Estimado Lector de Temas de Masonería

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martes, 27 de diciembre de 2016

Antecedentes medievales y monásticos de la francmasonería operativa

Acerca de la publicación de una nueva edición de De Templo Salomonis Liber y otros textos de Masonería Medieval. Breves notas sobre mis últimas investigaciones en torno a los monjes constructores y los berrinches de algunos masones descarriados. 

En el año 729, en un lejano lugar de Northumbria, un benedictino llamado Beda observaba cómo un grupo de monjes constructores erigía el monasterio de San Pablo, en la comarca de Jarrow. En el lenguaje medieval, esos monjes constructores recibían el nombre de machiones. El término latino machio se traduce como masón, y se le denominaba de ese modo a causa de las machinas (andamios) que utilizaban para construir los muros. Tal es la etimología de la palabra masón, que puede consultarse tanto en la obra de Isidoro de Sevilla, Etimologiae, como en el Media Latinitatis Lexicon Minus de Niermeyer.

Inspirado por el trabajo de aquellos hombres, Beda decidió escribir un libro en el cual describe la construcción del célebre Templo de Jerusalén. Le dio a su obra el título de De Templo Salomonis Liber, es decir: El Libro acerca del Templo de Salomón. Sin proponérselo, estaba sentando las bases de la simbología que actualmente identifica a la francmasonería.



Nuestro monje inglés, autor de la famosa Historia Eclesiástica Gentis Anglorum, considerado uno de los Padres de la Historia de Inglaterra y Patrono de los Historiadores, era hasta hace un par de décadas un desconocido para la gran mayoría de los masones. Hacia fines de los años noventa, a raíz de la lectura de algunas notas aisladas, comencé a investigar seriamente el conjunto alegórico contenido en los documentos benedictinos medievales.

Cuando en el año 2004 publiqué, por primera, vez mis investigaciones en torno a la relación entre el simbolismo masónico y las alegorías contenidas en los más antiguos documentos y libros pertenecientes a monjes benedictinos, era plenamente consciente de que estaba metiendo el dedo en la llaga. La primera edición de mi libro Ordo laicorum ab monacorum ordine fue publicada por la Academia de Estudios Masónicos de Buenos Aires, de la que fui miembro fundador y primer secretario. La Academia había nacido en el seno de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones y estaba integrada por algunos Hermanos muy destacados, entre ellos Emilio Corbiere y Jorge Paju, ambos en el Oriente Eterno. Es decir que, en ella, convivíamos armoniosamente creyentes y agnósticos. Épocas realmente memorables, porque siendo el R.·.H.·. Paju un confeso ateo fue uno de los principales impulsores de la publicación de mis libros. 

Por aquel entonces —y aún hoy— eran pocos en América Latina los que conocían los trabajos de Paul Naudon, Alec Mellor y otros autores franceses que ya admitían este vínculo entre la masonería operativa medieval y los benedictinos. Sin embargo, nunca se habían deshilvanado con minuciosidad estos documentos, y mucho menos publicado.

El mundo masónico recibió mi libro con cierto escepticismo, especialmente las corrientes racionalistas que eran y siguen siendo mayoritarias en los países latinos. Luego, en la medida en que el libro se abrió paso, dando lugar a nuevas investigaciones y publicaciones, el escepticismo se convirtió en una fuerte resistencia. Para colmo, en 2006 la obra fue publicada en una segunda versión aumentada por Editorial Kier bajo el título “La Masonería y sus orígenes cristianos”, con una difusión mucho más amplia que la de la primera edición.

Finalmente, en el año 2007, las tensiones ocasionadas por estas publicaciones me obligaron a renunciar a la dirección de la revista Símbolo, órgano oficial de la Gran Logia de la Argentina y luego abandonar la propia GLA. Desde entonces mi actividad masónica se desarrolla bajo jurisdicción europea.

Pero mientras esa resistencia crecía, también aumentaba la cantidad de masones que comenzaban a tomarse en serio el cúmulo de documentación que habíamos traducido del latín y cuyas similitudes con la simbología masónica no dejaba lugar a dudas.

Debo decir que todo lo que he publicado con posterioridad, fue consecuencia directa de ese mundo que se abrió ante mis ojos a partir de la lectura de Beda el Venerable, Rabano Mauro, Walafrid Strabón, Teófilo, Honorio de Autum, Willhelm de Hirsau y una pléyade de monjes que constituyen la flor y nata de la Orden de San Benito. En efecto, no se trata de documentos y escritos marginales sino, por el contrario,centrales para la vida y la instrucción de los monjes. Más aún: las evidencias de este vínculo se encuentran en los documentos fundacionales de la gran Reforma Cluniacense y de la de su hermana gemela alemana, la Reforma Hirsaugiense. Muchas de las pruebas irrefutables de la partida de nacimiento del simbolismo masónico se pueden encontrar, precisamente, en las denominadas Constituciones Cluniacenses y las Hirsaugienses, que rigieron, durante siglos, las comunidades de monjes en las abadías y monasterios de la Orden Benedictina.

