lunes 8 de febrero de 2010

La Masonería Cristiana frente al secularismo despiadado de la Masonería Atea


Ante el avance del secularismo


La gran mayoría de los masones cristianos nos definimos como hombres tradicionales. Creemos poseer una doctrina y tenemos un profundo sentido religioso que nos lleva a pensar en la Reintegración, como una meta al final de la existencia humana.

En su artículo sobre La secularización de la Cultura Occidental –que sirve de prólogo a la obra de A. N. Wilson, Los Funerales de Dios- Gerardo de la Concha afirma que desde la Ilustración quiso pensarse al hombre, la sociedad y la cultura, sin el referente religioso. Para de la Concha, éste era ya el anuncio de la muerte de Dios.

…Desde el racionalismo y sus manifestaciones escépticas hasta el nihilismo radical, la cultura de Occidente se vinculó al arduo proceso de secularización –que básicamente significa la eliminación de lo sagrado-religioso del vínculo social –o incluso el secularismo- el combate directo de lo religioso-, mediante las obras de pensadores y artistas. En este sentido, es correcto referirse a una secularización de la cultura occidental… [1]

…La ausencia de lo sagrado crea un vacío absoluto que se llena con falsos sacralismos, con otros dogmas o ídolos. El racionalismo se vuelve al revés; al sacralizar al hombre abstracto o la razón, en su esencia misma se anida lo irracional. Por sus frutos se le conoce a esta ideología…[2]

Nuestra responsabilidad primaria es la aceptación, lisa y llana, de que la francmasonería atea ha sido una herramienta activa –de vanguardia diría yo- del secularismo, es decir, del combate directo de lo religioso, que debe leerse como el combate directo del cristianismo.

Mientras no llevemos a cabo un exhaustivo análisis histórico del vínculo entre secularismo, ateísmo y masonería en las primeras décadas del siglo XIX -y seamos valientes al asumir su costo- nos mantendremos en una indefinición respecto de las responsabilidades de la masonería en torno a los acontecimientos políticos europeos.

Según el Dr. Ferrer Benimeli, en los primeros años del siglo XIX el enfrentamiento Iglesia – masonería se vio afectado por las consecuencias interpretativas de la revolución francesa y con el nacimiento del famoso mito del complot masónico revolucionario… a partir de estos años –afirma Benimeli- la masonería latina europea fue erróneamente identificada con los iluminados de Babiera, los jacobinos, los carbonarios y otros por el estilo.[3]

Durante muchos años se sostuvo que la identificación entre masones e iluminados era una excusa de los católicos ultramontanos para la condena en masa de los masones. Pero la realidad –pese a los esfuerzos de Benimeli- es que los iluminados infiltrados en la francmasonería (tal como pudo verse en el Convento de Wilhelmsbad) liquidaron la masonería cristiana durante la revolución y, a partir de allí, fueron vanguardia en todo el movimiento revolucionario europeo.[4]

Esta acción es la causa de los más de 2.000 documentos promulgados por León XII (1823-1829) y por Pío VIII (1829-1830) contra los masones, identificándolos como sociedades clandestinas cuyo fin era conspirar en detrimento de la Iglesia y de los poderes del Estado.

Este combate se exacerbó en 1836, cuando el Papa Gregorio XVI (1831-1846)[5] identificó a la libertad de conciencia como enemiga de la Iglesia y al liberalismo como prohijado por el demonio.[6] Para algunos, este fue el momento en el que la Iglesia se identificó con una causa secular: La de los conservadores ultramontanos …y entró en el terreno peligroso de querer combatir frontalmente las libertades de la modernidad, lo que marcó a la Iglesia como parte del Antiguo Régimen…[7] Sin dudas fue un momento desgraciado en el que la Iglesia equivocó el rumbo.

Apenas una década después tendría lugar en Francia la revolución liberal de 1848, cuya influencia se extendería por Europa y arrasaría con los Estados Pontificios. Para ese entonces, los masones se encontraban al frente de la lucha contra el Trono y el Altar y en nuestros países, los masones cristianos eran una verdadera rareza y una especie en extinción.

Aceptémoslo de una vez: La francmasonería atea nunca dejará de combatirnos porque ha sido y es una herramienta del secularismo, que es la más violenta expresión de la secularidad. En el siglo XIX, el materialismo anunció que asistíamos a los funerales de Dios y lo dio por muerto. Nuestros Hermanos ateos estaban -y están- entre los que organizaron el entierro.

¿Cuál es nuestro lugar en esta batalla? No me consuela ni me conforma la definición caballeresca de la lucha interior, que la reconozco como un anhelo espiritual, pero la caballería como tal no ha sido concebida fuera de la sociedad ni de la polis. El caballero no es un ser aislado. No es un monje cartujo. Su destino está ligado al de la sociedad que integra y de la cual es su brazo custodio. Así ha sido en Grecia, en Roma y en el Sacro Imperio Romano Germánico. Por eso adhiero a Panikkar: Sin política no hay Salvación.

Intento responderme a mí mismo esta pregunta e intento al mismo tiempo encontrar una respuesta en mis hermanos masones cristianos. ¿Cuál es nuestro lugar en la batalla? Si juramos defender el cristianismo debiéramos hacer algo al respecto; algo que sea sustancialmente diferente de lo que hemos hecho hasta ahora, aceptando fraternalmente todas las expresiones masónicas como tales, incluidas las ateas militantes. ¿No habrá llegado la hora de decir claramente que algunas de estas expresiones no son masonería?

¿Por qué razón deberíamos reconocer como HH.·. MM.·. a los enemigos de la religión que juramos defender? ¿No deberíamos diferenciarnos -de manera activa- de la masonería atea? El cristianismo está en una encrucijada; una situación inédita en la que los cambios son más radicales que los que tuvo que superar el hombre del Renacimiento. El resultado de aquel tembladeral fue, sin duda alguna, la Reforma. ¿Asistiremos a esta crisis sin plantar bandera? O por el contrario,¿Acompañaremos nuevamente los cambios con una apertura mental acorde a los tiempos?

Al respecto acabo de leer en estos días un artículo del padre Víctor Codina s.j. titulada Desaprender, una tarea cristiana urgente cuya lectura recomiendo.[8] En resumen, el padre Cordina dice que no podemos encerrarnos en un pasado superado sino abrirnos a la novedad del Espíritu y discernir los signos de los tiempos. Para ello hemos de comenzar por “aprender a desaprender” muchas cosas. Así podremos reaprender la novedad del Espíritu. Por supuesto que, lo que hay que desaprender, desde el punto de vista del citado padre, es prácticamente todo el catecismo.

En artículos anteriores he hablado de la crisis de los meta-relatos, propia de la posmodernidad. Estamos asistiendo a la destrucción sistemática de nuestra historia –nuestro meta-relato judeocristiano- pues nuestra historia está anclada al cristianismo que se combate. Careceremos de historia en poco tiempo más.

Thomas Berry afirmaba que es todo una cuestión de historia. Justo ahora estamos en problemas –decía- porque no tenemos una buena historia. Estamos en medio de historias. La vieja historia, el relato de cómo encajamos en él, ya no es eficaz. Sin embargo, no hemos aprendido la nueva historia. Berry afirmaba que el universo es una comunión de sujetos, no una colección de objetos. Pocos lo han comprendido.

Pero este teólogo, profesor de la Universidad Católica de los Estados Unidos, profundamente influido por Teilhard de Chardin, creía que aquello que nos condujo hasta aquí, bien podía merecer nuestra confianza y nuestra Fe.

En efecto, el padre Berry creía que el estado de ánimo básico del futuro bien podría ser uno de confianza en la continua revelación que tiene lugar, en y a través de la Tierra. Si la dinámica del Universo formó desde el principio el curso de los cielos, encendió el sol, y formó la Tierra, si este mismo dinamismo dio a luz los continentes y los mares y la atmósfera, si despertó la vida de la célula primordial y luego trajo a la existencia la variedad sin número de seres vivos, y finalmente nos llevó a ser y nos ha guiado de forma segura a través de siglos turbulentos, hay razón para creer que este proceso que nos ha orientado sea precisamente el que nos ha despertado a la actual comprensión de nosotros mismos y a nuestra relación con este proceso estupendo. Sensibilizados por esta guía proveniente de la propia estructura y funcionamiento del Universo, podemos tener confianza en el futuro que le espera a la aventura humana.

La pregunta ahora es, a nosotros, masones cristianos ¿Qué nos condujo hasta aquí? dice Wilson:

…Tal vez sólo quienes han conocido la paz de Dios, que rebasa cualquier comprensión, pueden tener una idea de lo que se perdió hace cien o ciento cincuenta años, cuando en Europa Occidental la raza humana empezó a desechar el cristianismo. La pérdida no fue sólo un cambio intelectual, el desecho de una proposición a favor de otra. En realidad, a pesar de que quienes perdieron la fe ofrecieron muchas justificaciones intelectuales, parece que en muchos casos el proceso fue una conversión tanto emocional como religiosa y, con frecuencia, sus raíces fueron de igual manera irracionales…[9]




Para pensar.



