuestra, a compartir sus dones, preparando a la humanidad para el banquete de los misterios divinos, actualizando así, en el espacio y el tiempo, la eucaristía perpetua.

Ojalá podamos, en tanto que mensajeros apasionados, tocar el alma y los labios de los hombres para mojarlos del Señor.

El Gran Priorato de las Galias, en sus ritos y sus ritmos, opera la comunión de la palabra erigiendo la potencia masónica y caballeresca, en acción profética por cooperación angélica.

Aquí el cielo se desgarra, la visión se actualiza y nos convertimos en vivientes del Señor.

De este modo, la teúrgia de la plegaria silenciosa, y así mismo invocatoria de los nombres divinos revelados en la enseñanza willermoziana, y la puesta en condición de la visión en sueños, y en verdad, hacen los miembros adultos de la Orden, de los cristóforos, constructores de los útiles de la verdadera profesión que hace a los profetas: la palabra, el espíritu, la visión.

Muchos han deseado y esperan vivir esta sentencia del Evangelio de Juan: “En verdad, en verdad os digo: El que cree en mí, las obras que yo hago las hará también él, y aún mayores que estas hará, porque yo voy al Padre.” (Juan, 14-12)

La Orden nos invita a guardar esta palabra, a hacerla fructificar, a vivirla. Sí, Hermanos míos, ¡atrevámonos a Cristo! Es la misión del GPDG en el mundo: ser profeta de ésta verdad magnífica.

El cristianismo se fundamenta en este amor que hace que se nos reconozca, sed este ejemplo, y conducid hacia la promesa de reconciliación; un solo rebaño, un solo pastor para acompañar la humanidad hasta el Oriente.

Si hemos salido del seno de Abraham, y no de los misterios de Egipto, no es para volver a encontrar las entrañas de antaño a lo que somos llamados, sino a sacralizar el mundo de mañana, para que cada uno devenga templo del Espíritu Santo.

En esto, la Orden es religiosa, no clerical ni confesional, sino ligada al hombre, a su principio. Nos liga por la recepción en la iniciación de nuestros Hermanos, y ésta fraternidad nos religa al Gran Arquitecto del Universo, que para nosotros, no es un principio edulcorado o un egregor espiritual, sino el Dios encarnado.

Esta recepción en la iniciación nos separa, no de un mundo profano, sino de la profanación de nuestra naturaleza original.

A estos efectos, la Orden procura en todas las etapas de la progresión espiritual permitida, guías que abren las puertas de moradas de luz perfumadas de Adán, mientras que otros falsos profetas nos encierran en palacios de cristal con perfume de la nada.

Recordemos que la luz ilumina y que lo que brilla no es la luz, que el guía os llevará a vosotros y el gurú a él; y que es en esto, que será fácil reconocerlos.

Declaré y escribí en la Saint-Michel 2012 que el dogma era intangible, pero no la doctrina. La crítica sin gnosis de las redes sociales, es glosar sin revelarnos sus verdaderos propósitos: precisemos hoy esa doctrina para dibujar el futuro de la Orden y dejar atrás esas túnicas de piel queridas de los machos cabríos que practican el vagabundeo de la aventura mental.

La masonería actúa y pone al íntimo del hombre a través de los rituales, su puesta en práctica que pone los Hermanos a la Orden, los catecismos para la doctrina rectificada, que explican mediante una sabia propedéutica, las premisas de una enseñanza que solo se revela plenamente en la profesión.

Es pues extremadamente peligroso querer plantear esta enseñanza como previo en el recorrido que propone el Rito Escocés Rectificado, ya que esto supondría no tener en cuenta la importancia del ritmo y los efectos del rito actuando en beneficio del hombre. Actuar así sería la negación de su modo operatorio.

Es de destacar aquí, que cuando las disputas ontológicas, es siempre la relación entre el hombre y Dios lo que hace la diferencia de las doctrinas, de las creencias y de su interpretación.

La oposición entendida y lúcida sobre la naturaleza de la enseñanza willermoziana, tiene que ver mucho con la diferencia de las teologías y del papel que ellas atribuyen al hombre en sus relaciones con la divinidad… y en consecuencia con el ser humano.

La historia nos muestra que esto puede ser peligroso para la Orden, por el riesgo de división. Es pues a través del prisma de la relación personal del hombre y Dios, con su modo de funcionamiento acompañado de apoyos, que son los ritos y enseñanzas recibidas en la masonería del GPDG, que se comprenden y se resuelven toda tensión conflictiva.

Sin embargo, toda doctrina que no se discutiera se convertiría por definición en dogma, mientras que únicamente las santas Escrituras son felizmente dogmáticas. Por lo demás, si los Padres de la Iglesia, que son más numerosos que los instructores de las lecciones de Lyon, no lo han explicado y la antigua y nueva alianza tampoco, estas últimas serían incomprensibles en sus esencias.

El comentario iluminado participa del modus operandi divino. El hombre, en sus genes originales, debe cooperar con las energías divinas, prolongando con su talento toda enseñanza humana, por inspirada que sea.

Willermoz, Saint-Martin y Martinès de Pasqually ante el único y verdadero Maestro, no son más que “pequeños maestros” a los que podemos enmendar, oponer, contrariar –ya que enriquecer no es traicionar, sin incurrir en los relámpagos de una doxa demasiado farisea, como para que el Espíritu Santo haya dejado de soplar sea en el crucifixión sea en el nacimiento al cielo de los “pequeños maestros”.

Sé bien, que en el universo masónico, todo es grande, incluso si esto no es siempre evidente al primer golpe de vista, y que la idea de pequeño, que bien haría a los egos desmesurados, no está en uso… Lástima, esto sería sino divertido, cuando menos eficaz como pedagogía de humildad.

