miércoles, 3 de septiembre de 2008

Masonería Cristiana




La Masonería no es una religión. Sin embargo, todos sus símbolos provienen de la tradición cristiana y, por asimilación incuestionable, de la judía. Proclama la existencia de un Orden Superior al que denomina Gran Arquitecto del Universo y sus orígenes permanecen indisolublemente ligados al cristianismo medieval, a los modelos religiosos de la Biblia y al lugar más santo para los judíos y los cristianos: Jerusalén, asiento del Templo de Salomón y del Santo Sepulcro.

No posee un dogma, sin embargo, hasta mediados del siglo XIX no fue posible la existencia de obediencias masónicas que permitiesen oficialmente la pertenencia de ateos. Aun hoy la denominada francmasonería regular es presa de una intensa confusión en torno a esta cuestión, al punto que muchas Grandes Logias que se proclaman regulares admiten ateos y se vuelven cada vez más laxas en torno al uso del Volumen de la Ley Sagrada y la creencia en la trascendencia del Alma.

Que la francmasonería no posea un dogma no implica que no posea una doctrina. Los antiguos documentos liminares hablan de su vocación cristiana, de sus Santos Patronos y del carácter trinitario de su doctrina. Jean-Françoise Var –figura prominente del Régimen Escocés Rectificado- destaca el hecho de que muchos buenos hermanos se ofuscan cuando oyen mencionar la existencia de una doctrina en la masonería, circunstancia que atribuye a una confusión respecto de la diferencia entre dogma y doctrina. Dice el H. Var:

La palabra doctrina está en relación etimológica con el verbo doceo “enseñar”. La doctrina es lo que es enseñado por un doctor, un maestro, un profesor, a aquella persona que, gracias a ello, se va a convertir en doctus, instruido, en sabio. Ahora bien, ¿cómo actúa la Masonería? Es evidente que por vía de la iniciación, pero al mismo tiempo por vía de la enseñanza. Toda la Masonería está integrada de enseñanzas. Y especialmente la Masonería Rectificada, en la que esta enseñanza es, en cierto modo, el hilo conductor que guía a sus miembros a lo largo de su recorrido iniciático”.

Reconocidos los orígenes cristianos de la Masonería cabe preguntarse ¿por qué provoca tanto escándalo en algunos medios masónicos la intima vinculación de ésta con la fe cristiana? A tenor de lo expuesto pondré como ejemplo el conjunto de grados conocido como Rito Escocés Antiguo y Aceptado, tal vez el más difundido y numeroso en los países latinos. Sabido es que en sus Altos Grados los últimos son trinitarios y que a esas “alturas” el G.·.A.·.D.·.U.·. es denominado por su nombre: Dios, y que por él juran creyentes y ateos en un acto de hipocresía indigno de masones. Las actas de los Supremos Consejos esparcidos por el mundo están plagadas de invocaciones a Dios y a La Santísima Trinidad.

He sido testigo presencial de las más insólitas interpretaciones en torno a la doctrina del grado de Caballero Rosacruz, tan evidentemente cristiano que resulta irrisoria toda intención de vaciarlo de contenido religioso. Pero pues de esto se trata: La masonería denominada “progresista” lleva dos siglos intentando vaciar de contenido religioso a las enseñanzas fundamentales de su propia doctrina.

En la medida en que se introdujeron en la masonería corrientes marcadamente hostiles a las religiones, se pretendió establecer la idea de que su sistema simbólico carecía de todo principio vinculado a la fe, lo cual es falso. Si no fuese así ¿Qué sentido tendría la inclusión de las Virtudes Teologales en el Cuadro de Dibujos del Primer Grado del R.E.A.A.? ¿Qué haría allí la Cruz?

Dice Raimon Panikkar que el símbolo no es ni meramente objetivo (no es la imagen) ni puramente subjetivo (no es nuestra vista de ella). La conciencia simbólica no es conceptual, no es obra de la mente. Se nos abre en la experiencia, en el toque directo en el que la dicotomía objeto-sujeto no existe, y del que somos concientes.