[1] Wilson, A. N. Los Funerales de Dios (México, Océano, 2006) p. 16.
[2] Ob. cit. Ibidem p. 17.
[3] Ferrer Benimeli, José Antonio; La Iglesia Católica y la Masonería, Visión Histórica en Masonería y Religión: Convergencias, oposición ¿Incompatibilidad? (Madrid, Editorial Complutense, 1996) p. 190 y ss.
[4] Callaey, E. El Mito de la Revolución Masónica (Madrid, Nowtilus, 2007).
[5] Nació en Beluno. Elegido el 6-II-1831, murió el 1-VI-1846. Se apoyó a las potencias de la Santa Alianza (Austria, Prusia y Rusia) para gobernar los Estados Pontificios.
[6] Encíclica Mirari Vos.
[7] Wilson, Ob. cit. Ibidem p. 14.
[8] http://www.pregoncristiano.com/nota_091229_desaprende_victor_codina_sj.htm
[9] Wilson, Ob. cit. p. 28.










































miércoles 3 de febrero de 2010

Il mito della rivoluzione massonica

Marco Tropea Editore (Milan) acaba de publicar "El Mito de la Revolución Masónica"




Il mito della rivoluzione massonica
Eduardo R. Callaey
traduzione di Nadia Ambrosionipag. 224

ISBN 978885580074
Collana I trofei non-Fiction


"La massoneria può essere nel contempo tradizionalista e rivoluzionaria? Può una società segreta perpetuarsi per secoli, sostenuta sia da atei sia da credenti? È possibile comprendere il fine di una confraternita alla quale hanno aderito con identico fervore il razionalista Voltaire e il quasi santo Joseph de Maistre? Come si può attribuire alla massoneria il successo della Rivoluzione francese quando numerosi massoni vennero massacrati dal Terrore?"

Una tesi storica largamente diffusa e riconosciuta indica la massoneria come il vero strumento strategico che ha assicurato il successo della Rivoluzione francese: le logge, permeate dallo spirito anticlericale di correnti interne come quella degli Illuminati di Baviera, avrebbero rappresentato il centro di una cospirazione contro il trono e l’altare. Il sorprendente studio di Eduardo Callaey segue l’evoluzione dell’Ordine attraverso il Diciottesimo secolo per sfatare quello che lui dimostra essere un mito. La massoneria non fu affatto l’ispiratrice e l’artefice della Rivoluzione francese – e della violenza sanguinaria che ne macchiò l’epilogo. In realtà, se è vero che nelle logge del Settecento circolavano ideali repubblicani e progressisti e che molti illuministi e giacobini avevano gravitato al loro interno, i fatti dimostrano che la massoneria tradizionale, di origine giudaico-cristiana e iniziatica, fu una vittima del Terrore rivoluzionario e venne annientata in una guerra fratricida. Dalle sue ceneri sarebbe rinata una nuova organizzazione, più vicina a un partito politico che a una «scuola di misteri», in cui la dea Ragione avrebbe preso il posto dei Gran maestri dei riti esoterici. E fu proprio questa massoneria razionalista, figlia del «secolo dei lumi», a perpetuare il mito rivoluzionario e complottista, oscurando arbitrariamente l’altra anima dell’Ordine. Questo saggio fornisce la chiave per comprendere la trama occulta – e occultata – della storia massonica, la grande contraddizione che ancora oggi attraversa l’Ordine, l’eterna diatriba fra i seguaci della tradizione spiritualista e chi individua nelle logge un efficace sistema di azione politica.

















viernes 22 de enero de 2010

Más sobre El Símbolo Perdido

Dan Brown, Ciencia Noética y Masones Astronautas

lunes 18 de enero de 2010

Retomando los escritos

Las Claves Históricas de El Símbolo Perdido




Este blog se encontraba inactivo desde hace algunos meses. En los últimos años ha sido una herramienta importante para dar a conocer mis ideas, principalmente vinculadas con la masonería cristiana, sus orígenes y su razón de ser. Se supone que un blog es una herramienta dinámica que debe actualizarse periódicamente. Pero el trabajo diario, los compromisos y las prioridades hacen que no haya podido mantener el ritmo que veía sosteniendo en los últimos meses.

Sin embargo han sido meses de mucha actividad, en los que concluí dos obras que se publicarán próximamente, que espero compartir con HH.". y amigos y que serán ampliadas y difundidas en este blog y en otros, pues pese a los reparos que me deja la web respecto del fenómeno masónico, creo valido utilizarla para contribuir a despejar el campo y señalar las inmensas confusiones en las que cae el lector inquieto que espera encontrar en Internet la respuesta a sus interrogantes en torno a la masonería.

El primero de estos libros, actualmente en imprenta, lleva por título “Las Claves Históricas de El Símbolo Perdido” (Nowtilus Madrid). Lo he escrito junto con Ana Lía Álvarez –que tomó a su cargo los aspectos de la Ciencia Noética. Hemos abierto un blog especial para esta temática, que no es menor: http://www.claves-simboloperdido.blogspot.com/

Digo que no es menor, porque la difusión que ha tenido la novela de Brown y el inconmensurable mamarracho en el que convierte a los ritos masónicos merece una aclaración. Pese a que numerosos masones me han manifestado que –en definitiva- no nos deja tan mal parados (lo cual no deja de ser cierto viniendo de Brown), creo que muchos masones hemos sentido vergüenza ajena frente a la imágenes emitidas recientemente por el canal NatGeo en su programa especial sobre El Símbolo Perdido. No puedo dejar de preguntarme qué puede haber llevado a la francmasonería norteamericana a permitir la filmación de semejantes ritos respecto de los que, una y otra vez, numerosos profanos me han preguntado porqué nos disfrazamos de Papa Noel.

Estas emisiones, sumadas al curioso título de la reciente nota de la BBC de Londres sobre el fenómeno en Argentina bajo el título “Ahora los masones reclutan por Internet” siguen provocando estupor en infinidad de hermanos y una imagen absolutamente distorsionada en los profanos. El éxito de la nueva novela de Brown describe una caricatura de la francmasonería. Pero todos sabemos muy bien que las caricaturas sólo resaltan aquello que, de una forma u otra, ya está en el modelo original. Es por ello que es necesario este libro. Sobre este tema –que no volveré a tocar en Temas de Masonería- remito al lector al link específico que se encuentra en esta misma página.

La segunda obra que está en vísperas de publicarse es de un tenor diferente. Se trata de una serie de traducciones realizadas sobre textos benedictinos que completan mi libro “Los orígenes cristianos de la francmasonería”. Aunque me cuesta creerlo, más de uno ha puesto en tela de juicio los textos de san Beda y Rabano Mauro respecto de la construcción del Templo de Salomón, de las herramientas de la construcción y su sentido alegórico y del arte de edificar según estos monjes. De este modo se podrán leer en español los textos de manera directa. También amplía notablemente lo investigado en torno a la Reforma Cluniacense, en particular la Escuela de Hirsau y el nacimiento de las primeras estructuras laicas asociadas a los monasterios. Esperamos tener fecha cierta de su publicación para darla a conocer por este medio.















lunes 24 de agosto de 2009

Reflexiones sobreMasonería Cristiana, Monasticismo y el Régimen Escocés Rectificado



Luego de muchos años de estudio sobre documentos antiguos y medievales vinculados con el arte de la construcción tengo la íntima convicción de que todos los actuales ritos masónicos practicados en el mundo –muchos de los cuales a decir verdad ya no debieran denominarse masónicos- surgieron de una matriz cristiana en la que se gestó el simbolismo que ha dado su característica a esta sociedad iniciática. Esa matriz fue el monasticismo.

Han pasado algunos años desde la publicación de las dos obras que dediqué a los orígenes de la masonería medieval: Monjes y Canteros en el 2001 y Ordo Laicorum ab Monacorum Ordine en 2004, que luego sería editada por Kier en una versión ampliada con el título más amigable de La masonería y sus orígenes cristianos. En ambos ensayos advertí al lector de que se trataba de libros especialmente dirigidos a los estudiosos de la francmasonería. No tenían el objeto de explicar qué era la masonería sino de describir la herencia monástica que aun estaba viva en los rituales masónicos, cubierta de varias capas de pretendido racionalismo, enciclopedismo ilustrado, modernidad, posmodernidad y decadencias varias. Capas superpuestas una tras otra como los estratos arqueológicos que conforman los tells en el Oriente Medio, montañas gigantescas de escombros acumulados por el tiempo, debajo de las cuales se han encontrado ciudades maravillosas.

Debo confesar que mi búsqueda de la ciudad maravillosa tuvo relativo éxito; al menos puso en un brete a muchos masones que estaban convencidos de que la herencia medieval de la Orden era apenas un detalle histórico, pero que la verdadera masonería era hija del Siglo de las Luces y madre del progreso de la humanidad concebido como el numen del relativismo y el racionalismo científicos. Pues bien, quien se haya tomado el trabajo de consultar las numerosas fuentes monásticas citadas en mis trabajos ya sabe que el simbolismo masónico encierra algo más que la supervivencia de algunas herramientas de los albañiles medievales. El conjunto de alegorías que componen el lenguaje masónico encuentran su partida de nacimiento en las múltiples expresiones del monasticismo benedictino.