Recordando la regla masónica: “El Evangelio es la base de nuestras obligaciones; si no creyeras en él dejarías de ser Masón”, reconozcamos las Santas escrituras como único magisterio y profundicemos en todo aquello que tienda a revestirnos con esta vestimenta divina, sean los Padres de la Iglesia, como los “pequeños maestros” y todos los “locos de Cristo” que somos, que abran las vías que luego los sabios toman prestadas.

Este aprendizaje de la simplicidad podría presentarse como un gran socorro para evitar perennizar los principios de la caída y dejar de hacer nacer en nuestro seno este germen de destrucción que es el orgullo espiritual, que nos hace creer que lavamos más blanco que el Ecce Homo, que somos más rectificados que la rectificación, más superiores que todos los desconocidos, más sacerdotes que los Coëns, más fundadores que los fundamentos que nos fundan.

Como alternativa a estos encantamientos de bribones, prefiero la danza de los cielos y la preocupación por nuestros deberes.

Dios se dice en la historia[1], nos recuerda el padre Lubac; pues bien, a semejanza de la Iglesia, la masonería cristiana debe insertarse y comprometerse en la historia de los hombres, la de la casa del Padre, y no dejarse dispersar por la inútil pasión de la de Mammón.

Nos es preciso apartar la suficiencia del ser bien nacidos, en provecho de la beneficencia de los bien amados. La lucidez de la mirada misericordiosa sobre la familia humana debe conducirnos a cooperar con la Providencia, en provecho de un gobierno de compasión.

Que todos se reconozcan y nos reconozcan como servidores, testimonios y guías del amor divino, con el fin de despertar en cada uno el deseo de Cristo a través del ejemplo del GPDG… Mirad como se aman, ellos deben ser sus discípulos!

No es pues una exigencia moral o intelectual que nos será reclamada, sino una exigencia de virtud, ya que únicamente ella libera la inteligencia del corazón de las contingencias de los apetitos del vientre que espesan el cuerpo y oscurecen el espíritu.

Así mismo, avancemos en el mundo masónico como venimos de proclamar: ni en adogmático ni en sufrimiento psicológico. No confundiendo los estados físicos y los estados espirituales, no podemos aceptar los dictados de una madre castrante para la que no existimos sin su reconocimiento. Creí, al dejar la G.L.N.F., hace ya doce años, que habíamos terminado con la fábula de la ecuación reconocimiento/regularidad que es un insulto a la inteligencia. Desdeñar la historia y la metahistoria hasta este punto muestra claramente la porosidad de nuestro medio masónico a las ideas falaces del mundo de la ilusión en que la mentida del poder se opone a la verdad del saber.

Recordaré la primera epístola a los Corintios (2, 14): “El hombre físico no acoge las cosas del Espíritu de Dios; para él eso es, en efecto, insensatez, y no puede conocerlas, porque el examen de ellas es espiritual…

La regularidad viene de nuestra transmisión, de la autenticidad y pureza de los ritos. La Orden es aristocrática, ya que gobierna y desea pensar por los principios más elevados. Así mismo practica una masonería digna y sublime, de acuerdo a la naturaleza de sus ritos.

Aprovecho para recodar a aquellos que se llenan la boca revindicando los antiguos deberes, que harían bien en leerlos y consultarlos, y así se darían cuenta que los manuscritos dan cuenta de un cristianismo firme, y que era costumbre practicar una masonería en cuatro grados coronada por el Arco real. Yo añadiré que el amor que nos une, en la iniciación masónica, al Gran Arquitecto del Universo –al que nombramos puesto que su nombre nos es revelado-, es hoy el guía del Gran Priorato de las Galias.

Y sí, hay aquí algo más que Salomón.

Sí, nosotros somos una orden cristiana, orgullosa de su iniciación a través de sus tres ritos y generosa de lo que nos transmiten. Somos una orden que prestamos obediencia a nuestro divino Maestro. Encarnamos aquello que somos y proponemos compartirlo en la eternidad de la manducación. Citemos a Jean-Baptiste Willermoz en su Tratado de las dos naturalezas: “Es finalmente ésta resurrección en la manducación real del cuerpo y la sangre de Jesucristo que aporta en todos aquellos que participan de ello dignamente el germen fructificador”.[2]

El Espíritu nos llama a dejar las grutas, chozas, capillas, egos y bosques para reunirnos. Pero la unidad no es igualdad, es armonía. Desde esta columna de fundamentos, continuaremos obrando para el acercamiento de la familia rectificada y de todos aquellos que afirman sin temor la naturaleza de su compromiso espiritual en provecho del hombre, testimoniando así que la voluntad es claramente lo que queda de la imagen divina.

En este mundo de buscadores en que la civilización se oscurece, nuestro papel y nuestra misión se rubifica con la adamah. Veo la obligación caballeresca e iniciática de la Orden, centinela de los otros y guardián del prójimo, allá donde viven las miserias del pecado.

En el cumplimiento de esta obra en el corazón de este nuevo mandato, la insipidez no nos es permitida y la dimisión por los más vanos motivos tampoco. Renunciar a esta diaconía masónica sería tanto como renunciar a los compromisos.

Hermanos míos, os lo digo, hemos escogido por clave de toda ciencia la Cruz, somos responsables de ésta exigencia… Así dejo que una paz profunda me invada.



Bruno, in Ordine Eques ab Ardenti Corde, G.C.C.S.
Gran Maestro Nacional
Gran Priorato de las Galias


[1] Colección “Foi vivante”, nº 159, 1974.
[2] Cuaderno D3, folleto 43.