Las mutaciones introducidas en los rituales masónicos a lo largo de los últimos dos siglos –circunstancia de la que, vale aclarar, no sólo ha sido víctima el REAA- hechas en nombre de la modernidad y del progreso, son la causa subyacente de la insólita situación a la que nos vemos expuestos los masones cristianos, excomulgados por los Pontífices Romanos como consecuencia de circunstancias históricas hartamente explicadas, pero también excomulgados por muchos de nuestros propios hermanos que aplican la tolerancia en modo selectivo.

Desde la aparición de las corrientes masónicas racionalistas materialistas, la idea del Gran Arquitecto del Universo se vio interpretada de las más diversas formas, negándose en algunos casos que se tratase de Dios; sin embargo la francmasonería es una institución antigua; tan antigua como el arte arquitectónico que dio nacimiento a todas las construcciones sagradas del mundo antiguo. Es por ello que su simbolismo se basa en las herramientas que utilizaron los antiguos constructores que erigieron, en todo el orbe, los templos consagrados a sus dioses. Por lo tanto, su trabajo tiene un carácter peculiar; sin ser sagrado se mantiene en el ámbito de lo consagrado. Sin ser religioso participa de una dimensión universal que alcanza –y sostiene- la concepción de Creador, Dios, el Gran Arquitecto del Universo.

Para Panikkar, el icono es realmente icono cuando se ha vuelto transparente y deja entrever, no lo que está detrás ni tampoco lo que se encuentra contenido en su interior, sino cuando se descubre como símbolo que envuelve a quien lo contempla. “...Uno de estos iconos, desde tiempos inmemoriales, se ha llamado Dios...”[1] Es por ello que la experiencia de Dios forma parte del trabajo masónico.

Pero como hemos dicho, existen corrientes masónicas que niegan esta relación. Las raíces de este conflicto pueden encontrarse en el siglo XIX, cuando los Grandes Orientes de Francia y Bélgica suprimieron, en 1865, la exigencia del reconocimiento de la existencia de Dios para pertenecer a las logias. Es conveniente señalar que la masonería regular –que nunca abandonó el concepto del G.A.D.U. y que jamás adhirió al cisma francés- no pudo evitar que estas ideas penetraran en sus filas generando profundas contradicciones que aún subsisten y se profundizan.


Existe sin embargo, en medio de este mar de confusión, una Masonería Cristiana que, lejos de arrastrar tales contradicciones constituye un sistema masónico completo, denominado Régimen Escocés Rectificado, a cuya historia y doctrina dedicaremos las próximas notas de este blog.

4 comentarios:

  1. Q.•.H.•. Eduardo, todo lo que expones, desde mi humilde opinión, se puede decir más alto pero no más claro.
    Ya sabes que a ti te debo mucho; prueba de ello es que fui iniciado como francmasón hace unos años tras tener la suerte de que nuestros caminos se entrecruzaran.
    Hoy en día me siento plenamente feliz de serlo, a pesar de que, como bien haces mención en tu artículo, considerándome cristiano me duela que mi condición de masón no sea aceptada por las autoridades eclesiásticas.
    Lo curioso de todo ello es que a veces me siento como que estoy “nadando entre dos aguas”: Por un lado debo tener un exquisito cuidado con los cristianos más ortodoxos por temor a ser rechazado por mi condición de masón, y por otro, también me ocurre lo mismo con muchos de mis propios HH.•. por mi creencia absoluta en el G.•.A.•.D.•.U.•., además de por mi firme afán en defender los sentimientos, enseñanzas y energías que se desprenden de nuestros rituales, los cuáles para muchos no dejan de tener más sentido que el de “apagar y encender velas”.
    Hace tiempo que rondaba por mi cabeza la idea de burilar una plancha dedicada a La Tolerancia, por lo que me puse a ello y tras su trazado, la leí en la última Tenida, siendo muy bien acogida por mis QQ.•.HH.•..
    Esto último me hizo cierta gracia, sobre todo porque en dicha plancha recalcaba el hecho de que muchos que se autodenominan masones y se vanaglorian de ello, una vez abandonado el Taller, vuelven una y otra vez a recaer en la intolerancia más absoluta, por lo que creo que nadie se dio por aludido (aunque es bien cierto que tampoco lo hice con la intención de señalar a nadie, sino todo lo contrario: que todos hiciésemos de vez en cuando un ejercicio de autocrítica porque de ello se extraen siempre conclusiones positivas).
    Aunque hace tiempo ya que no tenemos noticias el uno del otro, he creído conveniente incluir este comentario porque como todas las cosas, cada una tiene su momento y el hecho de que hayas traído a colación ahora este artículo tuyo, junto con el hecho de haberme leído ya 3 de tus obras (la primera fue con la que gentilmente tuviste a bien obsequiarme tras mi iniciación - lo cual te agradezco enormemente - : “Ordo Laicorum ab Monacorum Ordine”; las dos restantes son los dos primeros volúmenes de “El factor masónico…”), despertó en mi el interés en suscribir un comentario sobre todo lo que expones ya que estoy totalmente de acuerdo contigo – hasta donde mis pequeños conocimientos llegan, claro está -.
    No me alegra para nada la existencia de esa “guerra soterrada” dentro de la Masonería, pues de nada nos valen entonces nuestros lemas.
    ¿Dónde queda la Fraternidad de la que alardeamos y hacemos gala cuando se nos pregunta sobre la Masonería?, ¿dónde la Tolerancia?, ¿dónde radica entonces nuestra Fuerza?, ¿dónde, pues, nuestra Unión?, …
    Siempre tengo en mente la frase de Voltaire con la que un día me obsequiaste en uno de tus mensajes y que si mal no recuerdo era algo así como “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero me pelearía con quien fuera para que pudieras decirlo”.
    A raíz de esa frase, reconozco que he leído en más de una ocasión a Voltaire y creo que aún hay mucho por recorrer hasta llegar a ese punto en que ya no tenga validez esa otra frase suya: “La discordia es la gran calamidad que padece todo el género humano y la tolerancia supone su único remedio”. Los francmasones tenemos mucho que hacer y que decir sobre ello, pero debemos demostrarlo a la sociedad con hechos irrefutables.
    ¡ Ojalá no tengan que pasar otros 3 siglos más para que esto se haga realidad !
    Recibe un emotivo T.•.A.•.F.•.
    Salvador.

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  2. ¡Menos mal que me dió por poner mi nombre a pié del comentario, que si no a ver como me identificabas! (Como verás ya he cambiado mi nick a mi nombre real: nunca me han gustado los anonimatos).
    Lo dicho, un T.·.A.·.F.·.

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  3. Querido Salvador, tener noticias tuyas ha sido una gran alegría para mí. No ha sido ésta una semana con tiempo suficiente para contestarte, lo que haré por correo privado. Solo quiero, por ahora, agradecerte el recuerdo y las reflexiones. Creo que en estas páginas, que humildemente escribo, están las respuestas a algunas de tus dudas. Pese a la gran distancia que nos separa te tengo presente en mi corazón y me parece escucharte cada vez que retorno a nuestro viejo y bello amor por la lengua de Virgilio.
    Te abrazo, mi querido amigo y hermano.

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  4. Eduardo,
    encontré esto hoy en El País.
    Para ubicarte desde el trabajo, no se me ocurrió otra cosa que colgártelo aquí mismo.Supongo que te llegará notificación.
    Abrazo
    Nacho

    http://www.elpais.com/articulo/cultura/reclamar/Google/libro/ha/sido/escaneado/permiso/elpepucul/20090130elpepucul_1/Tes

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