Es por ello que, nuevamente, me corresponde advertir al lector de este artículo que, al igual que los anteriores, está principalmente dirigido a los estudiosos de la francmasonería; pero también a los que se preguntan cómo puede hablarse de masonería cristiana cuando en el imaginario popular suele vincularse a la francmasonería como el mismo diablo personificado. También va dirigido al campo cristiano, especialmente a los católicos que no comprenden por qué razón un cristiano puede encontrar en la masonería un complemento adecuado para su realización espiritual. Está –en todo caso- especialmente escrito para todos aquellos que, con justa razón, no han visto la verdadera superficie de la francmasonería porque los propios masones la han ocultado debajo de numerosas capas tal como ya hemos mencionado.

Hay un dicho que reza que no todos los arqueólogos tienen la fortuna de encontrar la tumba de un rey. Salvando las distancias podría decir que cuando traduje los primeros capítulos del libro de San Beda Acerca del Templo de Salomón,[1] escrito en el siglo VIII, sentí algo parecido a lo que un arqueólogo ante una tumba real, pues a partir de allí, con la ayuda de hermanos y amigos, se fue deshilvanando una vasta madeja de autores y textos que no dejan lugar a muchas dudas en torno al fuerte componente monástico cristiano de las alegoría masónicas primitivas. Como era de esperar, al principio fui ignorado por la mayoría de los masones racionalistas, pero ningún racionalista puede –por definición propia- descartar una tesis sin oponerle otra. Al momento de publicar este ensayo nadie ha podido negar la existencia de las obras escritas por los monjes benedictinos acerca del arte de la construcción. Forman parte de la Patrología Latina de Migne y pueden ser consultadas en las grandes bibliotecas de todas las ciudades del mundo. Demuestran que la masonería cristiana articulada en el siglo XVIII, abroquelada en los denominados Rito Francés y Régimen Escocés Rectificado, es la heredera legítima de la antigua masonería medieval. Se puede matar al mensajero, pero eso no cambia ni inhibe la naturaleza del mensaje.

En estos años he recibido numerosas y valiosas críticas. También he recibido la repulsa de muchos masones racionalistas y de la propia Gran Logia de la Argentina, potencia masónica en la que fui iniciado hace veinte años. Mi ensayo Ordo Laicorum ab Monacorum Ordine, que fuera originalmente publicado por la Academia de Estudios Masónicos, es una herida abierta en el corazón de muchos hermanos que hubiesen preferido que estos documentos permaneciesen desconocidos para siempre. También en estos años pude comprobar que otros habían encontrado la huella antes que yo, pero que por diversas razones no pudieron, o no quisieron, completar la tarea.

Por citar dos casos mencionaré en primer lugar a Marcial Ruiz Torres, quien siendo Gran Secretario de la GLA publicó en la década de 1960 un libro de instrucción para maestros en el que menciona a Wilhelm de Hirschau y a las logias benedictinas establecidas por él en Alemania en el siglo XI. La importancia de las constituciones monásticas denominadas Hirschaugienses ya ha sido ampliamente expuesta y forman parte de la vasta reforma iniciada desde la mítica abadía de Cluny[2]. Entre otras muchas cuestiones podemos hallar en ellas el origen de algunos signos y señas masónicas y la utilización del mandil no sólo como indumentaria del oficio sino como significado de la dignidad del constructor. El abad Wilhelm es uno de los eslabones fundamentales en la larga cadena de monjes que construyeron la estructura de las logias abaciales.

En segundo lugar cabe señalar que en la década de 1990 un grupo de hermanos israelíes fue encomendado a buscar y encontrar los verdaderos orígenes europeos de la francmasonería. El informe cuya copia obra en mi poder dice claramente que las investigaciones se detuvieron en el mismo momento en que llegaron a las puertas de la abadía de Cluny. Estos hermanos consideraron que seguir avanzando en la investigación implicaba la inevitable ruptura del mito masónico en el que estaba anclada su propia tradición.

Si estos hermanos judíos hubiesen llegado hasta el tuétano se habrían encontrado con que muchos de estos benedictinos, con San Beda a la cabeza, no sólo habían recibido una fuerte influencia judía sino que así lo manifestaban, como es el caso de Rabano Mauro, abad de Fulda y Arzobispo de Maguncia, que ya en el siglo IX reconoce la ayuda de maestros judíos.

El espíritu del Cister –la otra gran reforma del movimiento monástico benedictino cuya figura prominente fue San Bernardo de Claraval- se introduciría posteriormente en la Militia Christi al proveer de una Regla a la Orden del Temple cuya influencia en la francmasonería hoy ya no se discute.

Estos estudios llevados a cabo sobre documentos históricos tuvieron un correlato inevitable, pues definidos los antecedentes monásticos de la francmasonería, la labor inmediata me llevó a trazar la historia de la transición de las logias monásticas a las corporaciones medievales y la de estas últimas a la denominada masonería especulativa. La primera parte se publicó en España en 2005 bajo el título El otro Imperio cristiano, obra que abarca desde la protomasonería de la Alta Edad Media hasta la restauración masónico-templaria del siglo XVIII. La segunda vio la luz en 2007 con el título El mito de la Revolución Masónica cuyo fin era explicar de qué manera y en qué circunstancias históricas se articuló el denominado Régimen Escocés Rectificado, estructura que restituyó a la masonería en su sesgo cristiano primitivo, y que fue fundado por Jean-Baptiste WIllermoz. (Lyón, 1730-1824)

Estas obras abarcan la historia de la masonería cristiana desde la Alta Edad Media hasta la Revolución Francesa, razón por la que remitimos al lector a lo ya escrito, disponiéndonos al desarrollo de un ensayo que pretende un nuevo giro sobre estas cuestiones.

La Masonería Cristiana y El Régimen Escocés Rectificado


De acuerdo a los documentos de ésta Orden Masónica Cristiana, la estructura y el simbolismo tanto masónico como caballeresco del Régimen Escocés Rectificado reconocen tres orígenes:


La Masonería francesa de la época, con su proliferación de los grados más diversos (Willermoz los conocía todos y practicó muchos de ellos) y que una vez depurada, sería estructurada hacia 1786-1787 en un sistema que llevaría más tarde el nombre de Rito Francés, con sus tres grados y cuatro órdenes; sin olvidar los diversos grados cuya combinación constituye lo que se ha venido a llamar el escocismo.

El Sistema propio de Martínez de Pasqually, personaje enigmático aunque inspirado, al que tanto Willermoz, como Louis Claude de Saint-Martin, reconocieron siempre como a su maestro. Este sistema fue denominado la Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coens del Universo.

La Estricta Observancia Templaria, también dicha Masonería rectificada o Reformada de Dresde, sistema alemán en que el aspecto caballeresco primaba absolutamente sobre el aspecto masónico, y que pretendía ser, no ya la heredera, sino además restaurar la antigua Orden del Temple abolida en 1312.

En cuanto a sus orígenes espirituales, las dos fuentes son:


La doctrina esotérica de Martínez de Pasqually cuyo contenido esencial versa sobre el origen primero, la condición actual y el destino último del hombre y del universo.
La tradición cristiana indivisible, nutrida por las enseñanzas de los Padres de la Iglesia.


Desde el punto de vista del Régimen Escocés Rectificado, estas dos doctrinas, no sólo no se contradicen, sino que se corroboran mutuamente.[3] El Rito que administra este Régimen se practica en la actualidad ateniéndose rigurosamente al original promulgado en los conventos de Lyón y de Wilhelmsbad en 1778 y 1782 respectivamente.


En esa época las logias escocesas con asiento en el continente estaban pobladas de religiosos, cuestión que hemos abordado en profundidad. Su presencia era tan numerosa que ha dado lugar a trabajos ciclópeos como los llevados a cabo por José Antonio Ferrer Benimeli, quien ha hecho el censo más extenso conocido sobre la presencia de clérigos y monjes en la masonería del siglo XVIII.


Todavía en el siglo XIX, pese al avance del proceso revolucionario que terminaría descristianizando gran parte de la Orden, pueden observarse publicaciones en las que los grabados reflejan la presencia de monjes y nobles en los banquetes masónicos.[4] A la vez que existe una profunda similitud entre la ceremonia de Tercer Grado –la exaltación al sublime grado de Maestro Masón- y la de los profesos benedictinos tal como se practicó hasta fines del siglo XIX.[5]


Si bien la herencia monástica puede incluirse en lo que el RER denomina La tradición cristiana indivisible, nutrida por las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, esta dimensión de la espiritualidad cristiana puede redescubrirse como un aporte específico, puesto que el monasticismo no constituye un esoterismo ni una teología aunque no por ello deje de ser compatible con ambos.

Mucho tiempo antes de descubrir que estas aportaciones del monacato medieval encajaban armónicamente con la doctrina trinitaria del Rectificado, me había cautivado la visión cosmoteándrica planteada por Raimón Panikkar en El Espíritu de la Política. Es en Panikkar donde encontré la respuesta a muchos de los interrogantes más complejos de la espiritualidad en el mundo moderno, desde su visión escatológica de la política hasta su discurso sobre La Experiencia de Dios recogido de las conferencias que dictara en el monasterio benedictino de Silos. Tal vez haya que reconocer que su visión de la experiencia monástica sea uno de los grandes aportes a la espiritualidad renovada del siglo XXI.

