sábado, 25 de agosto de 2018

Extracto de la Antigua Regla Masónica Rectificada





EXTRACTO DE LA REGLA MASÓNICA RECTIFICADA

        El imprudente que espera la hora en que tiene que actuar para saber lo que tiene que hacer, solo aprende por los reveses y el infortunio; y aquel que, para informarse de sus deberes espera el momento en el que deberá cumplirlos, se expone a faltarles siempre.

I
Adora al Ser lleno de majestad que creó el Universo por un acto de su voluntad y que lo conserva por un efecto de su acción continuada. Prostérnate ante el Verbo encarnado, y bendice a la Providencia que te ha hecho nacer entre los cristianos. Demuestra en todas tus acciones una moralidad esclarecida, sin hipocresía y sin ostentación.

II
Recuerda siempre que el hombre fue la obra maestra de la Creación, ya que Dios mismo lo creo a su imagen y semejanza. Convéncete de la naturaleza inmortal de tu alma, y separa cuidadosamente este principio celeste e indestructible de mezclas extrañas.

III
Tu primera ofrenda pertenece a la Divinidad, la segunda, al Soberano que la representa sobre esta tierra. Quiere a tu Patria, honora a sus jefes; cumple escrupulosamente con todas las obligaciones de un buen ciudadano, y piensa que ellas han sido santificadas por los votos libres del Masón; infringirlas representa añadir la ingratitud al perjurio.

IV
Salidos de un tronco común, quiere como Hermanos a todos tus semejantes, ellos tienen un alma inmortal como la tuya. El universo es la patria del Masón, y nada de lo que concierna al hombre le es extraño. Respeta la asociación masónica extendida por todas partes, y ven a dedicar en nuestros templos tu ofrenda a la beneficencia.

V
Dios, pudiendo bastarse a sí mismo, se dignó comunicarse a los hombres. Acércate a este modelo infinito, derramando sobre tu prójimo toda la masa de felicidad que esté en tu poder. Todo lo que el espíritu humano pueda concebir de bueno, está sometido a tu acción. Que una beneficencia activa, esclarecida y universal sea el principio de tu conducta. Previene el grito de la miseria; no le seas nunca insensible. Huye de la avaricia y la ostentación, no busques la recompensa del bien en la aprobación de la multitud, sino en el fondo de tu corazón. Y cuando veas que no puedes hacer dichosos a tantos como tú quisieras, mira el conjunto sagrado de buenas acciones que nos une, y coopera según tus posibilidades y capacidades en nuestros útiles establecimientos.

VI
Sé afable y servicial, que tu ejemplo inspire en todos los corazones el amor por la virtud; comparte sinceramente las penas y las alegrías de tu prójimo, y que la envidia no enturbie jamás este gozo. Perdona a tu enemigo, ámale, hazle bien; cumplirás así con uno de los preceptos más sublimes de la moral sagrada y reencontrarás los vestigios de tu antigua grandeza.

VII
Sondea los pliegues escondidos de tu corazón. Tu alma es la piedra bruta que debes desbastar. Dedica al Ser Supremo la ofrenda de tus acciones ordenadas y tus pasiones vencidas. Que tus costumbres sean puras y que tu alma sea cierta, pura y recta. Evita el escándalo, teme a los frutos amargos del orgullo, que perdió al hombre. Estudia los jeroglíficos de la Orden, ellos velan grandes verdades, y gracias a esa meditación llegarás a ser mejor.

VIII
Todo Masón, de cualquier comunión cristiana, país o condición que sea, es tu Hermano, y tiene derechos sobre tu asistencia. Respeta en la sociedad las distancias legítimas. En nuestros templos, sólo consideramos las existentes entre la virtud y el vicio. Guárdate de establecer toda distinción profana que lesionaría nuestra igualdad, y no te avergüences jamás en el mundo de un hombre honesto al que aquí has abrazado como a tu Hermano. No hagas esperar el socorro que puedas ofrecer, intenta reconducir al que se equivoca. Si se levantan nubarrones entre los Hermanos, trabaja sin descanso por disiparlos, ya que solamente la concordia puede cimentar nuestros trabajos.