Este trabajo, llevado a cabo durante años, requirió de una exhaustiva búsqueda de fuentes y de su posterior traducción. Muchos especialistas fueron consultados y conté con el apoyo de Jorge Sanguinetti, que hizo un excelente trabajo, principalmente con los textos de Beda. En ese momento no conocíamos la traducción al inglés Bede: On the Temple realizada por Seán Connolly y la introducción de Jennifer O’Reilly, que hoy está disponible en una publicación de la Universidad de Liverpool.



En 2009 decidí reunir en un libro los textos principales sobre los que habíamos trabajado, especialmente "De Templo Salomonis Liber" de Beda y los opúsculos de Rabano Mauro relativos al arte de la construcción y de la edificación. De igual modo me pareció oportuno ampliar lo que ya había publicado sobre Beda y Wilhelm de Hirsau. El resultado fue la publicación de De Templo Salomonis Liber y otros textos de Masonería Medieval que hoy presentamos en una nueva edición revisada y ampliada.

No podría haber sido más oportuna. Recientemente, Devrig Mollè –con el entusiasta apoyo del Gran Maestre Nicolás Breglia- publicó su obra “La invención de la Francmasonería”, en la que dedica un generoso espacio a fustigar las bases “académicas” de mi investigación, y de paso, a mi persona. Desde luego que yo no soy un académico sino un escritor. Sin embargo, amén de agradecerle a Mollé por la curiosidad que su furiosa crítica despierta entre quienes todavía no me han leído, cabría señalarle que los antecedentes de Beda el Venerable y de Wilhelm de Hirsau han sido incluidos en los programas del Master en Historia de la Masonería (Programas de Postgrado y Desarrollo Profesional – UNED, que fueran inaugurados en el año 2012 con la presencia de los propios reyes de España) y en otras Universidades europeas. Ahora, con la nueva edición de este libro tenemos la ventaja de poder dar acceso a los masones a dichos documentos para que puedan evaluar si deben ser considerados, o no, predecesores de la masonería moderna. En la propia página de la UNED puede leerse respecto de la masonería operativa que: 

Sus precedentes inmediatos hay que situarlos en la edificación de conventos románicos en los siglos XI y XII llevadas a cabo por monjes, primero benedictinos y después cistercienses. El Abad asumía normalmente la responsabilidad de diseñar los planos y de dirigir las obras aunque muy pronto, al lado de los monjes arquitectos aparecieron los a arquitectos laicos. Su fundador fue el Abad Guillermo Von Hirschan, conde palatino de Scheuren (1000-1091) [se refiere a Wilhelm de Hirsau, que justamente es uno de los ejes de mi investigación], quien por primera vez llamó y reunió obreros de todos los oficios para la ampliación y terminación de las obras de la abadía de Hirschan, en calidad de hermanos laicos. Aunque los frailes soportaban el peso principal de los trabajos, para la construcción de los grandes monasterios necesitaron la ayuda de un buen número de obreros y técnicos seglares, y en ocasiones se recurrió a los servicios de especialistas de zonas tan alejadas como Bizancio.

El fragmento se refiere a Wilhelm de Hirsau, que justamente es uno de los ejes de mi investigación. Sería bueno que algún día los masones pudiésemos sentarnos a debatir ideas respecto de los orígenes de nuestra Orden sin descalificaciones ni rencores que ya debieran estar superados.  


En cualquier caso, que Ediciones del Arte Real haya decidido apostar a una nueva edición de De Templo Salomonis Liber (tal vez el más complejo de leer, de todos mis libros) me llena de satisfacción porque completa y agrega al trabajo original de La Masonería y sus orígenes cristianos (Editorial Kier), cuyo planteo sigue vigente a más de doce años de su aparición. 

2 comentarios:

  1. Estimado Señor Callaey: Compré su libro y acabo de terminar de leerlo. Mi pregunta es cómo siendo la masonería cristiana en su origen es ahora tan combatida por la Iglesia? Vi en internet varios libros suyos. ¿Hay alguno que hable de este tema? le agradezco desde ya y lo felicito por la claridad

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  2. Gracias por su apreciación. La próxima vez que comente al menos deje un nombre. Sí, hay un libro en el que hablo del tema: "El otro Imperio Cristiano". Allí encontrará abundantes referencias sobre el tema de la condena de la Iglesia Católica. Saludos

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