miércoles, 15 de agosto de 2012

Conversaciones en el Claustro III


Las Conversaciones en el Claustro representan el íntimo diálogo entre dos Hermanos que observan la realidad del mundo y de la la francmasonería desde su visión de masones cristianos. Son la secuela de una comunicación profunda entre hombres que conciben al mundo desde la dimensión de la espiritualidad que nos propone la Orden Rectificada sin que tales opiniones resulten excluyentes de otras. Son el punto de encuentro entre la experiencia del que lleva años de profunda meditación y un mundo que nos aparta a pasos  agigantados de nuestra realidad interior y del silencio que reina en lo profundo del verdadero claustro: Nuestra alma inmortal. En las afueras de la ciudad cae la tarde. Como antaño, tras estos muros, los dos hombres caminan, piensan, se expresan en vos alta intentando comprender la profunda doctrina que emana de la Orden Rectificada. Se reconocen como masones y cristianos, hijos de un tiempo turbulento en el que ambas condiciones, la de masón y la de cristiano, han sido puestas a prueba. 



1.      Querido Hermano, en todos estos años en nuestra Orden, he meditado sobre Dios y su presencia en nuestros Rituales. Es por ello que traigo a nuestro diálogo un tema que es frecuente motivo de debate en los círculos masónicos: La cuestión del G.·.A.·.D.·.U.·. el Gran Arquitecto del Universo. Al igual que con otros temas que hemos conversado anteriormente, la idea del G.·.A.·.D.·.U.·. varía de Obediencia en Obediencia. En nuestra Orden está muy claro que hablamos de Dios, pero para algunos masones este Principio podría ser cualquier cosa, dejando que cada cual haga su libre interpretación. Sin embargo, esta expresión parece haber sido, en un principio, una indubitable referencia al Creador o, como se suele decir, al Cosmocrator. ¿Qué nos dice la doctrina rectificada en torno al G.·.A.·.D.·.U.·.?

Para la Orden Rectificada el tema está claro: el Gran Arquitecto del Universo, es Dios, y en particular el Dios Uno y Trino de los cristianos, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, Uno en Tres Personas. En la masonería que denominamos operativa, para la humanidad de esa época, el tema era así mismo sumamente claro, se trataba del Creador, del sumo Hacedor de todas las cosas, el que en el Génesis del Antiguo Testamento aparece como Creador de toda la Creación y que una vez la hubo hecho, vio que era buena. La cosa se complica a partir de la implantación progresiva de lo que se conoce como masonería especulativa, en que el hombre de ese momento, influenciado por el giro tomado por el Renacimiento y sus consecuencias que había desplazado la figura de Dios del centro de su mundo y quehacer diario, sustituyéndolo progresivamente por un humanismo cada vez más acentuado, dejó de poner el acento en Dios para ponerlo en el pensamiento humano. Lo que hasta no hacía mucho había constituido la razón de su existencia, pues todo cuanto hacía estaba orientado a Dios, pasa a ser cuestionado, especulando sobre ello. Quizá el propio nombre de nuestra masonería actual: “masonería especulativa”, nos de la clave al problema que en la actualidad, para algunos masones, este Principio ordenador de todo -que para nosotros es Dios, Gran Arquitecto del Universo-, para ellos esté abierto a múltiples interpretaciones, tantas como la mente humana sea capaz de concebir. Es el tema del progresivo alejamiento del hombre de Dios a que me refería en la primera de nuestras conversaciones.

Para la Orden Rectificada, nacida precisamente como una Reforma de la masonería especulativa, la presencia de Dios, Gran Arquitecto del Universo es una realidad soportada por la fe. Los candidatos, lo primero que hacen cuando entran en la Orden Rectificada es jurar fidelidad a la santa Religión cristiana (que previamente nos hemos asegurado que profesen libremente), y ello lo hacen arrodillados y poniendo su mano derecha desnuda (la que compromete) sobre el Evangelio de San Juan y la espada. “Prometo sobre el Santo Evangelio”, dice el candidato, significando la espada “la fuerza de la fe en la Palabra de la Verdad”, y todos los compromisos que tome en su futura carrera masónica y caballeresca lo hará sobre el mismo Libro. La presencia del Gran Arquitecto del Universo y de Dios, está presente en todo y por todo a lo largo de toda su carrera. Por otro lado, la Regla Masónica, presente como anexo al Ritual de Aprendiz, en su Artículo Primero, comienza recordándole al nuevo Aprendiz Masón, cuales son sus deberes con Dios y la Religión. La tradición y la doctrina cristiana es la base sobre la que se levanta la Orden Rectificada, animándola y dándole vida. Si extraemos el cristianismo del Régimen Escocés Rectificado, entonces tendremos otra cosa, tan poco clara, tan poco definida como el resto de masonerías, que pueden ser tantas como el pensamiento humano guste y sea capaz de concebir. Todos nosotros, para llegar a ser masones Rectificados, hemos de haber sido bautizados antes, anteponiendo nuestra condición de cristianos a la de masones, entendiendo precisamente, que nuestra condición de cristianos da sentido a nuestra condición de masones y no al revés. Para nosotros, la masonería no media entre Dios y el hombre; no actúa como filtro modulador o depurador, sino que nuestra condición de hijos de Dios y hermanos en Cristo, junto a la coherencia con dicha filiación actúa en la construcción de este Templo que los Masones Rectificados levantamos a la Virtud.