IX
No te apartes jamás de las obligaciones impuestas a los Masones las cuales tú has aceptado libremente; respeta a tus superiores, obedéceles; ellos hablan en nombre de las leyes. Que el compromiso que has formulado de guardar nuestros secretos, esté siempre en tu memoria, si osas vulnerarlo, tu corazón siempre te lo reprochará y todos los Masones te abandonarán.

viernes, 24 de agosto de 2018

Hacia un Directorio Escocés Provincial en América del Sur


Alphonse de Lamartine, escritor y político francés, decía que solo el egoísmo tiene Patria, la fraternidad no la tiene. La cita me viene a la mente cada vez que llego a un lugar en el que me esperan mis Hermanos. Puedo recordar el modo en el que fui recibido en diferentes países, por Hermanos de distintas obediencias, y todos esos recuerdos son gratos. Sin embargo en estos últimos años, en los que por azarosas causas del destino –o por una gracia inmerecida– he viajado con frecuencia por mis responsabilidades para con el Régimen Escocés Rectificado y la Orden a la que pertenezco (Gran Priorato de Hispania), esta sensación de que la fraternidad no tiene Patria adquirió una dimensión especial.

Hace ya una década, un grupo de masones argentinos comenzábamos la temeraria tarea de desembarcar la antigua tradición cristiana del Rito Escocés Rectificado en tierras sudamericanas. En un continente en donde el Rito Escocés Antiguo y Aceptado reinaba desde el siglo XVIII, acompañado minoritariamente por los ritos de procedencia inglesa, el RER era algo exótico, un primo desconocido. En países en donde la palabra “masonería” es todavía casi un sinónimo de “destripa-fraile” hablar de masonería cristiana parecía un oxímoron.

Desde luego que no fue fácil difundir los orígenes de esta antigua tradición europea de una masonería caballeresca cuya partida de nacimiento es institucionalmente anterior a los ritos arraigados en América Latina. Claro que no fue fácil.

Decía que la tarea era temeraria –y realmente lo fue–, no solo porque pronto se manifestó la hostilidad de aquellos que verdaderamente creen que la francmasonería surgió espontáneamente en la modernidad, como consecuencia de una sociabilidad basada en el libre pensamiento (olvidándose de en qué se inspiraban los masones medievales y en nombre de qué construían miles de catedrales e iglesias), sino porque desde un principio, desde los primeros viajes a la Casa de la Orden, en Barcelona, teníamos claro que el objetivo no era solo el de levantar columnas de una Logia en Buenos Aires sino el de traer el RER a Sudamérica. Por otra parte no se trataba éste de un RER edulcorado, adaptado a la modalidad impuesta por quienes solo reconocen los tres primeros grados simbólicos de Aprendiz, Compañero y Maestro, sino de un RER en su máxima ortodoxia, cuya bisagra y bandera es ese cuarto grado de la Clase Simbólica denominado Maestro Escocés de San Andrés, poseedor a su vez de una Clase Caballeresca que conforma la Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa. Ese era el desafió. Porque aquí no había Maestros Escoceses de San Andrés, ni mucho menos CBCS. Había que formarlos.

Con César Rivera, Gran Visitador General, Representante del GPDH en Bolivia
junto a los HH. con responsabilidades de gobierno en las Logias de la Orden Rectificada

De modo que en esa primera etapa los viajes a Europa se volvieron frecuentes hasta que pudo lograrse la masa crítica de HH.·. Maestros Escoceses, y luego el número de Caballeros –armados en Barcelona– que nos permitiese crear la primera Encomienda, y luego otras dos y, más recientemente, una Prefectura. Pero a poco de andar sucedió, en aquellos primeros tiempos, que un importante grupo de HH.·. bolivianos, encabezados por el M.R.H. César Rivera decidieron levantar sus primeras Logias en el Oriente de Cochabamba. Luego se sumarían los HH.·. chilenos liderados por el M.R.H. Pedro Morales Segura. La tarea dejó entonces de constituir una temeridad para convertirse en el desafío de un crecimiento prolongado.

Hace algunos días, en la sede del Gran Priorato de Hispania en Bolivia, dimos un paso muy importante, dejando plantados los cimientos para la creación del primer Directorio Escocés Provincial en América Latina, que es la denominación equivalente, en nuestro Régimen Escocés Rectificado, a una Gran Logia Provincial. Diez años después de aquel inicio, el RER en suelo hispanoamericano se encuentra a punto de completar la estructura de sus Logias y Capítulos bajo el estandarte del GPDH. 

En estos años se sucedieron al frente del Gran Priorato de Hispania tres masones que confiaron en nosotros y apoyaron este proyecto: los MM.RR.HH., Ramón Martí, Josep Martí –que vendría en varias oportunidades a tierras americanas– y su actual Gran Maestre, Ferrán Juste. Esperamos que el próximo viaje de dignatarios de la Orden Rectificada con asiento en Europa a estas latitudes sea con el objeto de instalar el mencionado Directorio Escocés Provincial.     