Mi aproximación al sacerdote y filósofo catalán es una compleja hipérbole a la que puedo definir como un providencial descubrimiento progresivo. Buenos Aires es una ciudad alejada infinitamente del Ganges que Panikkar observó durante décadas desde la terraza de su casa en India. Lejana de su retiro en Manresa en las faldas occidentales de los Pirineos. Sin embargo tuve oportunidad de escuchar su mensaje en dos producciones televisivas de Holograma, emitidas en los 90[6]. La primera fue su intervención en el debate sobre Arte, Ciencia y Espiritualidad en una Economía Cambiante, realizado en Ámsterdam a mediados de la década; la segunda fue una serie de reportajes realizados en la India y en Cataluña por la RTSI.[7]

Panikkar está hoy más vigente que nunca y su figura es destacada por muchos masones cristianos, como tuve oportunidad de comprobarlo recientemente en Barcelona. También es un faro para toda una generación de monjes del siglo XXI, que ya no llegan a la tonsura como resultado de una decisión de sus padres que otrora los entregaran como oblatos, sino como consecuencia de una creciente búsqueda interior que es capaz de abrazar la tradición cristiana más pura y lúcida sin, por ello, desconocer otras tradiciones espirituales cuyo mensaje es válido para cualquier verdadero creyente.

Una aportación de la vida monástica, de la atmósfera espiritual del cristianismo medieval y una visión expandida de la importancia de la oración traerían a la masonería un renovado espíritu a su alicaída condición de Escuela Iniciática. En los siglos de las grandes reformas monásticas, someterse a las rigurosas reglas de lo cenobios benedictinos era un acto de heroísmo sin parangón. En un mundo donde la libertad era un bien escaso y la autoridad se ejercía sin complejos, abandonar ambas condiciones –la de ser libre y la de ejercer la autoridad- significaba un sacrificio que, de facto, acercaba al individuo a la santidad.

Ser masón, tal como lo concebimos los masones cristianos, debiera representar un compromiso mucho mayor del que actualmente se pretende del iniciado. La descristianización de la masonería ha abierto sus puertas al hombre light, de Enrique Rojas, el hombre líquido de Zygmunt Baumann. Su compromiso político no es con el hombre inspirado en Dios sino con el hombre carente de Dios. Se asumió relativista, reafirmando su veneración a la razón, olvidando que, como señala Panikkar un estado secular sólo puede conformar a una sociedad para la cual la secularizad se ha convertido en una nueva religión. Coincido con él en que esto no puede permitirse. Tiene que ser resistido.

No se trata de que el masón busque la santidad, pues para ello están las religiones y la vida piadosa. Pero sí una visión sagrada de la condición humana, un acto volitivo de superación espiritual, una postura intrépida (sin trepidación, sin temor) frente al devenir de la vida y un anhelo de restauración del estado primordial del hombre antes de la Caída. En otras palabras, volver a comprender que el hombre puede recuperar aquello que los escolásticos denominaban el intellectus fidei, el discernimiento de la fe.

La masonería cristiana debe hacer el profundo esfuerzo de recuperar el espíritu de los monjes que construyeron Europa. No necesita más que emprender el trabajo de traducir y publicar a los santos padres abades que levantaron las monumentales abadías e iglesias románicas. A los que vieron en los constructores de sus monasterios a los obreros de Salomón y de Hiram. A los que encontraron la alegoría de cuadrar la piedra bruta como significado del trabajo de reconstrucción del espíritu humano. A quienes trazaron los planos del Templo como dimensión cósmica del hombre. A los que modelaron el trivium y el cuadrivium como esquema básico de la educación universal. A los que organizaron el trabajo y dieron a los artesanos el marco logístico adecuado para erigir tamaños monumentos de piedra. A los que organizaron nuestro mundo tal como es concebido desde Occidente, desde el Sacro Imperio hasta las modernas democracias. Pues, desde un punto hasta el otro del arco de nuestra historia, tal como la definiría Panikkar, se trata de la misma especie cultural.



[1] Beda, De Templo Salominis Liber, PL XCI; París, Brepols-Turnhout, 1850
[2] Ver el anexo adjunto sobre Wilhelm de Hisrau y la Orden de Conversos Laicos.
[3] Martí Blanco, Ramón, El Régimen Escocés Rectificado, su historia, sus orígenes, su doctrina; Libro de Trabajos, Logia de Estudios e Investigaciones “Duque de Warton” Arola Editors, Tarragona, 1999
[4] Al respecto vale la pena ver las litografías de la obra de F. T. B. Clavel, Historia de la Francmasonería, publicada en Buenos Aires por Imprenta de la Revista en 1860.
[5] Callaey, E. , La Masonería y sus orígenes cristianos; Buenos Aires, Kier p.142 y ss.
[6] Entre 1996 y 2003 trabajé como guionista y colaborador del proyecto HOLOGRAMA, fundado por Marisa Escasany y Ana Lia Alvarez, emitido por Canál á de Buenos Aires. El ciclo fue el primero en presentar en televisión a muchos pensadores contemporáneos, tal el caso de Panikkar.
[7] Radio Televisión Estatal de Italia



sábado 15 de agosto de 2009

Masonería y Cristianismo. Ferran Iniesta en México


Auspiciado por Instituciones Académicas y Culturales de México, el próximo 17 de septiembre se llevará a cabo una conferencia del Dr. Ferran Iniesta sobre Masonería y Cristianismo, circunstancia que constituye una muy buena noticia para la Masonería Cristiana en América Latina.





Ferrán Iniesta es profesor de Historia de África en la Universidad de Barcelona, y anteriormente lo fue en las universidades de Dakar (Senegal) y Antananarivo (Madagascar). Director del programa Erasmus "Europa y las Sociedades Africanas", impulsor del "Centre d´Etudis Africans y de la Revista Studia Africana. Promotor de los Congresos de Estudios Africanos del Mundo Ibérico.

Entre sus obras se destacan El Planeta Negro (3º edición, Catarata, Madrid, 2002), Etnia i nació als mons africans (L´Avenç, Barcelona, 1995), Kuma, Historia del Africa Negra (Bellaterra, Barcelona, 1998) entre muchas otras que sería largo enumerar.


Más allá de sus méritos académicos, Ferran Iniesta es una distinguida personalidad y un destacado pensador en el campo de la Masonería Cristiana. Dada la asidua frecuencia de visitas de Hermanos mexicanos a este espacio y los muchos amigos y Hermanos que tengo en el País Azteca no puedo menos que recomendarles especialmente esta conferencia de Ferran a quien no sólo conozco personalmente sino que he tenido el gusto de compartir con él, en Barcelona, memorables conversaciones de aquellas que permanecen en la memoria y el corazón a través de los años. Ojalá tengamos la suerte de tenerlo algún día, no lejano, en Buenos Aires.


Para solicitar información: santogrial@rectificado.org


















lunes 8 de junio de 2009

Los laberintos de Rabano Mauro


El pasado miércoles 3 de junio, S.S. Benedicto XVI expuso una presentación acerca del monje Rabano Mauro, uno de los pilares sobre los que escribí, oportunamente, mi tésis sobre los orígenes monásticos de la francmasonería. A continuación dicha exposición, luego de la cual reproduzco el capítulo dedicado a Rabano Mauro en mi libro "Ordo Laicorum ab Monacorum Ordine".


En este mismo blog, el lector podrá encontrar la traducción de algunos trabajos del monje Mauro, sobre el Arte de la Construcción.




Benedicto XVI presenta al "maestro de Alemania", Rabano Mauro
Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles dedicada a presentar la figura del monje Rabano Mauro.

Ciudad del Vaticano, miércoles 3 de junio de 2009.