Vuelvo a repetir que este contacto directo sin mediación alguna queda reflejado cuando ponemos nuestra mano derecha desguantada sobre el Evangelio, mientras que en otras Obediencias y sistemas masónicos, veremos que el juramento (que no se toma siempre sobre el Evangelio de San Juan) entre la mano y el libro, se pone normalmente la escuadra y el compás masónicos, quedando reflejado, que en dicho compromiso la masonería actúa de mediadora. En nuestro caso, los útiles masónicos simbólicos por excelencia como son la escuadra y el compás –a los que hay que añadir la trulla o paleta- están muy presentes en el altar, pero justo al lado. No se interponen entre la mano y el Evangelio –o Biblia- contrariamente a lo que sucede en todos los otros ritos sin excepción. Se podría deducir de esto, para sacar la lección de esta diferencia que no es anodina sino todo lo contrario de importancia capital, se podría deducir de esto, decíamos, que en los otros Ritos, la Francmasonería es el intermediario entre aquel que se compromete y Dios, que la Francmasonería es el instrumento de este juramento. En el Rito Escocés Rectificado, no. El único intermediario, es la fe de aquel que se compromete, a lo que a propósito de ello la instrucción moral añade, como continuación de la fórmula ya citada, esta precisión totalmente en sintonía con san Pablo: (la fe) “sin la cual, la Ley sola no sabría como conducir al Masón a la verdadera Luz”.

En  nuestro Rito Escocés Rectificado, la Masonería no es la intermediación necesaria que reúne el hombre a Dios; sino que es la consecuencia que resulta de la adhesión íntima previa del hombre a Cristo. Y esto lo cambia todo.

Una aclaración necesaria respecto a la terminología: doctrina rectificada, a que haces mención en tu pregunta. La doctrina rectificada no puede ni debe estar por encima de la doctrina cristiana que le da base y constituye su referente. Es lo que en terminología jurídica se entiende como ley de rango superior y ley de rango inferior; la segunda siempre estará supeditada a la primera y nunca ni en ningún caso puede contraponerse a la misma. La doctrina rectificada no puede nunca interpretarse como contradiciendo la doctrina cristiana, porque sería lo mismo que pidiéramos a alguien que dejara de ser cristiano para llegar a ser masón. Sería un contrasentido, ¿cómo podemos pedirle a aquel, cuyo primer compromiso con la Orden ha sido precisamente, jurar fidelidad a la santa Religión cristiana, que falte a su compromiso? Sería tanto como incitar al perjurio.



2.      Tu respuesta, Querido Hermano, me lleva a plantearte otra confusión que ha sido motivo de mi profunda meditación. Es evidente que en nuestra doctrina Rectificada, el G.·.A.·.D.·.U.·. es Dios, sin lugar a dudas. No se trata de un símbolo sino del propio Padre. Algunos masones reducen este principio a un mero símbolo y señalan que en la Masonería denominada precisamente “simbólica” cada uno de sus arquetipos, denominados justamente “símbolos” puede verse desde distintas perspectivas. Nuestra Orden posee una “Clase Simbólica” conformada por cuatro Grados: Aprendiz, Compañero, Maestro (estos tres comunes a todas las órdenes masónicas) más un cuarto: el de Maestro Escocés de San Andrés. ¿Es el símbolo una mera herramienta para el trabajo intelectual? ¿Hay en nuestro simbolismo un marco trascendente que lo haga instrumento de espiritualidad más allá de la condición especulativa que tan frecuentemente se defiende?