Entre las principales actividades llevadas a cabo en Bolivia se destacan las ceremonias en las han sido hechos Maestros Escoceses HH. quienes tendrán la responsabilidad de conducir nuevas Logias, en particular la que se creará próximamente en la ciudad de Sucre, “Et Vires Voluntatis Nº 12” a partir del Triángulo que ya funciona allí, tal como también ocurre en Santa Cruz de la Sierra. Fueron días intensos dedicados a la instrucción masónica y a las cuestiones administrativas necesarias para el cumplimiento de los objetivos del RER. La próxima constitución de autoridades provinciales marcará un paso definitivo y será, para algunos de nosotros, una meta cumplida y el inicio de una nueva etapa.

Pero volviendo a aquello de que la fraternidad no tiene Patria, quiero expresar mi agradecimiento a los HH. de Bolivia por todo el afecto y las atenciones recibidas. Es verdad que cada país tiene una idiosincrasia masónica diferente y que, aunque compartimos una misma raíz cultural, los sentimientos y las costumbres varían en cada lugar. Es muy relevante que en Bolivia la masonería se proyecte fuertemente hacia el interior de las familias y que los HH. compartan permanentemente actividades que incluyen a sus esposas y sus hijos. Esto es algo que no deja de sorprenderme por su intensidad y por el sentimiento profundo de amor que une a los miembros de nuestra Orden Rectificada en este querido país. Habla muy bien de todos ellos y especialmente de sus líderes. 

Ya finalizando esta breve reseña quiero hacer una reflexión acerca del egoísmo del que hacía mención Alphonse de Lamartine. En todos estos años vividos en el seno del RER, con sus ciclos positivos y negativos, con sus dulzuras y también sus amarguras –porque toda construcción humana es compleja– si hay algo de los que podemos estar orgullosos los masones rectificados de esta parte del mundo, es que siempre se antepuso el bien general como la razón de nuestros trabajos, y que cada uno, en la medida de sus fuerzas fue tan valiente como capaz de pensar en lo mejor para todos. Eso me produce una certeza, que permanece grabada en el corazón de los Maestros Escoceses: Meliora Praesumo. Los tiempos mejores son aquellos que aun están por llegar. 

El ideal iniciático, según Oswald Wirth


Siempre es una buena noticia la aparición de nuevas ediciones de los autores de obras clásicas sobre la francmasonería. Es el caso de "El ideal Iniciático", que acaba de publicar Editorial Kier. Se trata de una obra escrita por Oswald Wirth, nacido en Brienz, Suiza (5 de agosto de 1860 - 9 de marzo de 1943), y que fue el secretario del marqués Stanislas de Guaita (que fuera junto con Joséphin Péladan cofundador de la Orden cabalista de la Rosa Cruz). 


Wirth fue uno de los más importantes intérpretes de la simbología esotérica occidental y dibujó, en colaboración con Stanislas de Guaita, un Tarot editado con el nombre de Tarot de Wirth. Sin embargo, su interés literario se centró principalmente en la francmasonería y el simbolismo de sus grados. Es autor de numerosas obras, entre las que destaca el presente volumen, convertido en un clásico sobre la simbología de la iniciación masónica.

Afirmaba Wirth que "La iniciación no se da ni está al alcance de los débiles, que es preciso conquistarla y, al igual que en el cielo, solo lograrán los decididos. Por eso no exige al candidato un acto heróico: debe hacer abstracción de todo, realizar un vacío en su mente, a fin de poder crear su propio mundo intelectual partiendo de la nada e imitando a Dios en el microcosmos."

En efecto, Wirth define a la masonería como una escuela iniciática, es decir, que confiere sus misterios a través de una ceremonia denominada Iniciación. Uno de los méritos de este libro es que el autor centra la atención del lector en el análisis de este "rito de pasaje" que se encuentra en el epicentro del misterio.

El autor

Dice Wirth que enseñar a través del silencio es un proceso tradicional de la iniciación masónica: No hay en ella palabras que de alguna manera puedan alterar la verdad, sino actos que inducen a una investigación consciente y esmerada. En todo caso, el ritual de iniciación en una guía a través de ese pasaje en el que el alma peregrina hacia el santuario que existe en nuestro interior. Por esa razón no debe considerarse a esta obra como una descripción literal, sino como una invitación a desarrollar inquietudes que nos acerquen al descubrimiento del sentido profundo de la iniciación.

Tal es el objetivo último de estas páginas, en la que, tras un esbozo histórico y un clarificador concepto de la francmasonería, el autor nos guía en cada una de las etapas del camino, instruyendo sobre los deberes, las obras y los poderes de un iniciado auténtico. Con claridad y sencillez, Oswald Wirth nos sugiere que El Ideal Iniciático es el punto de partida hacia la más sublime de las realizaciones del ser.