miércoles, 5 de mayo de 2010

Las tumbas virtuales

A la memoria del Querido Hermano Alfredo Villafañe

Hace unos años me integré a un grupo de yahoo en el que se daban cita amantes del latín. Profesores, estudiantes, aficionados y curiosos. Fue mi primera experiencia en lo que podemos denominar como vínculos virtuales. Con el correr del tiempo trabé relaciones a la distancia con personas a las que nunca había visto personalmente y que, tal vez, nunca vea en el futuro.
Fue como consecuencia de estos nuevos vínculos que tomé conciencia de que si algo le pasaba a aquél amigo con el que sólo podía mantener contacto vía mail o a través de un foro tal vez no me enteraría nunca. ¿Cómo lo sabría? ¿Quién tendría acceso a sus claves? ¿Quién anunciaría a sus amigos del foro que estaba enfermo o muerto, o simplemente que había decidido su suicidio virtual con un clic en eliminar?
Luego llegó la época de las redes sociales. Durante mucho tiempo me resistí a formar parte de esta bestia de siete cabezas, hasta que finalmente aflojé. Primero con Plaxo y Linkedin, luego con Facebook.
Al principio, cuando aún no formaba parte de esta experiencia de la denominada web 2.0, me azoraba el seguir recibiendo invitaciones de amistad de amigos entrañables que habían muerto recientemente. Ver sus nombres y sus fotos, invitándome a compartir su red social, en mensajes reenviados hasta el cansancio por robots, me causaba un profundo estupor. Así fue con José Manuel, con Luís, con Jerónimo.
Hoy murió un entrañable compañero de ruta. Se llamaba Alfredo. Compartíamos el mismo Rito. Rezábamos al mismo Dios. Ya no recuerdo cuando lo conocí, pero podría aventurar que fue hace casi veinte años. Desde hace un par de meses éramos amigos de Facebook. No pude evitar entrar a su perfil, con la esperanza de que alguien me explicara más acerca de su repentina muerte. No pude evitar mirarlo una vez más en esa foto que lo retrata con sus hijos y leer las salutaciones que recibió para su último cumpleaños.
Por un momento tuve el impulso de dejarle un mensaje, pero inmediatamente me di cuenta que era el impulso atávico de depositar una flor sobre una tumba. Me contuve. De algún modo me resistí, me resisto, a que esta puta y necesaria herramienta termine reemplazando hasta las tumbas.
A mi Querido Hermano Alfredo, al Caballero, al 1º Condestable, adiós. Que en paz descanses. Nos vemos en Jerusalén.

3 comentarios:

  1. Estimado fraternauta Eduardo: En mi nombre y en el de muchos agradezco sus superlativas palabras que constituyen el menor homenaje de un caballero a otro caballero y le solicito su permiso para hacerlas nuestras ( ya que la tristeza, la desolacion y la incompetencia solo nos dejaron imaginarlas). Supimos de su homenaje por un alma que desde España encontro mas que consuelo en su plancha de trazar.

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  2. Somos muchos los que apreciamos y agradecemos tus palabras sobre Harum o Alfredo Villafañe, centinela fiel de la fortaleza de tourniac, peregrino inefable de la esperanza guenoniana; custodio del almade quienes frecuentabamos su baraka...

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  3. La santa perspicacia, la infusa supraconsciencia de mi  hermano y mukadam SIDI HARUM.

    Su Abella


    Alfredo Villafañe "intuyó" virtualmente a la Dama de Elche/Houría.La trató, la amó y casi por primera vez o luego de mucho tiempo, sintió paz y alegría.Le escribió un poema de amor titulado la Dama de Elche .La Dama de Elche , la estatuilla, tiene un hueco en la espalda que la hace urna funeraria. Alfredo y su Dama nunca se vieron frente a frente.El murió y ella, la Dama del Elche/ Houría vino a Argentina a visitar su tumba, a "conocerlo" y a decirle "Estoy aquí".En síntesis, se lo llevó con ella en la espalda.Están juntos y aunque hayan pasado siglos de aquella estatuilla de la Dama del Elche, el rito y mito se actualizó en Alfredo y Houría y Aby Warburg me asiste en mi aseveración.

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