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera hablar de un personaje del occidente latino verdaderamente extraordinario: el monje Rabano Mauro. Junto a hombres como Isidoro de Sevilla, Beda el Venerable, Ambrosio Auperto, de los que ya he hablado en catequesis precedentes, supo durante los siglos de la Alta Edad Media mantener el contacto con la gran cultura de los antiguos sabios y de los padres cristianos. Recordado con frecuencia como "praeceptor Germaniae" [maestro de Alemania, ndt.], Rabano Mauro tuvo una fecundidad extraordinaria. Con su capacidad de trabajo totalmente excepcional fue quizás el que más contribuyó a mantener viva la cultura teológica, exegética y espiritual a la que recurrirían los siglos sucesivos. A él hacen referencia grandes personajes pertenecientes al mundo de los monjes, como Pedro Damián, Pedro el Venerable y Bernardo de Claraval, así como un número cada vez más consistente de "clérigos" del clero secular, que en los siglos XII y XIII dieron vida a uno de los florecimientos más hermosos y fecundos del pensamiento humano.
Nacido en Maguncia, alrededor del año 780, Rabano entró cuando todavía era muy joven en el monasterio: se le añadió el nombre de Mauro en referencia precisamente al joven Mauro, que según el segundo libro de los Diálogos de San Gregorio Magno, había sido entregado, cuando todavía era un niño por sus mismos padres, nobles romanos, al abad Benito de Nursia. Esta introducción precoz de Rabano como "puer oblatus" en el mundo monástico benedictino, y los frutos que sacó para su crecimiento humano, cultural y espiritual abrieron posibilidades interesantísimas no sólo para la vida de los monjes, sino también para toda la sociedad de su tiempo, normalmente llamada "carolingia". Hablando de ellos, o quizá de sí mismo, Rabano Mauro escribe: "Hay algunos que han tenido la suerte de haber sido introducidos en el conocimiento de las Escrituras desde la tierna infancia ('a cunabulis suis') y se han alimentado tan bien de la comida que les ha ofrecido la santa Iglesia que pueden ser promovidos, con la educación adecuada, a las más elevadas órdenes sagradas" (PL 107, col 419BC).
La extraordinaria cultura por la que se distinguía Rabano Mauro llamó muy pronto la atención de los grandes de su tiempo. Se convirtió en consejero de príncipes. Se comprometió para garantizar la unidad del Imperio y, a un nivel cultural más amplio, nunca negó a quien le preguntaba una respuesta ponderada, que se inspiraba preferentemente en la Biblia y en los textos de los santos padres. A pesar de que fue elegido primero abad del famoso monasterio de Fulda y después arzobispo de la ciudad natal, Maguncia, no dejó sus estudios, demostrando con el ejemplo de su vida que se puede estar al mismo tiempo a disposición de los demás, sin privarse por este motivo de un adecuado tiempo de reflexión, estudio y meditación. De este modo, Rabano Mauro se convirtió en exegeta, filósofo, poeta, pastor y hombre de Dios. Las diócesis de Fulda, Maguncia, Limburgo, y Breslavia le veneran como santo o beato. Sus obras llenan seis volúmenes de la "Patrología Latina" de Migne. Probablemente compuso uno de los himnos más bellos y conocidos de la Iglesia latina, el "Veni Creator Spiritus", síntesis extraordinaria de pneumatología cristiana. El primer compromiso teológico de Rabano se expreso, de hecho, en forma de poesía y tuvo como tema el misterio de la santa Cruz en una obra titulada "De laudibus Sanctae Crucis", concebida para proponer no sólo contenidos conceptuales, sino también alicientes exquisitamente artísticos, utilizando tanto la forma poética como la forma pictórica dentro del mismo código manuscrito. Proponiendo iconográficamente entre las líneas de su escrito la imagen de Cristo crucificado, escribe: "Esta es la imagen del Salvador que, con la posición de sus miembros, hace que sea sagrada para nosotros la dulcísima y queridísima forma de la Curz para que, creyendo en su nombre y obedeciendo a sus mandamientos, podamos obtener la vida eterna gracias a su pasión. Por eso, cada vez que elevamos la mirada a la Cruz, recordamos a Aquél que sufrió por nosotros para arrancarnos del poder de las tinieblas, aceptando la muerte para hacernos herederos de la vida eterna" (Lib. 1, Fig. 1, PL 107 col 151 C).
Este método de armonizar todas las artes, la inteligencia, el corazón y los sentidos, que procedía de Oriente, sería sumamente desarrollado en Occidente, alcanzando cumbres inalcanzables en los códices miniados de la Biblia y en otras obras de fe y de arte, que florecieron en Europa hasta la invención de la prensa e incluso después. En todo caso, demuestra que Rabano Mauro tenía una conciencia extraordinaria de la necesidad de involucrar, en la experiencia de fe, no sólo la mente y el corazón, sino también los sentidos a través de esos otros aspectos del gusto estético y de la sensibilidad humana que llevan al hombre a disfrutar de la verdad con todo su ser, "espíritu, alma y cuerpo". Esto es importante: la fe no es sólo pensamiento, toca a todo el ser. Dado que Dios se hizo hombre en carne y hueso y entró en el mundo sensible, nosotros tenemos que tratar de encontrar a Dios con todas las dimensiones de nuestro ser. De este modo, la realidad de Dios, a través de la fe, penetra en nuestro ser y lo transforma. Por este motivo, Rabano Mauro concentró su atención sobre todo en la Liturgia, como síntesis de todas las dimensiones de nuestra percepción de la realidad. Esta intuición de Rabano Mauro le hace extraordinariamente actual. Dejó también los famosos "Carmina", propuestos para ser utilizados sobre todo en las celebraciones litúrgicas. De hecho, el interés de Rabano por la liturgia se daba totalmente por sobreentendido dado que ante todo era un monje. Él sin embargo, no se dedicaba al arte de la poesía como fin en sí mismos, sino que utilizaba el arte y cualquier otro tipo de conocimiento para profundizar en la Palabra de Dios. Por ello, trató con el máximo empeño y rigor de introducir a sus contemporáneos, pero sobre todo a los ministros (obispos, presbíteros y diáconos), en la comprensión del significado profundamente teológico y espiritual de todos los elementos de la celebración litúrgica.
De este modo, trató de comprender y presentar a los demás los significados teológicos escondidos en los ritos, recurriendo a la Biblia y a la tradición de los padres. No dudaba en citar, por honestidad y para dar mayor peso a sus explicaciones, las fuentes patrísticas a las que debía su saber. Se servía de ellas con libertad y discernimiento atento, continuando el desarrollo del pensamiento patrístico. Al final de la "Primera Epístola" dirigida a un corepíscopo de la diócesis de Maguncia, por ejemplo, tras haber respondido a peticiones de aclaración sobre el comportamiento que hay que tener en el ejercicio de la responsabilidad pastoral, escribe: "Te hemos escrito todo esto tal y como lo hemos deducido de las Sagradas Escrituras y de los cánones de los padres. Ahora bien, tú, santísimo hombre, toma tus decisiones como mejor te parezca, caso por caso, tratando de moderar tu evaluación de tal manera que se garantice en todo la discreción, pues ella es la madre de todas las virtudes" ("Epistulae", I, PL 112, col 1510 C). De este modo se ve la continuidad de la fe cristiana, que tiene sus inicios en la Palabra de Dios: ésta, sin embargo, siempre está viva, se desarrolla y se expresa de nuevas maneras, siempre en coherencia con toda la construcción, con todo el edificio de la fe.
Dado que la Palabra de Dios es parte integrante de la celebración litúrgica, Rabano Mauro se dedicó a esta última con el máximo empeño durante toda su existencia. Redactó explicaciones exegéticas apropiadas casi para todos los libros bíblicos del Antiguo y del Nuevo Testamento con un objetivo claramente pastoral, que justificaba con palabras como éstas: "He escrito esto... sintetizando explicaciones y propuestas de otros muchos para ofrecer un servicio al pobre lector que no puede tener a disposición muchos libros, pero también para ayudar a quienes en muchos argumentos no logran profundizar en la comprensión de los significados descubiertos por los padres" ("Commentariorum in Matthaeum praefatio", PL 107, col. 727D). De hecho, al comentar los textos bíblicos recurría enormemente a los padres antiguos, con predilección especial por Jerónimo, Ambrosio, Agustín y Gregorio Magno.
Su aguda sensibilidad pastoral le llevó después a afrontar uno de los problemas que más interesaban a los fieles y a los ministros sagrados de su tiempo: el de la Penitencia. Compiló "Penitenciarios" --así los llamaba-- en los que, según la sensibilidad de la época se enumeraban los pecados y las penas correspondientes, utilizando en la medida de lo posible motivaciones tomadas de la Biblia, de las decisiones de los concilios, y de los decretos de los papas. De estos textos se sirvieron también los "carolingios" en su intento de reforma de la Iglesia y de la sociedad. A este mismo objetivo pastoral respondían obras como "De disciplina ecclesiastica" y "De institutione clericorum" en los que, citando sobre todo a Agustín, Rabano explicaba a personas sencillas y al clero de su misma diócesis los elementos fundamentales de la fe cristiana: eran una especie de pequeños catecismos.
Quisiera concluir la presentación de este gran "hombre de la Iglesia" citando algunas palabras suyas en las que se refleja su convicción de fondo: "Quien descuida la contemplación, se priva de la visión de la luz de Dios; quien se deja llevar por las preocupaciones y permite que sus pensamientos queden arrollados por el tumulto de las cosas del mundo se condena a la absoluta imposibilidad de penetrar en los secretos del Dios invisible" (Lib. I, PL 112, col. 1263A). Creo que Rabano Mauro nos dirige hoy estas palabras: en el trabajo, con sus ritmos frenéticos, y en las vacaciones, tenemos que reservar momentos para Dios. Abrirle nuestra vida dirigiéndole un pensamiento, una reflexión, una breve oración, y sobre todo no tenemos que olvidar el domingo como el día del Señor, el día de la liturgia, para percibir en la belleza de nuestras iglesias, de la música sacra y de la Palabra de Dios, la belleza misma de Dios, dejándole entrar en nuestro ser. Sólo así nuestra vida se hace grande, se hace vida de verdad.