Ni Dios, ni el Evangelio, que para los cristianos es su Libro revelado, son un símbolo. “La Biblia no es un emblema”, dice la Instrucción por Preguntas y Respuestas del grado de Aprendiz del R.E.R. Me viene a la memoria un estudio de nuestro Hermano y amigo Jean-François Var (El Trabajo del Masón Rectificado) que trata precisamente sobre esto. Para los cristianos –dice Var en su trabajo, y yo añado, para los masones Rectificados- la Biblia y el Evangelio que ella contiene, no son un símbolo; son una realidad espiritual plasmada. Para los judíos, la Tora es una presencia física de Dios, es la plasmación de su Palabra. Para nosotros, los cristianos, resulta parecido con la especificidad que esta Palabra, este Verbo de Dios, es la segunda Persona de la Santísima Trinidad. El Evangelio es pues una forma de Encarnación del Verbo; o para hacer las cosas más tangibles, es el Verbo Encarnado, el Cristo, físicamente presente. Desde el punto de vista de la substancia, hay equivalencia absoluta entra la presencia de Cristo en el Evangelio y la presencia de Cristo en la Eucaristía. La manera - o para emplear un término de la escolástica, la forma - difiere, la substancia es idéntica.

Es pues en la unión con Cristo, no solo espiritualmente, sino físicamente, por el contacto de nuestra mano con su Presencia, que contraemos nuestro compromiso. Adhesión que exige y compromiso que sella la “fidelidad a la santa religión cristiana” y a todas las verdades que ella enseña, ocupando el primer lugar entre ellas la Encarnación del Verbo, proclamado - ! y con qué esplendor ¡ - en el Prólogo del Evangelio de San Juan sobre el que tomamos nuestro compromiso.
                            
La masonería especulativa está enferma de su propio nombre. El pensamiento humano, a la luz de si mismo, solo puede llegar a producir monstruos. El intelecto, negando cualquier otra luz que la suya misma, solo lleva a la dispersión –cosa por otro lado absolutamente contraria a la principal aspiración masónica- por la inacabable multiplicidad de ideas que es capaz de generar. Sin el marco referencial que supone la Biblia y el Evangelio –que como bien hemos dicho antes para nada es un símbolo- sin este ordenamiento, podemos entender que todo es simbólico y en consecuencia interpretarlo del mejor modo que creamos.

Para la Orden Rectificada tal cual practicada por el GRAN PRIORATO DE HISPANIA, toda la simbología masónica, útiles y herramientas son estudiados a la luz del Evangelio. El símbolo tiene como finalidad el velarnos una verdad de índole superior, que nuestra mente e intelecto tienen que trabajar reflexionando sobre el mismo para llegar a trascender dicho símbolo y desentrañar la Verdad que oculta. Pero este trabajo tiene que estar iluminado por una Luz de índole superior, porque de lo contrario haremos que el símbolo se convierta en un fin por si mismo, y giraremos alocadamente en torno a su vértice sin control ni mesura. Si hacemos eso, entonces la masonería especulativa queda reducida a eso: un conjunto de meras especulaciones.

Como decía Var en su trabajo del año 1998, los masones estamos consagrados “irrevocablemente” a Dios como Masones, por los trabajos que vamos a operar en tanto tales. No hay aquí nada de especulativo. Hemos de estar en guardia contra lo que se ha convertido en un verdadero “tic” del lenguaje masónico. Los masones hablan mucho sin reflexionar. ¿Cuántas veces habremos oído a un buen número de ellos llenarse la boca con fórmulas tales como: “crear el espacio sagrado”, o “crear el tiempo sagrado”? No es que las nociones de espacio y tiempo sagrados sean falsas en el fondo, puesto que en principio, el Masón de tradición trabaja siempre “a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo”. Pero hay que rendirse a la evidencia. Para la mayor parte de ellos, esta mención no es, por así decirlo, más que una simple fórmula de cumplido. Y de lo que están convencidos (y lo repito, sin tener verdaderamente conciencia de ello, lo que es una circunstancia agravante), es de que por medio de los ritos de obertura de la Logia, los Masones serían capaces, como quien dice, por una fórmula mágica, de crear lo sagrado, o algo de sagrado. He ahí un estado de espíritu extremadamente pernicioso, por no decir sacrílego, y las expresiones que lo traducen son pues a proscribir vigorosa y definitivamente.