Los Laberintos de Rabano Mauro
Capítulo de "Los Orígenes Cristianos de la Francmasonería" (Editorial Kier)

Por Eduardo Callaey


1. "Primus Praeceptor Germaniae"

Rabano Mauro fue el más célebre teólogo y escritor pedagógico del siglo IX. Alumno de Alcuino, Abad de Fulda y posteriormente Arzobispo de Maguncia, es considerado uno de los más destacados maestros de la generación posterior a Carlomagno y uno de los más conocidos hebraístas.105 Nació en Maguncia, de familia noble, aproximadamente en el año 776, y a edad muy temprana pronunció sus votos en el monasterio benedictino de Fulda, abadía a la que seguiría vinculado durante toda su vida, y a la que haría célebre gracias a su genio y su esfuerzo.
Rabano fue ordenado diácono en el año 801, cincuenta años después que Bonifacio fundara la abadía "en medio de un inmenso desierto". Al año siguiente se trasladó al monasterio de Tours en donde, bajo la directa guía de Alcuino -a la sazón abad del establecimiento- estudió teología y artes liberales. Fue el propio Alcuino quien le agregó el sobrenombre de Mauro en memoria del famoso discípulo de San Benito.
Después de un breve período de estudio -se cree que pasó un año al lado de Alcuino- fue convocado por su abadía, en la que era necesario como maestro. Su calidad pedagógica y su celo por el estudio y la enseñanza pronto lo convirtieron en director de la escuela monástica. Por entonces, su fama se extendió por toda la cristiandad, convirtiendo a Fulda en el más prestigioso centro de aprendizaje del Imperio Franco. En 814, luego de ser ordenado sacerdote, inició un viaje de peregrinación a Palestina, al cual alude en su comentario sobre el "Libro de Josué". Se dice que este viaje se produjo a raíz de los inconvenientes suscitados con su abad, Ratgar, que estaba obsesionado con la construcción de un nuevo complejo abacial, lo que impedía temporalmente el desarrollo de la escuela.106
Kaiser señala que la abadía de Fulda se encontraba bajo las órdenes directas de la Santa Sede, por lo que no debe extrañar que la iglesia abacial intentara copiar, en lo posible, a la iglesia de San Pedro de Roma.
A su regreso de Palestina y bajo el gobierno de Eigil -que asumió el control de la abadía a partir de 817- Rabano volvió a dedicarse íntegramente a su vocación docente.
En 822 fue elegido abad.107 Llegaron entonces tiempos muy propicios para Fulda, convertida en la escuela monástica más importante del mundo cristiano al norte de los Alpes. Rabano supo encontrar tiempo para transmitir sus enseñanzas acerca de las Escrituras, con un estilo pedagógico tan particular que solía despertar el entusiasmo en el pueblo y el clero. Reconocido como la máxima autoridad en las Escrituras, y más tarde en literatura eclesiástica y derecho canónico, en los siglos siguientes se lo recordó con el título de "Primus Praeceptor Germaniae".

2. Exégesis y Tradición

Luego de la muerte de Carlomagno, el scriptorium de Fulda se había convertido en heredero de la Escuela Palatina, con una posición muy importante en la misión de trasmitir sus tendencias culturales, lo cual fue en gran parte posible por la intervención de Rabano. Sin embargo, más allá de lo mucho que se podría destacar sobre su figura, el punto que nos interesa en particular es su trabajo como exegeta y comentarista de la Biblia y de algunos libros del Antiguo Testamento.108
En un momento en el que aún estamos lejos de "la razón" y en donde nadie habla de razonamiento, la exégesis es -como diría George Duby- "el instrumento al que todos acuden y en el que se sintetizan todas las investigaciones espirituales..."
"Del Dios oculto provienen los signos tan misteriosos como quien los engendra. Lo importante es poder descifrar estos mensajes; todos los métodos de enseñanza tienen esta finalidad a partir del renacimiento de los estudios en los monasterios carolingios. ..Rabano Mauro fue uno de sus iniciadores... "Tuve la idea -dice Rabano- de componer un opúsculo que tratase, no solamente de la naturaleza de las cosas, y de la propiedad de las palabras, sino también de su significación mística". ...Las palabras, la naturaleza: estos son los dos campos accesibles al espíritu humano, en los que Dios consiente manifestarse..."109
Nosotros agregamos que esta definición de Rabano bien podría aplicarse a la ciencia de los cabalistas hebreos.
Hacia el año 834 escribe una gran cantidad de obras. Entre ellas una exégesis de los "Libros de los Reyes" y los "Libros de las Crónicas", que son justamente los textos con mayor información acerca de la construcción del Templo de Salomón. Si bien gran parte del texto es la trascripción textual del citado libro de Beda -"De Templo Salomonis Liber"- encontramos una serie de datos valiosos en cuanto a los aspectos bíblicos del relato masónico.
Merced a la formación e influencia de Alcuino, Rabano conoce profundamente la obra de Beda y adquiere fuertes conocimientos del hebreo. Pero también dispone de un acceso directo a fuentes bíblicas, a través de cierto maestro hebreo que lo asiste en temas vinculados a la tradición judía. Acerca de este judío dice Newman:
"...es una de las más interesantes y misteriosas figuras en la historia del hebraísmo cristiano medieval. Berger y otros lo consideran un judío convertido al cristianismo, conocedor del Talmud desde su juventud. Aparentemente, fue el autor del famoso trabajo "De Quaestionibus Hebraicis in libros Regum et Paralipomenon", elaborado según la forma y el estilo de "Quaestiones Hebraicae e Interpretatio hebraicorum nominum", de Jerónimo, pero lleno de tradiciones e interpretaciones rabínicas. A este exegeta judío bautizado, también se le atribuye la obra "De Scholiis hebraicis in Sacram Scripturam", que contiene glosas sobre la mayor parte de los Libros del Antiguo Testamento, incluyendo entre otros el Pentateuco, Josué, Ruth, Samuel y Reyes, Job, y Salmos".110
La influencia de este judío en los escritos de Rabano es notable, al punto que, en la dedicatoria que le hace a Alcuino en el prefacio de los "Comentarios a los cuatro Libros de los Reyes...", le advierte a su maestro señalando:
"... Además, intercalé en no pocos lugares la exposición trasmitida por los hebreos, que extraje de los textos de cierto hebreo de estos tiempos modernos, experto en la Ley, y asimismo anoté su nombre. No lo hice con la intención de imponer a nadie la autoridad de aquél, sino, por el contrario, dejo su examen al juicio del lector..."111
Los citados "Comentarios a los cuatro Libros de los Reyes..." reproducen lo dicho por Beda, que ya hemos expuesto. Cuando digo "reproducen" me refiero a que se trata de la cita casi textual de lo escrito por aquél. Pero en el Capítulo II de los "Comentarios a los dos Libros Paralipomenos" encontramos los siguientes fragmentos, correspondientes al momento en que Hiram de Tiro envía a Salomón al broncista Hiram Abi:
"...Dijo Hiram, rey de Tiro, por medio de una de las cartas que había enviado a Salomón: "Puesto que el Señor ha querido a tu pueblo, hizo por esto que tu reinaras sobre él", y agregó luego "Alabado sea el Señor Dios de Israel, que creó el cielo y la tierra, que dio al rey David un hijo sabio y culto, juicioso y prudente para que construyera la casa del Señor y el palacio para él. Te he enviado por esto, un hombre prudente y el más preparado de los obreros, mi padre Hiram (Abi), hijo de una mujer que proviene de los hijos de Dan, cuyo padre fue tirio, y que sabe trabajar el oro y la plata y el bronce y el hierro y el mármol y la madera, en púrpura, y también el jacinto, y el lino y en escarlata, y que sabe cincelar todo tipo de esculturas, y descubrir sagazmente todo lo que se necesita en estos trabajos, con tus artesanos y los de mi Señor David, tu padre"
"...Por lo tanto, lo que dijo Hiram a Salomón por medio de sus cartas: "Te he enviado un hombre prudente y el más preparado de los obreros, mi padre Hiram, hijo de una mujer que proviene de los hijos de Dan, cuyo padre fue tirio..." revela que él era del linaje Salomith, de la tribu de Dan, lo cual se encuentra escrito en el Libro de los Números (Num. XXXIV). Por otra parte, dicen que el padre de aquel hebreo fue un hebreo del linaje de Ooliab de la tribu de Dan, que fue a trabajar al desierto junto con Beseleel (Exod. XXXVI)..."112
A poco de leer esta cuestión en el Antiguo Testamento surgen datos muy sugestivos; nuevamente aquí, al igual que en el texto de Beda, se establece una relación entre la construcción del Tabernáculo y la del Templo de Salomón. Veamos:
Beseleel, o mejor dicho Bezaleel, es un artesano, experto en el trabajo del oro y la plata, broncista fundidor, tallista de piedras de engaste y ebanista. Hijo de Uri y nieto de Hur, de la tribu de Judá. Y es convocado por Moisés para llevar a cabo la obra del Tabernáculo. En tanto que Ooliab, o Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan es su ayudante, artesano especialista en "toda obra de arte e invención", experto en el secreto del azul, la púrpura y el carmesí.
En Éxodo XXX, se describe detalladamente la forma en que Jehová designa a ambos para la construcción del Tabernáculo, el Arca de la Alianza, el Propiciatorio, los utensilios, el Altar del Holocausto y la Fuente de Bronce (recordemos el "Mar de Bronce" que funde Hiram Abi en el Valle del Jordán). Los capítulos XXXVIII y XXXIX describen minuciosamente cómo fue llevada a cabo la obra por Bezaleel y su ayudante Aholiab. La similitud entre el trabajo de Bezaleel y el de Hiram Abi es asombrosa. Ambos son artistas, broncistas fundidores. Ambos construyen un santuario. El texto también expone en detalle la cantidad de material utilizado, y menciona a Ithamar, hijo de Aarón como director de obra a cargo de las cuentas. Ithamar es a la obra del Tabernáculo, lo que Adoniram es a la del Templo de Jerusalén. Pero allí no terminan las relaciones.
Los Grados XXIII y XXIV del R.E.A. y A., denominados "Jefe del Tabernáculo" y "Príncipe del Tabernáculo" respectivamente, guardan una estrecha relación con esta tradición. El Grado XXIII, preparatorio del subsiguiente, predispone al candidato para ingresar en el Santuario donde trabaja "la Jerarquía". El XXIV introduce al masón en los "misterios mayores", en el corazón del Templo y le impone graves responsabilidades. En este grado, el presidente, es denominado "Muy Poderoso Maestro" y representa a Moisés. Los tres vigilantes representan a Aarón, Bezaleel y Aholiab. Este último -según Rabano Mauro- es el ancestro de Hiram Abi, que fue a trabajar al desierto junto con Bezaleel.
Cabe hacer algunas observaciones adicionales sobre este misterioso grado del "Príncipe del Tabernáculo". Gallatin Mackey comenta que parece "ser peculiar al Rito Escocés y sus modificaciones, puesto que no se lo ha encontrado en ningún otro Rito".113 En tanto que André Cassard refiere que éste es uno de los grados establecidos en el Rito Escocés por Federico el Grande, rey de Prusia.
Sea cual fuere su origen, lo cierto es que se trata de un grado sumamente esotérico, cuyo objeto filosófico se encuentra seriamente modificado en los países latinos, en especial por la influencia del krausismo español que introdujo alteraciones atinentes a cuestiones políticas y sociales.114 Sahir Erman refiere cierto parlamento que el aspirante escucha durante la ceremonia de iniciación. Allí, el oficial que representa a Moisés dice:
"¡Escucha y estudia! Interpreta con tu propio y libre juicio nuestros símbolos, porque en cada piedra bruta, una piedra cúbica perfecta se oculta. Debes ser muy cuidadoso, no confundir la verdad con la sombra o la forma. Mucha gente da la espalda a la fuente de la luz, y se asombra cuando ve una mancha oscura en la pared, frente a sí. Dios es el acto. Dios es el libro. Tú eres parte de sus actos. Ahora el libro se abre frente a ti, y tú posees la fe y sapiencia necesarias para interpretarlo correctamente. Solo entonces tú estás listo para ser recibido en los Misterios Mayores..."115
Bezaleel -cuyo nombre en hebreo significa "en la sombra de Dios"116- es mencionado nuevamente en el Segundo Libro de las Crónicas: Salomón, ya afirmado como rey, reúne a los jefes, jueces y príncipes del reino en torno a la tienda en la que se guardaba el Arca. Allí, el rey ofrece holocaustos sobre "...el altar de bronce que había hecho Bezaleel, hijo de Uri..."117
Este vínculo, entre el Tabernáculo y el Templo de Jerusalén, es señalado de manera precisa por Beda, en el capítulo primero de De Templo Salomonis Liber, titulado "Que la construcción del Tabernáculo y el Templo simboliza la Iglesia misma de Cristo". Simboliza la propia casa espiritual del Señor, incluso un tabernáculo levantado en el desierto por Moisés.
"En verdad, aquella casa [el Tabernáculo] fue construida en el camino por el que se venía a la tierra prometida; esta lo fue en la misma tierra y en la misma ciudad de Jerusalén; para aquél que, trasladándose de un lugar a otro mediante el constante servicio de los levitas, finalmente fuera conducido a la tierra de la herencia prometida; para que, edificada casi en la patria misma y en la ciudad real, ésta se mantuviera con cimiento por siempre inviolable, hasta que alcanzara el favor de las imágenes celestiales asignado a ella."118
Luego, Rabano continúa con un fragmento cuyo significado ofrece algunas dificultades. Refuta que Hiram Abi sea tirio y afirma que es hebreo, argumentando que se trata de un error de traducción:
"...Dicen los hebreos que el hecho de que lo llamen tirio se explica porque éste había sido el resultado de una traducción. Pues, en su lengua, por "Zochri" se entiende creación.119 Así también, por "tirio", que ellos llaman "Ozor", suele entenderse en algunos lugares "angustia" y en otros "creación". Por esta razón lo llama "Hiram su padre", puesto que, habiendo llegado a él desde la tierra de Israel en peregrinación, le enseñó el temor que debe sentirse ante el Señor y lo indujo al conocimiento de Dios..."120
Sin dudas, Rabano posee una fuente hebrea que le permite acceder a esta información, seguramente ese "judío de estos tiempos modernos" que menciona en la epístola a Alcuino.
El texto continúa con algunos comentarios alegóricos acerca de Hiram en donde el texto del Antiguo Testamento prefigura a Cristo y la Iglesia:
"...Hiram también alude alegóricamente a los doctores de los pueblos gentiles que la gentilidad envió a la Iglesia. Estos sabían trabajar el oro y la plata y el bronce y el hierro y la madera y el mármol, también en púrpura, y el jacinto y el lino y en escarlata. El oro significa el brillo de la sabiduría, la plata el esplendor de la elocuencia, el bronce la sonoridad de la prédica, el hierro la firmeza de la fe, el mármol la gracia de las virtudes, la madera el vigor de las buenas obras, la púrpura el derrame de la sangre del martirio, el jacinto la vida celestial, el lino la pureza del cuerpo, la escarlata la perfección de la caridad..."
"...En todos estos temas espirituales, Hiram sabía cómo llegar a ser esforzado y competente, a fin de que toda virtud reluciera con un esplendor digno de la casa de Dios a los ojos de los hombres y para su instrucción, y con un hálito de buena voluntad resultara aceptable ante la mirada de la divinidad. Por ello dice Hiram a Salomón: "Nosotros cortaremos la madera del Líbano, porque te resulta indispensable, y la pondremos en nuestras naves en dirección a Jope a través del mar; tuya será la labor de trasportarlas a Jerusalén" Estas palabras significan que los pueblos gentiles, luego de oír hablar de los Evangelios, con fe envían a diversos representantes de los hombres a recibir el bautismo. Con todo, es propio del único y verdadero Dador de paz, de nuestro Redentor, incluir a aquellos hombres en la unión espiritual de la Santa Iglesia, al purificar sus pecados por medio de los sacramentos celestiales..."
"...De ahí que diga Juan en el Evangelio: "Quien me envió a bautizar en el agua me dijo: 'sobre quien llegue a ver que el espíritu desciende y sobre él permanece, él es quien bautiza en el Espíritu Santo' y yo vi y fui testigo de que éste es el Hijo de Dios..."121
Finalmente, el texto concluye con la trascripción del Capítulo III de "De Templo Salomonis Liber".
Como se observa, ambos autores -Beda y Rabano Mauro- conforman un sólido cuerpo exegético en torno de la tradición bíblica de la construcción del Templo de Salomón, en la que la figura de Hiram Abi es ampliamente abordada y adquiere caracteres alegóricos. Resulta hasta natural aceptar que estas obras influyeron profundamente en las tradiciones de los monjes constructores que actuaban bajo la dirección del movimiento benedictino.
Se sabe que Rabano utilizó en sus trabajos otras fuentes judías, tales como Filón y Flavio Josefo. Cabe también mencionar que fue un creador insuperable de laberintos y caligramas, lo cual merecería un capítulo especial, pero que nos apartaría del sentido de este libro. Sin embargo no podemos dejar de mencionarlo, aunque más no sea tangencialmente, pues este tipo de construcciones literarias recuerda y remite al método de los cabalistas judíos, cuya influencia en la masonería es notable. Se destaca particularmente su tratado "De laudibus Sanctae Crucis", en el cual se encuentran gran cantidad de ilustraciones, números e imágenes de carácter alegórico.
Según afirma el profesor Rafael de Cózar122, Rabano Mauro realizó, "…siguiendo la tradición de Porfirio y Venancio Fortunato, un extenso número de pentacrósticos. En el conjunto de su obra destacan los veintiocho tetrágonos pentacrósticos que bajo una unidad temática componen el tratado de las alabanzas de la cruz: De laudibus Sanctae Crucis, texto fechado en el año 815, dedicado al rey Luis, el Piadoso...".123
Rafael de Cózar es uno de los más importantes eruditos de habla hispana en artificios literarios. Su obra "Poesía e Imagen", "Formas difíciles de ingenio literario", contiene una detallada información sobre los laberintos y artificios literarios de Rabano Mauro. Con relación al mencionado tratado De laudibus Sanctae Crucis dice:
"...En el conjunto de los pentacrósticos o laberintos del tratado de Rabano Mauro hemos observado cuatro tipos de estructuras formales diferenciadas, aunque es la cruz el elemento básico que componen las figuras del libro: agrupamos así en un primer conjunto los textos con representación figurativa: el segundo viene definido por el fundamento letrista en la elaboración de las cruces y símbolos; el tercero y más numeroso se caracteriza por las figuras geométricas como elementos constructivos, mientras el último, con muy escasos ejemplos, agrupa a los laberintos menos complejos, basados en una cruz simple formada con los ejes vertical y horizontal del cuadro de letras..."
Para Cózar, la importancia de estos artificios literarios convierten a Rabano en referente para todos los estudiosos en los que aparece alguna referencia a estas formas, y afirma que "…es, por ello, el autor mejor conocido como ejemplo significativo de la vigencia en esa época del género laberíntico, sin duda el momento en que llega a su culminación en complejidad y proyección en la historia..."124
Rabano Mauro es, en síntesis, uno de los artífices de las tradiciones que hicieron de la piedra un libro en donde las gentes pudieran comprender las raíces de su fe. ¿Cómo llegó esta tradición a formar parte de los rituales y tradiciones de la Masonería? Todo parece apuntar a las organizaciones de monjes constructores que basaron su tradición en los modelos bíblicos desarrollados en la literatura de los maestros benedictinos herederos de Beda.
Tanto Beda como Rabano aportan el texto que luego servirá de base al último gran hebraísta de nuestro itinerario, Walafrid Strabón, autor de la famosa "Glossa Ordinaria", una obra que sería por quinientos años la exégesis bíblica más difundida en Europa. Cuando abordemos a este monje en particular veremos que su obra contiene todos los elementos expuestos por estos autores, como si se tratase de una guía que simplifica y ayuda a la búsqueda de todo el conocimiento acumulado sobre la tradición bíblica hasta ese momento. Tal vez sea por esa razón que algunos autores se atreven a afirmar que Walafrid Strabón estaba en conocimiento de la leyenda de Hiram Abi.
Esta afirmación se ve fortalecida cuando se analiza el escenario que rodea al hecho literario. La particular asociación de Rabano y Walafrid, que alcanza dramáticos ribetes en el enfrentamiento entre los hijos de Ludovico Pío, y que genera acciones estratégicas, como la fundación y control de una nueva y poderosa abadía en Hirsau, más cercana a los territorios de Lotario -y alejada de Luis, el Germánico-, inducen a pensar en una sólida confluencia de tradiciones, intereses y vínculos políticos.
A la misma velocidad con que se producía la disolución del viejo Imperio de Carlomagno -signada por acontecimientos militares que conmocionaban a la cristiandad- también avanzaba la construcción de iglesias y abadías a ritmo febril. Y del mismo modo como se preparaba el nacimiento de los Estados, también se gestaban las tradiciones que regirían a las instituciones de la sociedad feudal.