Estas expresiones son a proscribir en tanto que ellas están en completa ruptura con la tradición masónica, tradición a la cual el Rito Escocés Rectificado ha permanecido fiel, mientras que otros, poco o mucho se han desviado.

3.      Querido Hermano, tus reflexiones me traen el recuerdo de un discurso del Muy Rev. Cab. Eques ab Orientis Lucis, quien ha expresado que la primera y principal cualidad para entrar en la Orden es la de ser un “hombre de deseo”; deseo, del latín, desiderium, significa caído del cielo, de la estrella, y se aplica al hombre que arde en deseos de volver a él. Debemos pues velar, y no admitir en nuestras filas más que a hombres de deseo.  Puede comprenderse esto como el ferviente anhelo de un retorno al Padre. ¿Podrías ilustrarme acerca de ésta doctrina? ¿Cuál es el sendero, que nos conduce hacia el Padre, según la doctrina Rectificada? ¿Es ésta la Vía Iniciática que nos propone la Orden? Y si es así ¿Qué nos diferencia de la Religión?

Efectivamente, el “hombre de deseo” es aquel que echa a faltar una parte de él y la busca intensamente como urgencia vital sin tener por otro lado en ocasiones una noción clara de lo que está buscando. En este sentido, la Orden Rectificada trata de ayudarlo de la manera que ella sabe hacerlo, mediante la metodología pedagógica que le es propia: sugiriendo, presentándole al candidato ciertos elementos de reflexión, que le sirvan para extraer sus propias conclusiones; orientándolo, pero dejando que sea él mismo quien llegue a descubrirlo. Este “deseo” hace al hombre buscador al que se refieren nuestros rituales como “el hombre que busca”. Es lo que confirma la Instrucción moral del grado de Aprendiz: “En ese estado de oscuridad se os ha conducido a la Logia, habéis sido anunciado en ella por tres golpes como «el hombre que busca», y estos tres golpes os han procurado la entrada.” Esa búsqueda, no obstante, ha de ser orientada ya que la búsqueda sin saber a dónde solo lleva a perderse: “no es nada raro ver a los hombres desear, buscar, y per­severar en sus deseos. A menudo, sólo la curiosidad puede ser el móvil: todos los hombres quieren saber y conocer, y la mayor parte de ellos se hacen ilusiones sobre los motivos de sus búsquedas; se vanaglorian incluso de saber más que aquellos cuyo socorro les sería necesario” como nos continúan diciendo nuestros rituales.
Esa búsqueda, cuya sed ninguna agua puede apagar ni cuya hambre ningún alimento puede saciar, la Orden trata de orientarla hacia Dios, haciendo entender al candidato en la ceremonia de Iniciación, que dicho trabajo no puede hacerlo a ciegas, pues se perdería en la oscuridad, sino que ha de dejarse guiar por alguien, y que todo aquel que pide esa ayuda con fe y pureza de corazón, la recibe: “Pero no habríais podido hacerlos [refiriéndose a unos viajes anteriores] sin un guía seguro y fiel para dirigir vuestros pasos: este guía os ha sido dado, no os abandonará jamás si no le rehuís vos mismo. El Segundo Vigilante ha sido encargado de contaros vívidamente sus funciones en el curso de vuestros viajes”. Así pues, se reclama al candidato confianza en la Orden, y volvemos aquí a la importancia fundamental que la Orden Masónica esté inspirada, para que el candidato no pueda sentirse nunca engañado, en verdades de índole superior –como decíamos anteriormente-, y qué mejores verdades de índole superior que las reveladas en el Libro santo para los cristianos que es el Evangelio. La búsqueda a la que nos estamos refiriendo, siguiendo la tradición cristiana, consiste en ahondar en uno mismo en busca de esa chispa divina que todos llevamos dentro al nacer, y que nos recuerda la grandeza de la condición del hombre antes que se produjera la Caída –que conocemos como pecado original-, y que hacía que el hombre participara del ordenamiento divino y estuviera frente a frente a su Creador, sin sentir pena por ello. Hay en todo esto una doctrina –la doctrina de la Reintegración- que le es propia a la Orden Rectificada y que nuestros fundadores, con Jean-Baptiste Willermoz a la cabeza, elaboraron con una sabia metodología fundamentada en la religión cristiana, enriquecida por el pensamiento de los principales Padres de la Iglesia, que progresivamente nos va adentrando en esa toma de conciencia, y que lleva por un camino teniendo como punto de partida al hombre para conducirlo de nuevo a lo que era su condición primera. Ahora bien, la Orden Rectificada no puede conseguir ese objetivo por si sola, pues está escrito que sólo se puede llegar al Padre por mediación del Hijo, y como sea que la Masonería no es una religión, todo masón Rectificado precisa como todo cristiano de los Sacramentos y la vía sacramental administrada únicamente por la Iglesia, para procurarse la Salvación prometida por la Ley de Gracia. De tal modo, que la Vía Iniciática que la Orden Rectificada nos propone, nos induce, nos conduce y constituye para algunos una poderosa herramienta en ese camino de retorno al Padre del que me hablas, abriéndonos el intelecto respecto a las verdades que envuelven el misterio divino, pero es solamente una ayuda -poderosa si se quiere- pero solamente una ayuda que no serviría para nada si no se tiene fe en Cristo y su Salvación prometida. De ahí la exigencia para todo candidato de su condición de cristiano, y como consecuencia de la fe en Cristo, sin la cual la Iniciación que se propone resultaría inútil.