3. Walafrid, el "Bizco"

Llegamos así a Walafrid Strabón, "el Bizco" -nacido en Suabia hacia el año 808- el último eslabón de esta larga cadena de exegetas.
Considerado por sus obras como uno de los más influyentes teólogos alemanes del medioevo, es el hombre que mayor esfuerzo realizó en recopilar, mantener y difundir las obras de Beda y de Rabano Mauro a través de su "Glosa Ordinaria", quizá la más importante compilación exegética conocida. El éxito de esta obra, "la más difundida e importante fuente de información con respecto a las ciencias bíblicas"125 se debió a que reunía en un sólo texto una enorme colección de textos que permitían, al monje no erudito o al estudiante de las Sagradas Escrituras, una muy rápida selección de bibliografía ampliatoria del propio texto bíblico.
La copia más antigua de este libro es casi por entero un trabajo del propio autor, lo cual permite establecer claramente el método que utilizaba: una columna central con la prosa bíblica en latín y, en el margen, las acotaciones o "glosas" con las referencias respectivas a los textos exegéticos escritos con relación a aquella prosa. Una rápida mirada sobre las glosas escogidas por Strabón para los libros de "Reyes" y "Crónicas" basta para darse cuenta de que las mismas corresponden, casi exclusivamente, a Beda y Rabano Mauro, con muy pocos agregados propios.
Si se tiene en cuenta que esta "Glosa" fue la guía de estudiosos y eruditos durante siglos se comprenderá su importancia en cuanto a la preservación de los textos sobre los cuales se construiría posteriormente la tradición masónica.
Strabón, de familia muy pobre, había ingresado siendo aun pequeño en el monasterio de Reichenau, cuya biblioteca era una de las más famosas del Imperio. Su biblioteca contenía 415 volúmenes, 138 de los cuales estaban relacionados con la liturgia. Se trataba de una colección permanente, cuidadosamente catalogada, que permitía la circulación de los libros. De allí su enorme importancia.
En este complejo monástico, a orillas del Lago Constanza, se formó bajo la tutela de los maestros Tatto y Wittin, quienes le trasmitirían la tradición benedictina y el amor a la lengua de los patriarcas. Con respecto a su conocimiento del hebreo, Newman destaca que sus "Glosas" no sólo alcanzaban los libros bíblicos sino también los llamados "Apócrifos", en donde las explicaciones sobre palabras y pasajes en hebreo demuestran que Strabón tenía un profundo conocimiento de esta lengua. Se cree que este particular interés por el idioma hebreo y la fama de Rabano Mauro lo llevaron -con apenas dieciocho años- a Fulda, donde permaneció bajo la tutela del gran maestro entre los años 826 y 829.
Durante su desempeño como capellán de la joven emperatriz Judith -esposa del emperador Ludovico Pío- fue testigo de las sombrías disputas del palacio. El emperador, presionado por su esposa -madre de Carlos, el Calvo- había dejado sin efecto la regencia de Lotario -su hijo mayor, otrora su preferido- alentando a sus otros hijos, Luis, el Germánico y Pipino, contra el primogénito.
Convertido en abad de Reichenau, Strabón vive estos acontecimientos con una creciente angustia, compartida con su maestro Rabano, a la sazón abad de Fulda. En 838 emprenden juntos una empresa de vital importancia para la supervivencia de la tradición que ambos encarnan. La guerra en ciernes y su simpatía por Lotario los coloca en una situación riesgosa, dado que sus respectivos monasterios estaban ubicados dentro de los territorios de Luis, el Germánico. Deciden -entonces- impulsar una nueva y poderosa abadía en Hirsau, que había sido fundada en 830 en el valle del Nagold (actual territorio de Baden-Wurtemberg), pero que permanecía inactiva. Para ello, eligen a quince de sus mejores discípulos y los envían al nuevo monasterio. Retornaremos más adelante con la particular historia de esta abadía. Mientras tanto, los acontecimientos se precipitan.
El año 840 es difícil para ambos. Muere Ludovico y la guerra se desata entre Lotario y sus hermanos Luis, el Germánico y Carlos, el Calvo; los territorios de los contendientes no se definen. Fulda y Reichenau se encuentran bajo el control territorial de Luis. Sin embargo, los dos abades responden a Lotario, al igual que Otgar, el arzobispo de Maguncia. Todo el Imperio es un caos. Lotario resiste, pero es derrotado por los ejércitos de sus hermanos en la batalla de Fontenoy.
Pese a la derrota, la situación permanece estancada, hasta que Luis y Carlos deciden ponerle fin. En un último intento, Otgar trata de impedir que las tropas de Luis crucen el Rin, pero es vencido por una rápida acción de Carlos, que pugna por reunirse con su hermano. Rabano huye a Spyra para evitar el juramento de lealtad al príncipe rebelde. Strabón es conminado al exilio y busca refugio en las tierras de Lotario.
El 14 de febrero de 842, reunidos en Estrasburgo, Luis y Carlos sellan una alianza definitiva. La disputa se resuelve recién en 843, año en que, fruto del agotamiento y de la creciente conciencia de una división definitiva, los tres hermanos firman el Tratado de Verdún y se dividen el viejo Imperio. Carlos, el Calvo, al oeste se queda con Francia; Luis al este con Alemania. La franja central, con fronteras que contienen los actuales territorios de Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Suiza e Italia es para Lotario, que también retiene el título de emperador. Pero ahora es sólo eso: Un Título.
Fulda y Reichenau quedan bajo la soberanía de Luis, el Germánico. Strabón obtiene el perdón del príncipe y es restituido al frente de su abadía en ese mismo año, pero Rabano es obligado a renunciar a su dignidad de abad y se retira a Petersburgo. En el año 845 se reconcilia con Luis y en 847 sucede a Otgar como arzobispo de Maguncia. Apenas dos años después, en 849, Strabón es enviado a Francia en una embajada a Carlos, el Calvo, de quien había sido preceptor en la corte de Ludovico Pío; pero enferma y muere en el viaje.
Rabano -cuyo corazón nunca olvidó los claustros de Fulda- muere en Vinicellum (Winkel), cerca de Maguncia, el 4 de febrero de 856. Para entonces su misión estaba cumplida.