4.      Muy Querido Hermano, hemos navegado esta tarde en aguas profundas. Pero profunda es la confusión que aprieta el corazón de los hombres. Nos rodean las piedras de este antiguo claustro. Caminamos en él siendo la imagen de la Columna Truncada de la que hablan nuestros Rituales. Decimos de ella que todavía está de pie. ¿Qué mensaje nos encierra esta columna misteriosa? ¿Es acaso su reconstrucción el Sendero que nos retornará a Dios?

Precisamente, la Columna Truncada, es la imagen que damos a nuestros Aprendices para que se identifiquen con ella, juntamente con la divisa: ADHUC STAT. Esa imagen que recoge la columna rota y con sus pedazos por los suelos, mantiene sin embargo su base y parte de su fuste erguidos, recordándole al hombre que todavía le queda la esperanza. Nuestros rituales explican al respecto: “que el hombre está degradado, pero que le quedan medios suficientes para volver a su estado original, y que el Masón debe aprender a utilizar”. Es una llamada, que nos recuerda que si ponemos los medios necesarios, hay lugar todavía para la esperanza y que no está todo perdido. Se trata ciertamente de “un trabajo penoso, que requiere buscar, perseverar y sufrir”, pero para ello contamos “con el socorro de la Orden”.

Decía el obispo de Hipona, Agustín, que buscaba a Dios lejos de él, y sin embargo estaba muy cerca, aunque no acertaba a descubrirlo. Él estaba lejos de sí mismo, no se conocía, y cuanto más buscaba, más se alejaba de sí y de Dios. Es lo que se le recuerda al candidato antes de la ceremonia de Iniciación en nuestras Cámaras de Reflexión: “en esta soledad aparente no creáis estar solo. Absolutamente separado de los otros hombres, penetrad aquí sobre vos mismo, y mirad si hay un ser que esté más cerca de vos que aquél al que le debéis la existencia y la vida”. Queda pues lugar todavía para la fe y la esperanza. Es efectivamente a un trabajo de reconstrucción a lo que se nos invita, simbolizando la base que aún se tiene en pie, que a pesar de su degradación el hombre continúa guardando en su interior y en el fondo de su corazón una chispa divina, recuerdo se esa semejanza con su Creador, que si sabe reavivar puede devolverle el esplendor perdido y volver hacer de esa columna el monumento de bellas proporciones que era en un principio.

Ciertamente como decís, la confusión que acongoja el corazón del hombre es grande, y en momentos de confusión como los que vive el mundo y nuestra sociedad es cuando más se necesita de referentes, y esos referentes, a menudo los buscamos lejos de nosotros, incluso en culturas y tradiciones que nos son ajenas y extrañas, cuando lo que buscamos y necesitamos está mucho más cerca de lo que nos pensamos. La columna está truncada, pero no totalmente rota pues continua manteniendo su base en pie; esa base, con apariencia frágil y endeble, es sobre la cual vamos a llevar a cabo ese trabajo de reconstrucción. Esa base, mínima exigible, es la condición de bautizado que exigimos en todo candidato y que constituye su más firme referente, aunque en ocasiones ni él mismo sea consciente de ello.

Por lo demás, se requiere tiempo y sosiego, como el sosiego que se siente entre estos muros, situados en medio de una gran ciudad pero que nos separan del ruido de la gran urbe y del mundo, invitándonos al silencio y al recogimiento que tanto necesitan estas cosas y asuntos a los que nos estamos refiriendo.

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